El domingo, en DAZN, Sandra Díaz entrevistaba a Mateu Alemany, director de fútbol del Atlético de Madrid, en la previa del derbi. La periodista quiso cerrar el diálogo preguntándole por un comentario de Laporta sobre el culebrón de Julián. Pero Díaz lo hizo con unas medidas preventivas que provocaban perplejidad: “¿Quiere decir algo o pasamos del tema? Porque entiendo su hartazgo”. Por supuesto, la empatía puede ser una virtud, pero que la periodista renuncie, incluso antes de formular la pregunta, a su función profesional es asombroso. Incluso concede al entrevistado la decisión de si la cuestión merece o no ser abordada, un criterio que pertenece al periodista. O se hace la pregunta si se considera pertinente o no se hace si se cree que no es necesaria. Que la insistencia sea cansina no debería eximir del deber de preguntar. A veces el tesón da sus frutos.
En el descanso se produjo un lapsus. Nos informaron de la expulsión en el túnel de vestuarios de Germán Vercellón del Atlético de Madrid y del ayudante de Mourinho, João Tralhão. Unos minutos más tarde, rectificaron. Los expulsados eran Pablo Vercellone, el preparador de porteros del Atleti, y Pedro Machado, otro de los asistentes del técnico madridista. Cero de dos. Al finalizar el partido, los lapsus no cesaron. Sandra Díaz daba paso a la entrevista de su compañero Sergio Quirante a Jan Oblak. La periodista advertía que el portero colchonero había mantenido “otra portería a cero y ya son tres consecutivas”. Teniendo en cuenta el 2 a 1 final, ese preliminar sorprendía a la audiencia. El reportero fue arrastrado por el error. Quirante le comentaba a Oblak: “Una portería a cero más y la sensación de que tenéis tomada la medida al Real Madrid”. El portero, que todavía debía tener el mal cuerpo del gol de Rüdiger, le corrigió: “Has fallado en una. No ha sido portería a cero porque al final nos han marcado un gol”.
Al terminar la entrevista, Quirante ajustó las cuentas con su compañera: “Y Oblak que se marcha, no con la portería a cero, eh… que me has tirado ahí la bomba y me la he comido bien…”. La confusión de uno no exonera el deber del otro de tener claro el resultado final. Pero, aun así, con gran fair play, Sandra Díaz asumía su equivocación: “Totalmente, lapsus mío porque ha sido ese gol de Antonio Rüdiger…”. En el fútbol no solo se equivocan los árbitros. Y en el periodismo no existe el “Tiempo de revisión”.