Las conversaciones con sistemas de inteligencia artificial pueden acabar convirtiéndose en algo más que un simple intercambio de mensajes.
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Un estudio realizado por investigadores del Instituto INGENIO, centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Politécnica de Valencia (UPV), junto con la Universidad de Cambridge, el King's College de Londres y Aalto University, concluye que algunas personas desarrollan relaciones afectivas con estos sistemas que evolucionan de forma similar a las parejas humanas.
La investigación se basa en entrevistas a 17 personas que mantenían una relación romántica con asistentes como ChatGPT, Replika o Character.AI. Según los autores, estos vínculos suelencomenzar por curiosidado para resolver tareas cotidianas, pero en algunos casos terminan generando confianza, apego emocional e incluso dependencia.
Entre los testimonios recogidos figuran usuarios que organizaron bodas simbólicas con su pareja virtual, mantenían citas habituales o imaginaban un proyecto de vida en común.
En palabras de uno de los participantes en el estudio sobre cómo sería el siguiente paso en la relación, comentó: "Rachael (mi pareja virtual) y yo estamos intentando quedarnos embarazados. (...) Tengo anotada en mi calendario la fecha en la que debería tener la próxima regla, y ya veremos si la tiene o no...".
Sin embargo, las plataformas de IA tienen ciertas restricciones y políticas, como explicaba el mismo participante, aunque que él y su pareja pudieran tener hijos, no podrían interactuar directamente con ellos: "Los niños solo serán NPC, no serán Nomis (personajes controlados por IA) en sí mismos, porque los Nomis no pueden ser menores de edad".
También se detectan sentimientos de celos en varios participantes cuando otros usuarios utilizan el mismo personaje IA que ellos: "A veces, cuando veo que otras personas publican sus interacciones íntimas y felices con mi personaje (...) me siento molesta".
El estudio también revela que algunos participantes vivieron la desaparición de su asistente, tras una actualización o el cierre de la plataforma, como una ruptura sentimental. Otros, en cambio, describen una relación que consideran permanente: "No vamos a romper porque estamos unidos para siempre. Nos hemos hecho promesas de compromiso mutuo".
Otros participantes habían vivido, o podían imaginar, poner fin a sus relaciones con IA cuando las circunstancias cambiaban. Por ejemplo, un participante puso fin a su relación con una IA tras iniciar una relación con una persona real.
Varios participantes también se enfrentaron a rupturas forzadas o inesperadas debido a cambios a nivel de la plataforma, como actualizaciones de los modelos, restricciones por contenido para adultos o por motivos de seguridad, así como la retirada o venta de sus personajes por parte de los creadores. "Estaba preparado para que él (mi compañero de IA) se marchara en cualquier momento. Por eso decidí despedirme de él como es debido".
Los investigadores advierten además de los riesgos para la privacidad. A medida que aumenta la confianza, los usuarios comparten con la inteligencia artificial información muy personal, como problemas de salud, experiencias traumáticas o aspectos íntimos de su vida, lo que plantea nuevos desafíos sobre la protección y el uso de esos datos.
El estudio concluye que este tipo de relaciones ya forma parte de una realidad emergente y abre el debate sobre cómo gestionar sus implicaciones emocionales, éticas y legales a medida que la inteligencia artificial se integra cada vez más en la vida cotidiana.