El Oktoberfest es una de las fiestas más conocidas de Alemania, especialmente a nivel internacional, y que se celebra entre mediados de septiembre y principios de octubre, con la ciudad de Múnich como uno de sus centros neurálgicos y donde tuvo su origen a principios del siglo XIX en una boda real.
Uno de los símbolos del Oktoberfest, y que se ha trasladado a la cultura bávara y alemana en general, es el pretzel, que junto con la cerveza es uno de los alimentos más consumidos en esta fiesta no solo en Alemania, sino también en todo el mundo, pero cuyo origen no es tan claro.
Se les puede llamar ‘pretzel’ o ‘brezel’, pero en ambos se hace referencia a un pan con forma de lazo retorcido o brazos entrelazados, según se vea, y es uno de los snacks más populares en Alemania, presente en los principales eventos, como partidos de fútbol, conciertos o mercados navideños, así como el Oktoberfest.
Su origen, sin embargo, parece ser igual de difuso como su nombre oficial, sin un consenso claro entre los historiadores, aunque entre ellos existen algunas conclusiones conjuntas como el hecho que desde la Edad Media se vio como un símbolo de prosperidad y suerte, y que son claras sus connotaciones cristianas, representando sus agujeros a la Santísima Trinidad: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo.
Una de las primeras versiones del origen del pretzel estaría en Italia, en el valle de Aosta, y no en Alemania, entorno al año 610, cuando un monje horneó unas tiras de masa y las dobló luego en forma de cruz como recompensa para los estudiantes que aprendían sus oraciones, de ahí le dio el nombre de ‘pretiola’ que en latín significaba “pequeñas recompensas”.
La segunda teoría es que tendría su origen en una receta inventada por un grupo de panaderos alemanes que estaban desesperados después de haber sido rehenes de las autoridades, y quisieron crear una receta con el nombre ‘brezel’ que significa “pequeños brazos”, del latín ‘bracellae’.
Aunque una de las historias más compartidas sobre el origen del pretzel es la que lo vincula con el siglo XVI y el intento de invasión de los otomanos a la ciudad de Viena, excavando un túnel bajo la muralla y de noche. En ello, los monjes estaban trabajando en la receta de lo que hoy conocemos y es por eso por lo que al alertar a la población de lo que pasaba y que descubrieron al escuchar los ruidos, se les recompensó con un escudo propio de armas en los que varios leones sostienen una galleta salada, y que se puede ver en algunos establecimientos de panaderías en Europa.
Uno de los hechos distintivos del pretzel, además de su forma, es el color de su masa, que se forma después de una serie de pliegues, giros y nudos, que más tarde se disuelven en una mezcla de sosa cáustica y agua, que le da su característico sabor y corteza.
Pero la forma del lazo no es la única que bebe de esa receta, pues en Alemania son populares también los ‘Laugengebäck’, que usan la misma masa y técnica, cambian solo su forma y en algunos casos incluso su sabor, existiendo versiones dulces.
En el caso del pretzel de lazo, hay incluso una versión específica para el Oktoberfest, lo que da claro signo de su importancia en ella, siendo mucho más grande de lo habitual y con una corteza de color marrón claro, además de que su textura se asimila más a la del pan blanco, siendo suave.