Así han revertido algunas ciudades europeas sus niveles de polución

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Por Denis Loktev

Publicado 21/09/2026 - 7:02 CEST•última actualización 8:28

La contaminación atmosférica provocó casi ocho millones de muertes en todo el mundo en 2023, según Breathe Cities, una iniciativa global que combate la contaminación del aire en las ciudades. Se calcula que su impacto en la salud tiene un coste anual de 7,12 billones de euros, alrededor del 6% del PIB mundial.

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"La contaminación sigue siendo invisible para la mayoría de la población", explica a 'Euronews Earth' María Neira, antigua directora de medio ambiente, cambio climático y salud de la Organización Mundial de la Salud. Asegura que las partículas contaminantes llegan a "cualquier órgano" del cuerpo, incluido el cerebro, y contribuyen al deterioro cognitivo y a enfermedades como el párkinson, el alzhéimer y distintos tipos de demencia.

La atleta olímpica Paula Radcliffe, a la que diagnosticaron asma inducida por el ejercicio a los 14 años, dice haber sufrido en primera persona sus efectos. Cuando compitió en un Pekín muy contaminado, sintió "dolores de cabeza, náuseas" y problemas de visión. El aire sucio también afecta al desarrollo cerebral de los niños y a su rendimiento escolar.

Las ciudades actúan contra la contaminación del aire

Breathe Cities trabaja ahora con 16 ciudades de todo el mundo para ampliar el acceso a datos sobre calidad del aire y respaldar políticas de aire limpio. Londres ha reducido en torno a un 40% las muertes vinculadas al aire tóxico desde la implantación de su zona de emisiones ultrabajas (ULEZ) y de otras medidas de aire limpio, según un estudio independiente del Imperial College London.

En Sofía, Bulgaria, el tráfico y la calefacción con leña siguen siendo las dos principales fuentes de contaminación. "En 2023 se nos consideraba una de las ciudades con más muertes atribuibles a la contaminación del aire", explica Kostadin Kostadinov, de la Universidad Médica de Plovdiv.

Tras una demanda colectiva presentada por grupos ecologistas y residentes, Sofía puso en marcha una zona de bajas emisiones que restringe el tráfico y moderniza la calefacción doméstica. "Ya hay pruebas de que está reduciendo la contaminación", afirma Ivaylo Hlebarov, consultor de calidad del aire del Ayuntamiento de Sofía.

Pero la zona solo funciona tres meses al año. "Es una decisión política", señala Hlebarov, que recuerda que la contaminación por dióxido de nitrógeno vinculada al tráfico apenas presenta variaciones estacionales. "Esta zona debería convertirse en una medida aplicada durante todo el año", añade.

Bulgaria registra algunas de las tasas más altas de Europa de enfermedades cardiovasculares, ictus y cáncer, dolencias que, según Kostadinov, están estrechamente relacionadas con la contaminación del aire, aunque la investigación local sigue siendo limitada.

Qué viene ahora para la crisis de contaminación del aire en Europa

La voluntad política, más que la tecnología, es ahora el principal obstáculo, según Neira, que apunta a la resistencia de las industrias de los combustibles fósiles y del transporte mientras las ciudades avanzan hacia las energías renovables y una movilidad sostenible.

Se espera que el cambio climático haga aún más difícil resolver el problema. Breathe Cities prepara ya una segunda fase de su trabajo, con la que ampliará el apoyo a más comunidades sobre la base de las reducciones ya logradas en lugares como Londres, Sofía y otras ciudades participantes.