Natalia Kidd
Buenos Aires, 21 ago (EFE).- Tras casi tres décadas sin producir uranio, Argentina ha vuelto a posar su mirada sobre este estratégico recurso minero, con varias iniciativas que prometen garantizar el autoabastecimiento al país suramericano e, incluso, transformarlo en proveedor a un mundo ávido de minerales críticos.
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Con una cartera de 21 proyectos de minería de uranio, tres centrales nucleares operativas y una millonaria iniciativa para construir un reactor modular, el Gobierno de Javier Milei, que en junio pasado presentó su Plan Nuclear, ha aseverado que el retorno de Argentina a la producción de uranio está entre sus objetivos.
Argentina produjo uranio en la provincia de Mendoza (oeste), en las minas Huemul, entre 1955 y 1975, y Sierra Pintada, entre 1975 y 1997.
Desde entonces, importa uranio para el funcionamiento de sus tres centrales nucleares, que aportan el 7 % de la generación eléctrica del país.
Según datos oficiales, Argentina tiene 34.250 toneladas de recursos identificados de uranio recuperables, aunque las actividades de exploración en curso podrían elevar esa cifra.
"Tenemos recursos razonablemente asegurados para abastecer la demanda interna por 41 años, pero si sumamos los recursos inferidos, tenemos casi 35.000 toneladas, lo que equivale a 140 años de demanda de los tres reactores", dijo a EFE Mario Capello, ingeniero en Minas y exsubsecretario de Desarrollo Minero de Argentina.
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Según Ignacio Celorrio, expresidente de la Cámara Argentina de Empresas de Uranio, "se está dando una recuperación bastante importante del precio del uranio" que vuelve a incentivar la actividad a nivel nacional.
"Muchos de los proyectos que se habían explorado hace tiempo en Argentina empiezan a recobrar un atractivo de desarrollo", dijo a EFE Clorrio, socio del estudio de abogados Martínez de Hoz & Rueda (MHR).
De acuerdo a datos de la Secretaría de Minería, Argentina tiene una cartera de 21 proyectos de uranio, catorce de ellos activos, en las provincias de Chubut, Mendoza, Neuquén, Río Negro, Salta y Santa Cruz.
La mayoría está en manos de la gubernamental Comisión Nacional de Energía Atómica, que tiene planes para reactivar Sierra Pintada (Mendoza) y Cerro Solo (Chubut).
También poseen derechos sobre diversas áreas la argentina Sophia Energy, la británica UrAmerica y Fomicruz, una empresa estatal de la provincia de Santa Cruz, mientras que en las últimas semanas la firma Integra Tierras Raras y la estatal provincial Edhipsa han solicitado permisos de exploración en Río Negro.
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Pero de todos los proyectos, los más avanzados y que ya cuentan con un estudio de evaluación económica preliminar, son Laguna Salada (Chubut), de la minera canadiense Jaguar Uranium, e Ivana-Amarillo Grande (Río Negro), de la canadiense Blue Sky Uranium y el conglomerado argentino Corporación América.
Jaguar, que también quiere reactivar la mina Huemul, contrató hace un mes a Charles Flynn, un general retirado del Ejército estadounidense, como asesor estratégico para las relaciones con la Casa Blanca, con el objetivo de que sus proyectos de uranio en Argentina y Colombia sean reconocidos como "fundamentales" para las prioridades de Estados Unidos en cuanto a "minerales críticos y seguridad nacional".
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Aunque el uranio tiene varias aplicaciones, su principal uso es como combustible de reactores nucleares para generar electricidad, algo que experimenta un "renovado interés por la transición y la seguridad energética", observó Andrés Villarreal, socio especialista en minería de MHR.
"Además de producir uranio para el abastecimiento local y la exportación, también existe la posibilidad de hacer algún tipo industrialización del mineral de uranio, previo a la exportación. Esas son las posibilidades fomentadas ahora por el Plan Nuclear de Argentina", dijo a EFE Villarreal.
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Una fuente adicional de demanda interna podría venir de la mano del proyecto que la empresa Meitner Energy, de capitales argentinos y estadounidenses, anunció en julio pasado para construir un reactor nuclear modular en Argentina, con una inversión de 1.200 millones de dólares. EFE
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