Año Nuevo en Marte: el planeta rojo inició su ciclo 39 tras completar una vuelta al Sol

calendar_today 02.10.2026 - person  - timer ~7 Minutos

El año 39 de Marte arrancó con el equinoccio norte, la primavera boreal inicia un ciclo orbital de 687 días terrestres y 668 soles en total - NASA

El año 39 de Marte arrancó con el equinoccio norte, la primavera boreal inicia un ciclo orbital de 687 días terrestres y 668 soles en total - NASA

Esta semana, Marte comenzó su año 39. El cambio se produjo el 30 de septiembre a las 8:16 GMT (5:16 hora argentina). En ese momento, el planeta inició un nuevo recorrido alrededor del Sol, una vuelta que dura cerca de 687 días terrestres.

La fecha coincide con el equinoccio del hemisferio norte marciano, el punto que establece el comienzo de la primavera en esa mitad del planeta y del otoño en el hemisferio sur.

PUBLICIDAD

La efeméride responde a una convención científica. Marte no cuenta con un calendario social ni con celebraciones propias, pero sus ciclos astronómicos permiten fijar una referencia compartida para misiones, investigadores y observatorios.

La numeración actual comenzó en 1955, cuando el primer año de esta escala coincidió con una tormenta global de polvo conocida como “la gran tormenta de polvo de 1956”.

El paso de un año a otro expresa una diferencia central entre ambos mundos. La Tierra tarda 365 días en completar su órbita, mientras que un año marciano equivale a 687 días terrestres o 668 soles. Un sol es la unidad que usan los equipos científicos para medir la jornada local y corresponde a una rotación completa de Marte sobre su eje.

PUBLICIDAD

Un sol dura 24 horas y 39 minutos, esa diferencia con la Tierra organiza las tareas diarias de los vehículos de exploración en Marte
(NASA/JPL-Caltech/ASU/MSSS via AP)
Un sol dura 24 horas y 39 minutos, esa diferencia con la Tierra organiza las tareas diarias de los vehículos de exploración en Marte (NASA/JPL-Caltech/ASU/MSSS via AP)

Su duración se acerca mucho a la terrestre, aunque no coincide con ella. Un sol dura 24 horas y 39 minutos. La diferencia parece reducida, pero adquiere relevancia para los vehículos que trabajan en la superficie, porque sus rutinas de comunicación, descanso, observación y uso de energía dependen del horario marciano. Para sus operadores en la Tierra, esa brecha diaria exige adaptar los cronogramas de cada misión.

El nuevo año no solo ordena el tiempo de un planeta. También abre una etapa de cambios ambientales vinculados con la posición de Marte en su trayectoria alrededor del Sol. Las horas de luz, la temperatura, la circulación del aire y el polvo de la superficie cambian a lo largo del ciclo, con efectos sobre las herramientas que examinan el terreno desde hace años.

PUBLICIDAD

La elección del 30 de septiembre como Año Nuevo marciano parte de un criterio humano, pero se apoya en un fenómeno astronómico concreto. Durante el equinoccio norte, el Sol ilumina de forma más equilibrada ambos hemisferios. A partir de entonces, el norte recibe cada vez más luz y comienza su primavera; al sur le corresponde el otoño.

La órbita elíptica de Marte hace que sus cuatro estaciones tengan duraciones diferentes, el verano y el invierno no ocupan el mismo tiempo - NASA
Tras una década de búsqueda, la misión MAVEN (Mars Atmosphere Volatile Evolution) de la NASA ha observado directamente por primera vez un elusivo proceso de escape atmosférico en Marte.
POLITICA INVESTIGACIÓN Y TECNOLOGÍA
NASA
La órbita elíptica de Marte hace que sus cuatro estaciones tengan duraciones diferentes, el verano y el invierno no ocupan el mismo tiempo - NASA Tras una década de búsqueda, la misión MAVEN (Mars Atmosphere Volatile Evolution) de la NASA ha observado directamente por primera vez un elusivo proceso de escape atmosférico en Marte. POLITICA INVESTIGACIÓN Y TECNOLOGÍA NASA

La Agencia Espacial Europea (ESA) resume el esquema general de ese calendario: “Al igual que la Tierra, Marte tiene cuatro estaciones: invierno, primavera, verano y otoño”. La semejanza, sin embargo, termina pronto. El reparto de esas estaciones no sigue el ritmo relativamente regular que caracteriza a la Tierra.

PUBLICIDAD

“A diferencia de las estaciones terrestres, las marcianas no tienen la misma duración debido a la órbita más elíptica de Marte. La inclinación axial del planeta provoca que el hemisferio norte reciba más luz solar durante el verano boreal y el hemisferio sur durante el invierno boreal”, sostuvo la ESA.

La clave está en dos rasgos. Marte tiene una inclinación de su eje, como la Tierra, y ese ángulo determina cuál hemisferio queda más expuesto a la radiación solar durante cada parte de su recorrido. El invierno y el verano llegan cuando los hemisferios norte y sur se inclinan de forma alternada hacia el Sol o en sentido opuesto.

PUBLICIDAD

A esa inclinación se suma una órbita más elíptica. La distancia entre Marte y el Sol cambia con mayor intensidad durante el año marciano que la distancia entre la Tierra y su estrella a lo largo del año terrestre. Por eso, el planeta no avanza a una velocidad uniforme en todos los tramos de su órbita y las estaciones tienen extensiones diferentes.

La misión ESCAPADE de NASA: dos satélites explorarán cómo Marte perdió su atmósfera
El equinoccio del hemisferio norte marca el Año Nuevo marciano, mientras el sur entra en otoño y ambos hemisferios reciben luz similar (NASA’s Goddard Space Flight Center)

Esa asimetría define contrastes entre los dos hemisferios. Cuando el norte vive su verano, recibe más luz solar; cuando llega el invierno boreal, el sur recibe una exposición más marcada. El resultado no equivale a cuatro segmentos idénticos de 167 soles. Cada estación ocupa una porción distinta del calendario y establece condiciones particulares para la atmósfera y la superficie.

PUBLICIDAD

Para una persona que use esa escala como juego de comparación, la edad marciana ofrece otro contraste. La equivalencia surge de dividir la edad terrestre por 1,88, ya que el año del planeta rojo casi duplica la duración del año en la Tierra. Una persona de 37 años terrestres, por ejemplo, tendría cerca de 20 años marcianos. La cuenta ilustra la diferencia entre dos relojes planetarios que comparten el mismo Sol, pero siguen órbitas y ritmos propios.

Las estaciones también ordenan el trabajo científico. Las cámaras, sensores y estaciones meteorológicas instaladas en la superficie registran variaciones de temperatura, opacidad del cielo, presión y viento. Cada dato permite relacionar los cambios diarios con el tramo del año en que se encuentra el planeta.

PUBLICIDAD

La cercanía de Marte al Sol eleva el calor de la atmósfera, los vientos levantan polvo fino y pueden formar tormentas de escala planetaria - NASA
La cercanía de Marte al Sol eleva el calor de la atmósfera, los vientos levantan polvo fino y pueden formar tormentas de escala planetaria - NASA

El avance del año trae uno de los fenómenos que más define la meteorología de Marte: el polvo. En la segunda mitad del ciclo orbital, el planeta se acerca al Sol y su atmósfera recibe más calor. Los vientos pueden levantar partículas finas del regolito, la capa de materiales sueltos que cubre buena parte de la superficie.

El proceso puede amplificarse. “Una vez en el aire, estas partículas parduscas se calientan y redistribuyen parte de ese calor a la atmósfera circundante. Este proceso puede levantar rápidamente grandes cantidades de polvo”, declaró la ESA. Las tormentas resultantes pueden abarcar áreas extensas y, en algunos períodos, alcanzar una escala planetaria.

PUBLICIDAD

Las tormentas de polvo pueden cubrir todo el planeta y dificultar la observación desde la superficie o desde la órbita. Para las misiones robóticas, la acumulación de polvo sobre paneles solares reduce la energía disponible. Además, el material suspendido modifica la luz que llega al suelo y altera las mediciones que realizan los instrumentos meteorológicos.

Las noches de invierno en Marte pueden alcanzar menos 110 grados, un contraste térmico que condiciona el trabajo de instrumentos y rovers - NASA
Las noches de invierno en Marte pueden alcanzar menos 110 grados, un contraste térmico que condiciona el trabajo de instrumentos y rovers - NASA

Las temperaturas suman otro desafío. Durante el mediodía de una jornada de verano, el aire puede alcanzar 0 °C (32 °F). Sin embargo, el termómetro puede descender hasta −60 °C (−76 °F) durante la noche. En el invierno, los registros nocturnos pueden caer hasta −110 °C (−166 °F). Esas diferencias responden, entre otros factores, a una atmósfera mucho menos densa que la terrestre, con menor capacidad para conservar el calor.

La amplitud térmica condiciona cada operación sobre el terreno. Los instrumentos y vehículos deben funcionar en un ambiente donde el ciclo entre luz y oscuridad modifica de manera rápida la disponibilidad de temperatura y energía. Las estaciones, por tanto, no son solo una referencia de calendario: definen el marco físico de las actividades científicas.

Entre los fenómenos atmosféricos conocidos figura la Nube Alargada de Arsia Mons, una formación de cristales de hielo que puede alcanzar 1.800 kilómetros de longitud. Su aparición muestra que, además de las tormentas de polvo, la atmósfera marciana produce nubes asociadas a la topografía y a las variaciones estacionales. Arsia Mons forma parte de una región volcánica elevada, donde el aire puede enfriarse hasta permitir la condensación de hielo.

Rover robótico complejo, blanco y gris, sobre la superficie rocosa y marrón rojiza de Marte. Colinas bajas en el horizonte bajo un cielo anaranjado pálido
Perseverance y Curiosity envían imágenes frecuentes desde la superficie, sus datos permiten seguir el clima local durante el año marciano (NASa JPL Caltech MSSS)

La vigilancia cotidiana de esos procesos recae en gran medida sobre Perseverance y Curiosity, los vehículos de seis ruedas de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA). Ambos envían imágenes de forma frecuente y aportan registros de las condiciones locales. Sus observaciones ofrecen una mirada directa sobre el comienzo de este nuevo ciclo, aunque cada rover opera en una zona distinta del planeta.

Perseverance examina el cráter Jezero y Curiosity trabaja en el cráter Gale. Sus imágenes permiten observar el cielo, el suelo y las huellas de la actividad atmosférica. Junto con los datos orbitales, esos registros ayudan a seguir el desarrollo de la primavera boreal, el cambio posterior hacia el verano y la evolución de la temporada de polvo durante el año 39.