La reciente denuncia pública del presidente Gustavo Petro sobre un presunto fraude electoral en los comicios de 2026 generó respuestas desde distintos sectores. En particular, desde el análisis de datos surgieron explicaciones para rebatir la conclusión de Petro sobre un supuesto fraude a partir de un “patrón matemático” que, según su denuncia, habría beneficiado a Abelardo de la Espriella.
Según el mandatario saliente, “este fenómeno se puede dar en 82 puestos de votación según la estadística, pero no en 1.350 puestos de votación. Hay un patrón matemático en la votación y no un comportamiento humano”, dijo.
La explicación que se usó en el video que publicó Petro apuntó a que, en algunos puestos de votación, sucedió que “si hay 20 mesas en el puesto de votación, de la uno a la diez gana Velardo. De la 11 a la 20 gana Cepeda. Como raro. Entonces, ahí es donde viene la probabilidad”.
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El analista que figuró en el clip indicó que “hay formas de cuadrar la probabilidad para encontrar, para ser más exigente en los hallazgos. Y entonces, según la probabilidad, este fenómeno, se puede dar, pero naturalmente, al azar, solamente se daría en 80, 82 puestos de votación”.

Wilson Ruíz, consultor en Datos y Decisiones Públicas, que además es politólogo con una consolidada experiencia profesional en análisis de datos aplicados a procesos políticos, institucionales y electorales, publicó un hilo en el que aclaró la controversia y cuestionó la validez de los argumentos difundidos en redes sociales, a la vez que consideró que el mandatario “está mal asesorado”.
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Ruiz explicó que la supuesta anomalía en los patrones de votación, en la que en un mismo puesto las primeras mesas favorecen a un candidato y las últimas a otro, tiene una razón técnica ligada al diseño del sistema electoral.
“La Registraduría no reparte a la gente entre las mesas al azar. Reparte por número de cédula, en orden. Los números más bajos en las primeras mesas, los más altos en las últimas”, señaló Ruiz mientras explicó que el número de cédula corresponde, en la mayoría de casos, al orden en que la persona nació.
Según el profesional, este diseño provoca que las primeras mesas estén compuestas por personas mayores, mientras que las últimas agrupan a los más jóvenes. “Las primeras mesas del país son 2% jóvenes y 65% mayores de 56. Las últimas son 72% jóvenes”.
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En ese mismo sentir, agregó que existen diferencias notorias en la distribución por género, debido a que las cédulas de las mujeres arrancaron en un rango diferente.

Ruiz insistió en que el fenómeno observado en las recientes elecciones “no es una operación oculta, es lo que tenía que pasar”, y aportó datos para respaldar su argumento: “Cepeda sacó cerca del 60% entre los votantes de 18 a 25… y como el 7% entre los mayores de 61. Abelardo, al revés: 23% entre los jóvenes, 79% entre los mayores”.
De tal manera, el politólogo señaló que aplicar la llamada “prueba de rachas” para detectar fraude, como sugieren algunos analistas, resulta inapropiado en este contexto.
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“El problema es que acá el mazo nunca estuvo barajado. Viene ordenado de fábrica, por cédula. Aplicar esa prueba a las mesas de un puesto es como sorprenderse de que en un salón de clase los estudiantes estén sentados por orden de lista”.
Ruiz presentó evidencia de que el patrón es constante desde elecciones anteriores, incluso en 2022, cuando ganó Petro. “Si esto probara que hubo fraude, probaría que también lo hubo cuando ganamos”, afirmó.
Además, demostró que el mismo comportamiento se da al analizar la edad de los votantes registrados por mesa: “La edad de los votantes llega en bloques en 96 de cada 100 puestos. Nadie falsifica la fecha de nacimiento. El bloque ya venía en la lista, antes de que se contara un solo voto”.
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Así, Ruíz recomendó enfocar la búsqueda de posibles irregularidades en la comparación de formularios y registros oficiales: “Si uno quiere buscar fraude en serio, ¿dónde se busca? En los formularios. En comparar el E-14 que firman los jurados contra lo que quedó registrado. Eso es lo que hacen los testigos electorales y para eso existe el escrutinio”.

Ruiz concluyó que la distribución de los votos por mesa responde a un diseño estructural y no a una manipulación fraudulenta del proceso: “Un indicador que marca ‘imposible’ en el 96% de los puestos, en las tres últimas elecciones, y también sobre las fechas de nacimiento, no sirve para decir que una de esas elecciones fue robada. No distingue nada”.
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Felipe Campos, gerente de Inversión y Estrategia Alianza Valores y Fiduciaria, también aclaró en sus redes sociales que ese patrón denunciado es “imposible”, incluso con el ejemplo de las elecciones de 2022: “Ese patrón que usted dice que es imposible ya estaba ahí. Miré 645 puestos grandes y ordené sus mesas de la primera a la última. En la mesa 1, Petro sacaba 39%. En la mesa 30, 63%. En el mismo colegio, el mismo día, con la misma gente contando”.

El experto aseguró que, en su análisis, “le corrí a 2022 exactamente el mismo test de rachas que usted está usando, con el mismo umbral de z < -2. Resultado: 1.329 puestos anómalos. Usted reporta 1.350″.
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Campos aseguró que, sin importar “quién gane” el análisis “seguirá dando anomalía siempre, porque nadie le contó a los 75.000 estadisticos suyos que las mesas no están ordenadas al azar: están ordenadas por cédula”.