Carlos de Tomaso: Ana María y el terremoto | Columnistas | Opinión

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25 de agosto, 2026 - 07h00

No conozco a Ana María, pero la historia de ella y su familia me impactó profundamente. Ella es una trilliza junto con sus hermanas Isabella y Sofía.

Ana María lo perdió todo en el terremoto que golpeó el occidente de Colombia el pasado 10 de agosto: perdió a sus padres, a su tío y a sus dos hermanas, quedando como la única sobreviviente de su núcleo familiar, sin perjuicio además de que perdió su casa.

Las trillizas –según los testimonios de los familiares– eran inseparables, tanto que estudiaron la misma carrera para no tener que separarse en la universidad.

Cómo no quedar impactado con esta que es una de las historias del terremoto en Colombia.

Ana María se salva por una puerta que impide que le caigan escombros encima; no alcanzó a empezar a bajar por las escaleras del edificio; escaleras donde murieron algunos miembros de su familia. El edificio se desmoronó en instantes; a Ana María la rescataron sus vecinos debajo de la puerta milagrosa que salvó su vida.

Experiencias como las de Venezuela y Colombia nos traen muchos temas a la mesa.

Vivimos en una zona sísmica. Según los entendidos, el Ecuador se ubica sobre el cinturón de fuego del Pacífico y experimenta sismos, principalmente debido a la interacción de la placa de Nazca, que se hunde bajo la placa sudamericana frente a la costa. La historia marca que en 1906 se produjo el segundo terremoto más fuerte de la historia, con una magnitud de 8,8 que tuvo su epicentro en el océano Pacífico, frente a la frontera entre Ecuador y Colombia, dejando entre 500 y 1.500 muertos, siendo Esmeraldas una de las zonas más afectadas, incluso por la destrucción que se produjo por el tsunami que siguió al terremoto.

En Ecuador constitucionalmente el manejo de desastres es competencia exclusiva del Estado central, debiendo entre otras obligaciones dotar de alimentos a las poblaciones víctimas de desastres naturales.

Consta en la Constitución expresamente que el Estado protegerá a las personas, las colectividades y la naturaleza frente a los efectos negativos de los desastres de origen natural o antrópico mediante la prevención ante el riesgo, la mitigación de desastres, la recuperación y mejoramiento de las condiciones sociales, económicas y ambientales, con el objetivo de minimizar la condición de vulnerabilidad. Pero también debe decirse que la misma Constitución establece que el sistema nacional de gestión de riesgo es descentralizado, por lo que está compuesto por las unidades de gestión de riesgo de todas las instituciones públicas y privadas en los ámbitos local, regional y nacional, por lo que también tienen responsabilidades los municipios y prefecturas. Hay rectoría nacional con responsabilidades locales.

Ante los desastres hay que estar preparados; caso contrario, la situación sobrepasa rápidamente las capacidades estatales.

Que la historia de Ana María no se repita. Y a ella –a quien me gustaría conocer–, toda la fuerza y bendiciones en su vida. Dios le mostrará el camino de la resiliencia.

Ánimo a todos los hermanos colombianos que han sufrido en este evento sísmico. (O)