Alexandre Kalache, médico y gerontólogo: “Es un horror crear guetos urbanos para las personas mayores”

calendar_today 19.08.2026 - person  - timer ~18 Minutos

Alexandre Kalache

Alexandre Kalache, médico y gerontólogo brasileño, de larga experiencia internacional en la nueva longevidad

“Todavía no hemos adaptado nuestro reloj mental para ese cambio tan fundamental que se dará a nivel de la estructura urbana”, dice Alexandre Kalache en esta charla con Infobae, en una pausa del Seminario Internacional Intensivo sobre “Envejecimiento poblacional y agenda urbana”, organizado por el Consejo Económico y Social de Buenos Aires (CESBA).

Durante dos días, especialistas de diferentes campos analizaron y actualizaron el conocimiento sobre el envejecimiento poblacional y sus implicancias demográficas y sociales, y las políticas públicas que de ello derivan.

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Alexandre Kalache preside el Centro Internacional de Longevidad Brasil (ILC-BR) y es codirector de la Age Friendly Foundation. Recibido de médico en su país en los 70, hizo luego su doctorado en epidemiología de la Universidad de Oxford. Fundó la Unidad de Epidemiología del Envejecimiento de la Universidad de Londres y creó el primer Máster en Promoción de la Salud de Europa.

También fue funcionario de la Organización Mundial de la Salud (OMS), donde dirigió el Departamento de Envejecimiento y Curso de Vida, y publicó, en 2002, el Marco Político para el Envejecimiento Activo y, en 2005, la iniciativa Ciudades Mayores Amigables.

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Considera muy necesario combatir el edadismo y la “pandemia de la soledad no deseada”.

En referencia a su coetáneo Lula da Silva, dice: “Si él se siente con derecho a competir por el cargo más alto del país a los 80, tú deberías también tener el derecho, a los 60, 70 ó 75, de seguir trabajando”.

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— Usted se especializa en la problemática de la adaptación del ambiente urbano al cambio demográfico. ¿Qué aspectos debería tener en cuenta la administración de una ciudad en primer lugar?

— Nuestras ciudades fueron creadas para una población joven. Pero cambian las necesidades con el cambio demográfico. No estoy hablando solamente del aspecto físico, sino de ciudadanía, de acceso a educación, al trabajo, a la movilidad urbana, al entretenimiento. Hay que cambiar todo eso porque estamos viviendo una revolución de la longevidad. Es todo novedoso. Entonces, es necesario tener indicadores para evaluar los cambios que se vayan haciendo en ciudades que además no tienen los recursos de Oslo o Copenhague o París o Tokio. Pero es necesario estar preparados para un cambio de la estructura demográfica que será mucho más rápido que nuestras acciones. Por otro lado, luchamos contra algo que antes no había, que es el edadismo. Porque no hemos adaptado nuestro reloj mental para ese cambio tan fundamental que se dará a nivel de la estructura urbana.

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Alexandre Kalache
“Estamos viviendo una revolcuión de la longevidad”

— Cuando dice que antes no existía el edadismo, ¿se refiere a que la gente era más amable con las personas mayores, a que había más integración, más familia extendida? ¿Por qué dice que es algo nuevo?

— Edadismo siempre hubo, pero no al nivel que tenemos hoy. Cuando yo era un niño, 4 ó 5 por ciento de la población de Brasil tenía más de 60 años. Estaban integrados, vivían en familias extendidas. No hacía falta alguien que cuidara, entre otras cosas porque las mujeres estaban disponibles. No habían ingresado a la fuerza remunerada de trabajo. Cuidaban porque era lo normal. Todavía era una estructura muy patriarcal, con las mujeres con mucho menos libertad y un nivel educacional más bajo. Entonces había decenas de mujeres disponibles en la familia.

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— Para cuidar.

— Sí, y para un número muy reducido de adultos mayores. Entonces, el edadismo, si lo había, era relativo. Además, todavía veníamos de una sociedad más tradicional en la que la vejez era equivalente al saber. Y la experiencia acumulada de vida tenía relevancia. Hoy, con la revolución demográfica, tenemos tres tendencias importantes. Cada vez más personas mayores. Cada vez menos mujeres disponibles en la familia para cuidar. Y un abismo de culturas y de valores muy grande.

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— ¿En qué se refleja eso?

— A las generaciones más jóvenes les cuesta mucho entender a los mayores. No tienen la familiaridad que yo tenía cuando niño, porque estaba rodeado de personas mayores de mi familia todo el tiempo. Ahora está esta dificultad de encajar… Yo estoy hablando un idioma y tú que tienes 18 años estás hablando otro totalmente diferente. Es necesario romper esas barreras intergeneracionales de ambos lados, generar más oportunidades de los jóvenes con las personas mayores, pero también depende de mí, de mi actitud como persona mayor. Dependerá de mí no poner una barrera.

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— Para esta nueva longevidad que puede durar unos 30 años, ¿qué habría que promover? ¿La cohabitación entre adultos mayores o la familia ampliada?

— ¿Has estado en Florida?

— No.

— No hay nada más triste.

— ¿Se refiere a los condominios para adultos mayores?

— Sí, porque cuando a los 60 años tomas la decisión de ir a un condominio, no te das cuenta de que veinte años después tendrás ochenta y también tus vecinos. Es una decisión que parece muy buena cuando se la toma, pero la vida es dinámica. Yo he tenido el privilegio de trabajar en ese sector por más de cinco décadas y como director del Departamento de Envejecimiento y Curso de Vida de la OMS, y antes, cuando estaba en el sector académico en el Reino Unido, he viajado mucho. He visto el proceso de deterioro de comunidades, de guetos, en Australia, Nueva Zelanda, Florida, Inglaterra, porque hay pérdidas de salud, de independencia, y tú tomas una decisión esperando que te mantendrás como estás hoy dentro de veinte, treinta años.

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Alexandre Kalache
En base a su experiencia internacional, Kalache se opone a los condominios para retirados porque a la larga promueven soledad y aislamiento

— De modo que tiene una visión negativa de estos condominios.

— Yo soy profesor de la Escuela de Salud Pública de Granada, muy cerca de la costa mediterránea. Hay comunidades de personas de Escandinavia, de Alemania, ingleses, franceses, etcétera. Se instalan ahí cuando se jubilan. Todo parece muy bien. Tienes una pareja, estás muy bien cinco años, diez años, el clima es agradable, la comida excepcional, el vino barato. Pero diez años después, tú o tu pareja tienen algún problema de salud, o tu pareja se muere, tú te encuentras solo, no tienes capital social, porque ni el idioma local has aprendido. Otros del grupo inicial se fueron, regresaron a su país o murieron, y te das cuenta de que uno de los desafíos más serios del proceso de envejecimiento es la soledad, la pandemia de la soledad.

— La soledad no deseada.

— La soledad. Y la soledad no es solitude, no es una decisión que tú tomas porque quieres aprender o estás en un proceso de auto-reflexión. No, es la soledad que no has elegido.

[N. de la R: En portugués hay dos palabras distintas para referirse a la soledad: solidão y solitude. Solidão tiene una connotación más bien negativa, es la soledad no deseada, mientras que solitude es un estado voluntario una decisión incluso gratificante].

— ¿Qué propondría usted? ¿Que el Estado sostenga a las familias para que el adulto mayor permanezca en el hogar? ¿Crear otro tipo de instituciones para la convivencia intergeneracional? ¿Cuál sería la alternativa para evitar el aislamiento?

— No hay una receta única. Es importante tenerlo en cuenta, porque lo que sirve a unos puede no ser la opción de otros. Hay que evaluar muy bien las consecuencias a mediano plazo. Nuestras sociedades tienen un vínculo afectivo familiar más estrecho del que se supone tienen en Alemania o en los países escandinavos. Hay que experimentar diferentes modelos y escuchar siempre lo que quieren las personas mayores.

— Darles la palabra.

— Ese es el indicador más importante, porque si las políticas vienen desde arriba pueden ser rechazadas. Quiero opinar sobre mi futuro. Pero sabiendo que tampoco tú tienes control sobre tu futuro. Nunca sabes hasta cuándo tendrás salud, autonomía, independencia.

— ¿Podemos hablar ya de una cuarta edad? Habrá cada vez más nonagenarios y centenarios, pero tendrán casi todos alguna que otra dependencia.

— El problema es que algunos ya llegan mal a los 60 o 70. Y eso es función de la desigualdad social, porque no hay una vejez, sino varias. Los adultos mayores son un grupo muy diverso. Un grupo de adolescentes es más homogéneo que un grupo de personas de 70 u 80 años, que han tenido siete u ocho décadas para diferenciarse, desarrollar gustos o preferencias.

— Es cierto.

— Entonces, todo el esfuerzo que pueda generar intergeneracionalidad es bienvenido. Poder mezclarse. Lo que para mí es un horror es crear guetos urbanos donde meter a las personas mayores, porque veinte años después estarán mucho más mayores, con necesidades de salud, pero también de participación.

Alexandre Kalache
“Todo el esfuerzo que pueda generar intergeneracionalidad es bienvenido”, dice Alexander Kalache

— El tema es llegar bien a edad avanzada, lo que no es sencillo.

— Hay aspectos fundamentales para llegar bien a los cien. La salud, indiscutiblemente. Pero la salud es creada en el contexto del día a día: dónde vives, cómo vives, cómo te movilizas por ciudades tan grandes como Buenos Aires, São Paulo, Río. La movilidad urbana es esencial. El entretenimiento, que la cultura sea también pensada para personas mayores. Todavía las películas, el teatro, las exposiciones, están mirando a los más jóvenes. La cultura también genera salud. Hay un estudio reciente, que dice que ir a un museo, participar de eventos culturales, puede generar salud en el mismo grado que practicar actividad física. Por las dopaminas, el estímulo, todo aquello que está pasando en tu cerebro. Entonces, hay que hacer que las opciones más saludables sean también más baratas, más accesibles, que no sean para una elite.

— ¿Existe el riesgo de que los avances en salud, en tratamientos antiedad y cuidados ahonden la brecha social superponiéndole una brecha biológica?

— Es terrible. Los billonarios americanos que, como Bryan Johnson, se someten a un estilo de vida que… ¿eso es vivir?, esa obsesión, esa vanidad. Querría saber si este señor les preguntó a las personas con las que convive si quieren realmente que él llegue a los 140. ¿Te gustaría estar casada con un hombre que duerme siete horas y trece minutos? No puede ser siete y catorce. Que cuenta el número de calorías y toma doscientas pastillas por día. Es una vanidad extrema. Esta industria antienvejecimiento te promete cosas que…

— Que no son ciertas.

— Hay charlatanes de todo tipo. Si preguntas ¿quieres llegar a los 85 bien o prefieres llegar a los 95 dependiente?, creo que la respuesta es muy clara para la mayoría de las personas. Y para estar bien es necesario salud, educación y aprendizaje a lo largo de la vida. La tecnología no te dará descanso. Es necesario estar haciendo siempre un esfuerzo por adaptarse a nuevas tecnologías, pero amparado por políticas públicas que te permitan aprender desde la niñez hasta la vejez. Otro eje fundamental es el derecho a participar de la sociedad. No es un favor que te están haciendo; tenemos el derecho de aprender, trabajar, divertirnos, pasear, hacer cosas que valoramos. Algo que parece banal: el turismo. En España el Instituto de Servicios Sociales de Personas Mayores promueve el turismo para los que no tienen recursos. Son más de un millón seiscientos mil viajes sociales que benefician también a los destinos turísticos que fuera de temporada están cerrados.

— Un doble beneficio.

— Para la persona, que pasea, se divierte, conoce otros sitios, y para la economía local, porque antes, en el invierno, hoteles, tiendas de souvenir, restaurantes, todo se cerraba y ahora se mantienen empleos, hay ganancia, toda la economía local se está valorizando. En síntesis, es necesario tener políticas que puedan integrar a las personas mayores, no tornarlas invisibles. Y luchar contra el edadismo.

— ¿Cómo se manifiesta esa discriminación?

— No te daré un ultrasonido, una resonancia magnética, porque es perder tiempo. Tú eres una persona mayor y el mundo es para los más jóvenes. Son aspectos interpersonales que disminuyen tu autoestima, y a la larga termina todo internalizado. Terminas creyendo: “Yo no, no merezco. Soy una persona mayor. Yo debería saber que el mundo es para los más jóvenes, y los recursos también”. Y en los países donde desafortunadamente está aumentando la desigualdad, esto lleva a la inequidad.

Alexandre Kalache
Combatir el edadismo es una de las prioridades de Kalache, que condena todo lo que implique negar derechos a los adultos mayores desvalorizándolos

— ¿No está cambiando eso? La descalificación por la edad. En Argentina, en 2019, había un candidato de 76 años y cuando a alguno no le gustaba lo que decía, la réplica era: “Está gagá”. Pero ahora, en Brasil justamente, Lula da Silva busca la reelección. Y tiene 80 años. Me parece que no están usando eso en su contra.

— Yo estoy sorprendido, porque esperaba que sí, que usaran el factor edad.

— Y si Lula es reelecto, se podrá decir: “Con 80 años todavía está activo y bien, y aunque ha tenido algunos problemas de salud, puede dirigir un país…”

— Lula tiene exactamente mi edad. Cumple ochenta y uno en octubre. Yo, en una fecha célebre en Argentina, el 17 de octubre. [ríe]

— Ah, me voy a acordar entonces.

— Sí, Lula es dos semanas más joven que yo. Yo también pensé: eso será un plato para el edadismo. Pero hasta ahora, que yo sepa, no han levantado ese argumento. Es sorprendente que en un país tan joven y con un político que ya está hace décadas, no haya habido desgaste por el edadismo. Qué bien.

— Hace poco Lula se hizo fotografiar paseando por la playa. Sin camisa.

— Sí, sí, no llegó al extremo de Putin, a caballo con el pecho descubierto. [risas]

Lula da Silva - Octogenario resiliente
Lula da Silva, presidente en campaña por un nuevo mandato. Si reelige, asumirá nuevamente la presidencia del Brasil con 81 años

— Si Lula reelige, eso tendrá un impacto positivo en la mirada hacia la generación silver, ¿no cree?

— Creo. Y confieso que es mi papel. Como trabajo hace más de 50 años en gerontología, es mi trabajo también cambiar la mirada, En Brasil es habitual empezar una conferencia o discurso describiéndose. Y yo digo así: “Soy una persona mayor, un viejo. No tengo cabello, necesito gafas, el pelo de la barba es blanco, tengo arrugas, que aprecio porque demuestran que tuve afectos y desafectos, que he vivido toda una vida y estoy orgulloso”. Para deconstruir esa imagen de que la persona mayor es dependiente, que está mal… Es necesario que la persona perciba su propia vejez y se empodere para transmitir a las otras personas y a la opinión pública: yo sé que soy una voz influyente cuando estoy batallando por los derechos de las personas mayores, sobre todo de los que no tienen un poder de habla, y también de los más jóvenes, que serán las personas mayores de mañana.

— Claro, pero cuando uno es joven es difícil imaginarse que un día se será viejo. Hay una negación de algo que sin embargo es inevitable.

— ¿Viejo yo? Los otros envejecen, yo no. Y los hombres son los más negadores. La mujer, puede ser un contrasentido decirlo, tiene la suerte de tener una cosa que se llama menopausia.

— ¿Cómo sería eso?

— Es una señal que les dice: “Mira, ya no eres tan joven. Hay cambios importantes. Ya no tienes la capacidad reproductora”. Los hombres no tienen esa señal. Entonces, él sigue como si tuviera treinta o cuarenta años y hoy con el Viagra se siente como… [risas] ¿Y qué sucede? Cambia a la madre de sus hijos con quien ha vivido treinta años por una mujer que tiene la mitad de su edad. Pero cuando empieza a tener problemas de salud, esta mujer más joven lo echa y los hijos van a llamar a la madre: “Papá está con problemas” y ella va a cuidarlo.

— Es cierto, muchas veces la ex se hace cargo.

— Algunas aprovechan la situación de fragilidad: ahora vas a ver.

Alexandre Kalache
A las mujeres, la menopausia les avisa que han entrado en uan nueva etapa; los hombres no se dan por enterados tan fácilmente, dice Kalache

— ¿Existe en Brasil una política y organismos de protección para los adultos mayores?

— Existe un Estatuto de las Personas Mayores, una ley. Pero no basta con tenerla, hay que aplicarla. Igual la conquista más importante en mi país fue la creación del Sistema Universal de Salud, el SUS. Esto se dio después de la dictadura, en 1988, porque había un consenso de que era necesario hacer algo y que la salud venía en primer lugar.

— ¿Es una cobertura universal de salud?

— Universal. Total. Un modelo tomado del sistema británico. Yo vivo entre Río y Londres. No existe la idea de utilizar un sistema privado. En Brasil, todas las personas, incluso un extranjero que está de paso, si tiene un accidente, tiene derecho al sistema. Puede mejorar muchísimo. Pero el hecho de tener ese servicio como derecho es civilizatorio.

— ¿Cuándo empezó su interés por la gerontología?

— Cuando me fui para Inglaterra para hacer el máster, en 1975. Y me vi en un país muy envejecido, saliendo de Brasil, un país joven. Terminé la carrera médica en 1970, cuando la proporción de personas mayores en Brasil era entre 4 y 5 por ciento. La expectativa de vida era de 56 años. Era otro universo. Pero el interés me venía de la niñez. Porque tenía una familia con muchas personas mayores super interesantes, multi mediterráneas, que me contaban historias. Y por una cuestión de personalidad, siempre me gustaron las personas mayores. No sólo ahora que soy viejo.

— Sí. Se aprende mucho con la gente grande.

— Se entretiene uno. Con mi familia yo tenía acceso, antes del internet, a historias de primera mano de Portugal, Grecia, Italia, Siria, Líbano. Oralidad, tradiciones. Y cuando terminaba todo eso en la sala, iba para la cocina donde estaban las mucamas, las empleadas negras. Las cocineras. Ahí tenía también acceso a la oralidad afrobrasileña, y eso era riquísimo. Entonces, fue cuestión de llegar a Inglaterra y darme cuenta de que eso también iba a pasar en Brasil, y de hecho está pasando, actualmente la proporción de adultos mayores es de 17 por ciento y en 2050 serán más de 30 por ciento.

— ¿Y la expectativa de vida?

— 78. Cuando yo nací era 46, son 32 años más de vida. La esperanza de vida más alta del mundo en 1900 era la de Alemania. Hoy no hay ningún país que tenga una esperanza de vida tan baja como aquella que era la más alta.

— ¿También ha caído la natalidad como en Argentina?

— Cuando yo terminé la carrera médica, el promedio era de seis hijos por mujer. Hoy está debajo de la reposición, menos de dos, desde hace 25 años.

También en el Brasil aumentó de modo extraordinario la esperanza de vida mientras que la fecundidad se ubica por debajo de la tasa de reemlazo desde hace 25 años, explica Alexandre Kalache (Imagen Ilustrativa Infobae)
También en el Brasil aumentó de modo extraordinario la esperanza de vida mientras que la fecundidad se ubica por debajo de la tasa de reemlazo desde hace 25 años, explica Alexandre Kalache (Imagen Ilustrativa Infobae)

— ¿Le preocupa eso al Gobierno? ¿Hace algo al respecto?

— Cuesta, la reacción es muy lenta. Es como si tuvieran anteojeras, que no les permiten ver lo que está pasando. Es como si el envejecimiento fuera mañana y no ahora. Y la inequidad. Si vienes de una clase social alta, de Palermo o de los jardines de Copacabana, envejecer es una cosa, pero la mayoría de las personas siguen viviendo en condiciones de precariedad.

— ¿Es demasiado optimista el discurso? “Ahora que te jubilaste podés viajar, estudiar, darte los gustos postergados”. Pero eso es para una franja. Con ingresos muy bajos, el jubilado está muchas veces obligado a trabajar, o a vivir con su familia. A veces sigue siendo jefe de familia porque los hijos no consiguen un buen trabajo.

— En Brasil, todas las personas a partir de los 60, aunque no hayan aportado, reciben un ingreso universal. Entonces, durante la pandemia, muchas personas mayores, tenían comida por ejemplo para los nietos. Pagaban la electricidad incluso para que los hijos pudieran buscar empleo por internet. Lo que quiero decir es que la pandemia, al mismo tiempo que fue una calamidad, demostró la importancia de las personas mayores, demostró que son un recurso valioso para la sociedad, para sus familias. Para la economía de un país cuya población va a disminuir, es fundamental que el único grupo que seguirá creciendo sea activo para la sociedad y no sólo una carga.

— ¿Cree que hay que correr la edad jubilatoria?

— Siempre que no sea una penalización. Porque si has tenido un empleo que no te ha dado ninguna satisfacción y al llegar al final de la vida laboral, te dicen: “Te tengo una noticia: vas a trabajar 5 años más”, es casi un castigo.

— Claro, por supuesto. A voluntad. Si a los 65, 70, la persona quiere seguir trabajando, que pueda hacerlo.

— Bueno, si el candidato a la presidencia se siente con derecho a competir por el cargo más alto del país, tú deberías también tener el derecho, a los 60, 70 ó 75, de seguir trabajando.

Alexandre Kalache
Alexander Kalache se crió en una familia en la que había muchos adultos mayores. Su compañía le resultaba muy grata y marcó ya en su infancia una vocación por el tema de la longevidad

— ¿En qué otro aspecto se manifiesta la inequidad?

— En nuestras sociedades tan desiguales los más jóvenes migran hacia los grandes centros urbanos como Río o Buenos Aires en busca de mejor empleo. Atrás quedan pueblos muy envejecidos, porque los jóvenes se fueron y las personas viven cada vez más. Es necesario también prestar atención a esas poblaciones muy precarizadas. Y eso no se da solamente aquí. También en Granada, en España, hay pueblos que tienen 60 o más por ciento de personas sexagenarias.

— El edadismo es una discriminación de la que no se habla tanto. Se le dice a la gente: está mal ser machista, está mal ser racista. Pero el edadismo no está tan condenado.

— El envejecimiento es un tema predominantemente femenino. Hay más mujeres viejas en pobreza, hay más mujeres que tienen el encargo de cuidar, de cuidar hijos, nietos, suegros, abuelos, al aburrido esposo que también tiene sus problemas de salud. Y cuando ella necesita de cuidados, no hay nadie. Entonces, creo que el movimiento feminista pueda fortalecer esa lucha contra el edadismo y acelerar el cambio en la percepción social. Y una cosa te digo: no esperes que una persona mayor de tu familia o tú mismo seas tratado con dignidad, si la cuidadora, porque lo vamos a poner en femenino, no es tratada con dignidad. No están bien entrenadas, cobran poco, son mayoritariamente mujeres de bajo nivel educacional.

— Suele ser trabajo en negro…

— En España, son mayoritariamente inmigrantes, muchas veces ilegales, que no pueden reclamar derechos…

[FOTOS: Jaime Olivos]