Alejandro Betancourt, el hombre del chavismo que ahora sirve a Trump

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Pablo Scarpellini Los Ángeles

Actualizado Martes, 1 septiembre 2026 - 07:56

Donald Trump parece haber dado con el socio idóneo para explotar el petróleo venezolano a sus anchas. Se llama Alejandro Betancourt López, un polémico empresario de 46 años que hizo su fortuna con Hugo Chávez en el poder y que hoy está bajo investigación por el presunto desfalco de millones de dólares a la petrolera estatal PDVSA. Tras un año de indagaciones en busca de personas clave para agilizar las operaciones en Venezuela tras la caída del ex presidente Nicolás Maduro, la Casa Blanca ha dado el visto bueno a trabajar con Betancourt, cuya familia controla North American Blue Energy Partners (NABEP), el segundo productor privado de petróleo del país.

El viernes, el Gobierno de Estados Unidos anunció un acuerdo para explotar una parte importante de las reservas de petróleo venezolanas, un paso que Trump ha descrito como "el mayor acuerdo petrolero del mundo" y que equivaldría a unos 65.000 millones de barriles de petróleo para EEUU. Según lo estipulado, Washington se quedaría con el 55% del crudo en la explotación conjunta con NABEP, un acuerdo descrito por los expertos como "irregular" y "extremadamente inusual".

En Venezuela, la actual presidenta, Delcy Rodríguez —para muchos la cabeza de un gobierno títere a las órdenes de Trump desde enero de este año— ha respaldado el acuerdo, indicando en un comunicado que podría tener un "impacto significativo en la revitalización de nuestro país" y generar más de 200.000 millones de dólares en impuestos. El acuerdo implica a 17 campos de petróleo de todo el país.

Betancourt podría jugar un papel determinante en toda la operación, un hombre de dudosa reputación cuya figura emergió a partir de 2010, cuando el gobierno de Chávez le concedió contratos millonarios para construir plantas eléctricas por todo el país. Eso pese a ser un joven sin experiencia alguna en el sector. En poco tiempo le colgaron el cartel de bolichico, un apodo en referencia a los jóvenes bolivarianos a los que favoreció y enriqueció el régimen chavista.

El pasado del empresario

Betancourt proviene de una familia de clase alta, de buenas relaciones, pero su núcleo, conformado por su madre, Lilia López, una diseñadora de joyas, y su padrastro, Domingo Guzmán de Frutos, un pintor con título nobiliario español, no supo administrar bien sus cuantiosos bienes. Cuando Betancourt regresó de estudiar en Boston, se encontró con una vivienda familiar en mal estado, debido a que su madre usaba la casa como taller para la elaboración de las joyas que ella diseñaba.

Las cuentas bancarias de Betancourt en Suiza han estado bajo investigación desde hace una década por blanqueo de capitales. En España, la Audiencia Nacional le acusa de haber sobornado a tres funcionarios de PDVSA con 42 millones de dólares para defraudar cerca de 5.000 millones de dólares y blanquearlos a través de inversiones en propiedades inmobiliarias de lujo y en distintas empresas.

Sin embargo, fuentes cercanas al Gobierno de EEUU indican que Trump ha preferido hacer la vista gorda y centrarse en su experiencia en el sector petrolífero, al que Betancourt entró tras su paso por el sector eléctrico. Aquellos fueron años extraordinarios para sus finanzas. El joven bolivariano logró contratos por cerca de 5.000 millones de dólares para construir plantas eléctricas a través de su empresa, Derwick Associates.

Las plantas nunca solucionaron los graves problemas de suministro eléctrico que aún padece el país, y Betancourt y sus bolichicos se embolsaron cerca de 2.900 millones de dólares en la operación: la cantidad que se calcula que se pagó de más por esos contratos, según una investigación posterior.

Tras el pelotazo, el empresario compró una participación en una compañía petrolera, Petrozamora, que operaba yacimientos maduros en el lago de Maracaibo, en el oeste de Venezuela. Dichos yacimientos se convirtieron en el núcleo de NABEP, empresa que desde entonces ha adquirido nuevos campos y ha aumentado considerablemente su producción a partir de 2024.

Tanto Marco Rubio, el secretario de Estado estadounidense, como otros oficiales en Washington, creen que Betancourt es el intermediario adecuado para desarrollar el plan de Trump. Este pasaría por compensar con crudo venezolano la escasez en el mercado derivada de su conflicto con Irán y el cuello de botella en el Estrecho de Ormuz que lleva meses disparando el precio de la gasolina.

Fuentes en EEUU aseguran que la actual Administración ha ejercido presión ante las autoridades suizas para que a Betancourt le levantaran las restricciones para viajar. Todo ello después de que emitieran una orden de extradición desde Reino Unido, donde tiene dos mansiones, por blanqueo de capitales. Lo que sí está confirmado es que el Departamento de Estado le concedió un visado para poder reunirse con miembros del Gobierno de Trump.