
El cuidado diario de las uñas puede prevenir lesiones, infecciones y revelar señales tempranas de problemas de salud. Según la American Academy of Dermatology (AAD), mantener una rutina adecuada es esencial para conservarlas fuertes y reducir el riesgo de daños frecuentes.
La entidad médica estadounidense resalta que el estado de las uñas refleja la salud general. Recomienda consultar a un dermatólogo certificado si las uñas cambian de forma, color, se inflaman o presentan dolor persistente.
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La AAD sintetiza en su guía oficial una serie de rutinas que pueden adoptarse en casa, tanto para manos como para pies, y que ayudan a mantener la integridad y el aspecto de las uñas.

La humedad favorece la proliferación de bacterias y hongos. Mantener las uñas secas y limpias reduce el riesgo de infecciones y previene la aparición de problemas frecuentes.
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La Mayo Clinic advierte que la higiene excesiva, como el uso constante de jabones antibacterianos o desinfectantes, también puede eliminar aceites protectores naturales y facilitar la aparición de grietas, lo que incrementa la vulnerabilidad frente a infecciones. Por ello, la entidad aconseja emplear jabones suaves y secar las manos de manera delicada tras el lavado.

Muchos removedores contienen sustancias que resecan. Se aconseja aplicar crema hidratante después de retirar el esmalte para contrarrestar la sequedad.
Utilizar tijeras o cortaúñas afilados, y dar una ligera forma redondeada en las puntas, ayuda a que las uñas sean más resistentes y menos propensas a quebrarse.
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El limado regular con una lima de cartón mantiene la forma de la uña y evita que se enganchen o se astillen.
La academia desaconseja estos hábitos porque pueden dañar la estructura de la uña y favorecer la entrada de infecciones.

Abrir objetos, como latas, puede astillar o fracturar las uñas. Es preferible utilizar herramientas apropiadas para evitar lesiones.
El contacto frecuente con agua debilita las uñas. Usar guantes al limpiar o lavar platos, y aplicar crema tras lavarse las manos, ayuda a preservar su fortaleza.
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Mantener cortas las uñas de los pies disminuye el riesgo de golpes o lesiones. Si están gruesas, se recomienda un baño de agua tibia y sal antes de cortarlas.
Intentar remover una uña encarnada por cuenta propia puede empeorar la lesión. Consultar con un dermatólogo es la mejor opción, especialmente si hay signos de infección.
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Usar zapatos de la talla justa y cambiarlos cada día previene daños. Además, en piletas y duchas públicas, se aconseja usar ojotas para evitar infecciones fúngicas.
La AAD sugiere no rasurarse las piernas antes de una pedicura, llevar instrumentos propios al salón y asegurarse de que las tinas estén bien desinfectadas. Estos cuidados evitan la transmisión de bacterias y hongos.
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La exposición prolongada a la humedad y el contacto repetido con agua pueden hacer que las uñas se descamen o se partan. Además, hábitos como morderlas, retirar la cutícula o usarlas para abrir objetos, aumentan el riesgo de lesiones y fisuras.
También se advierte sobre los efectos de ciertos productos cosméticos. Los removedores de esmalte pueden resecar la lámina ungueal, y los esmaltes endurecedores pueden incrementar su rigidez y, paradójicamente, favorecer la rotura.
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Según especialistas de Harvard Medical School, la aplicación frecuente de esmaltes y productos químicos sin pausas adecuadas puede alterar la permeabilidad de la uña y volverla más quebradiza. Los expertos recomiendan dejar las uñas “descansar” sin esmalte al menos una semana al mes para favorecer su recuperación.
El uso de uñas artificiales no debe ser un recurso para ocultar daños, ya que puede agravar problemas preexistentes, especialmente en personas propensas a infecciones por hongos o con uñas frágiles.
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Cuando una uña cambia de aspecto, se hincha o causa molestias, la indicación es acudir a un dermatólogo. Esta recomendación es aún más relevante para personas con enfermedades como diabetes o mala circulación, donde cualquier lesión menor puede tener consecuencias mayores.