
Coosalud EPS comprometió pagos hasta diciembre a Martha Elena Zawady Rodríguez mediante un contrato para coordinar la oficina de Comunicaciones de la cooperativa, firmado por el entonces agente especial Bayron Arrieta Jiménez.
Según documentos conocidos por la revista Cambio, la prima de María Masip Zawady, también conocida como ‘La Coco’ y quien haría parte de la polémica red de contratación irregular durante el gobierno de Gustavo Petro conocida como ‘mariposas amarillas’, el millonario contrato quedó vigente aun si cambiaba la administración de la entidad.
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El acuerdo se suscribió el 11 de agosto de 2026, es decir cuatro días después de la posesión de Abelardo de la Espriella, y fijó un valor de 50 millones de pesos más IVA. El documento contempló cinco pagos mensuales de 10 millones de pesos entre agosto y diciembre, aunque el primer desembolso mantuvo el mismo monto pese a que la contratación comenzó avanzada la primera quincena de ese mes.
La vinculación de Zawady se produjo en medio de una disputa judicial por la intervención de la Cooperativa Coosalud, que estaba bajo control de agentes especiales designados por la Superintendencia de la Economía Solidaria.
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El 17 de diciembre de 2024, esa entidad ordenó la toma de posesión de la cooperativa. La decisión dejó la administración y la representación legal en manos de interventores nombrados por la Superintendencia.
Bayron Arrieta asumió como agente especial el 6 de julio de 2026, tras una designación de la entonces superintendente María José Navarro. Según fuentes consultadas por el medio, Navarro era cercana al entorno de María Masip Zawady.
La exfuncionaria reconoció ante Cambio que conocía a Masip, aunque negó que esa relación hubiera tenido influencia en sus nombramientos o en sus decisiones.
Quince días después de la firma del contrato, el Juzgado Séptimo Civil del Circuito de Cartagena ordenó a Arrieta entregar la administración material, contable y financiera de Coosalud a la Asamblea General de Delegados vigente.
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La decisión judicial respondió a una tutela presentada por asociados que cuestionaron la prolongación de la intervención. Los demandantes sostuvieron que la medida no había cumplido el objetivo de recuperar la cooperativa y que afectó sus derechos económicos y políticos.
Entre los puntos expuestos ante el juzgado figuró la exclusión de 3.149 de los 5.199 asociados en un proceso para elegir delegados. Esa cifra correspondía al 60,4% del total y, de acuerdo con la acción judicial, afectó principalmente a personas que estaban en mora.
El fallo estableció un plazo de cinco días hábiles para que la administración intervenida hiciera la entrega. Como el contrato con Zawady tenía causales de terminación limitadas, la gestión que retomara el control debía asumir ese compromiso hasta su vencimiento o negociar una salida distinta.
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El documento conocido por Cambio reveló que Coosalud asignó a Zawady la coordinación de la oficina de Comunicaciones de la cooperativa. Sus tareas incluían la elaboración de comunicados de prensa y la supervisión de las respuestas a los medios.
La periodista también debía aprobar campañas y contenidos, organizar y presentar eventos, además de vigilar los protocolos de comunicación internos y externos.
El contrato fue celebrado directamente con la Cooperativa Coosalud bajo reglas de derecho privado. Esa modalidad explica que no apareciera en los registros públicos de contratación estatal que habían permitido identificar otros vínculos de la comunicadora.
La vigencia del acuerdo tampoco dependía de la continuidad de Arrieta en el cargo. El texto solo contemplaba su finalización por vencimiento del plazo, mutuo acuerdo o incumplimiento.
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La contratación para comunicaciones fue la segunda vinculación documentada de Zawady con una compañía de la estructura empresarial de Coosalud. La primera se registró el 4 de agosto de 2025, cuando una asamblea extraordinaria removió a la junta directiva de Coosalud Inversa y escogió a nuevos integrantes.
Andrés Felipe Arango, quien entonces era agente especial de la Cooperativa Coosalud, presentó una lista única que incluyó a Zawady como suplente personal de Jhonathan Mauricio Ortiz Arnedo, ubicado en el tercer renglón principal.
La asamblea aprobó la propuesta por unanimidad. El acta, de acuerdo con la información publicada, no precisó quién postuló a la periodista ni cuáles fueron los criterios utilizados para seleccionarla.
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Coosalud Inversa era una sociedad de inversiones vinculada con la cooperativa. La empresa había suscrito una operación por 172.690 millones de pesos para adquirir hasta el 40% de Coosalud EPS.
Zawady afirmó después que su participación en esa junta no tuvo remuneración, que nunca asistió a una sesión y que presentó una renuncia irrevocable a finales de agosto de 2025.
Martha Zawady es prima de María Masip Zawady, conocida como “la Coco”. Distintas fuentes han señalado a Masip como integrante de las llamadas “mariposas amarillas”, un grupo cercano al expresidente Gustavo Petro al que se le atribuye influencia en nombramientos y contratos estatales.
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El 20 de agosto, Cambio había publicado información sobre contratos otorgados a familiares de Masip durante el Gobierno Petro. Según las bases públicas consultadas, Zawady recibió seis contratos por 232 millones de pesos.
El nuevo contrato no había sido incluido en esa revisión porque se celebró bajo normas de derecho privado. Tampoco fue mencionado por la periodista cuando se le consultó por sus relaciones con el grupo empresarial.
El primer contacto del medio con Zawady ocurrió el 14 de agosto, tres días después de que firmó el acuerdo de comunicaciones. La periodista no respondió entonces a la solicitud de información.
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Trece días más tarde, difundió un comunicado para explicar su trayectoria profesional, sus contratos estatales, sus fuentes de ingresos y sus vínculos con Coosalud.
En ese pronunciamiento, Zawady negó tener relación con Coosalud EPS y sostuvo que ya no pertenecía a la junta de Coosalud Inversa. La nueva contratación no contradice literalmente esa afirmación, pues fue suscrita con la Cooperativa Coosalud, una persona jurídica distinta dentro del mismo grupo.
“En estos momentos no pertenezco a ninguna junta directiva de alguna entidad relacionada con Coosalud, tal como lo evidencia el certificado de existencia y representación legal de Coosalud Inversa S.A. Ejerzo mi profesión como periodista de manera independiente hace más de 25 años”, señaló en su momento la comunicadora.
El Oktoberfest es una de las fiestas más conocidas de Alemania, especialmente a nivel internacional, y que se celebra entre mediados de septiembre y principios de octubre, con la ciudad de Múnich como uno de sus centros neurálgicos y donde tuvo su origen a principios del siglo XIX en una boda real.
Uno de los símbolos del Oktoberfest, y que se ha trasladado a la cultura bávara y alemana en general, es el pretzel, que junto con la cerveza es uno de los alimentos más consumidos en esta fiesta no solo en Alemania, sino también en todo el mundo, pero cuyo origen no es tan claro.
Se les puede llamar ‘pretzel’ o ‘brezel’, pero en ambos se hace referencia a un pan con forma de lazo retorcido o brazos entrelazados, según se vea, y es uno de los snacks más populares en Alemania, presente en los principales eventos, como partidos de fútbol, conciertos o mercados navideños, así como el Oktoberfest.
Su origen, sin embargo, parece ser igual de difuso como su nombre oficial, sin un consenso claro entre los historiadores, aunque entre ellos existen algunas conclusiones conjuntas como el hecho que desde la Edad Media se vio como un símbolo de prosperidad y suerte, y que son claras sus connotaciones cristianas, representando sus agujeros a la Santísima Trinidad: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo.
Una de las primeras versiones del origen del pretzel estaría en Italia, en el valle de Aosta, y no en Alemania, entorno al año 610, cuando un monje horneó unas tiras de masa y las dobló luego en forma de cruz como recompensa para los estudiantes que aprendían sus oraciones, de ahí le dio el nombre de ‘pretiola’ que en latín significaba “pequeñas recompensas”.
La segunda teoría es que tendría su origen en una receta inventada por un grupo de panaderos alemanes que estaban desesperados después de haber sido rehenes de las autoridades, y quisieron crear una receta con el nombre ‘brezel’ que significa “pequeños brazos”, del latín ‘bracellae’.
Aunque una de las historias más compartidas sobre el origen del pretzel es la que lo vincula con el siglo XVI y el intento de invasión de los otomanos a la ciudad de Viena, excavando un túnel bajo la muralla y de noche. En ello, los monjes estaban trabajando en la receta de lo que hoy conocemos y es por eso por lo que al alertar a la población de lo que pasaba y que descubrieron al escuchar los ruidos, se les recompensó con un escudo propio de armas en los que varios leones sostienen una galleta salada, y que se puede ver en algunos establecimientos de panaderías en Europa.
Uno de los hechos distintivos del pretzel, además de su forma, es el color de su masa, que se forma después de una serie de pliegues, giros y nudos, que más tarde se disuelven en una mezcla de sosa cáustica y agua, que le da su característico sabor y corteza.
Pero la forma del lazo no es la única que bebe de esa receta, pues en Alemania son populares también los ‘Laugengebäck’, que usan la misma masa y técnica, cambian solo su forma y en algunos casos incluso su sabor, existiendo versiones dulces.
En el caso del pretzel de lazo, hay incluso una versión específica para el Oktoberfest, lo que da claro signo de su importancia en ella, siendo mucho más grande de lo habitual y con una corteza de color marrón claro, además de que su textura se asimila más a la del pan blanco, siendo suave.
Ciudad de México, 23 sep (EFE).- El mapa de la migración infantil en América Latina se transforma entre nuevas rutas y riesgos que, según especialistas, abarcan desde trabas para acceder a educación y salud en México hasta una “migración inversa” que expone a familias a nuevas amenazas ante el endurecimiento de restricciones para el paso a Estados Unidos.
Cada vez más familias y menores recorren trayectos de retorno que no siempre terminan en sus comunidades de origen, quedando expuestos a separación familiar o redes de trata, en un momento de "debilitamiento de las instituciones que les acompañan", explica este miércoles a EFE Ivanna Paola Herrán Ballesteros, coordinadora regional de movilidad humana de Ayuda en Acción.
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"Esta debilidad institucional y pérdida de financiamiento de las organizaciones (por) el endurecimiento político, no solamente de Estados Unidos, sino de muchos países también en la región (…) están haciendo que las redes de trata, las redes de crimen organizado se (…) fortalezcan", advierte.
Tan solo en México, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) reportó en su informe anual de 2025 una caída de casi 70 % en su capacidad de protección comunitaria, tras "la mayor reducción presupuestaria de su historia" en el país, con casi 65 % menos financiamiento disponible, al tiempo que advirtió de una "fuerte reducción" de ONG que apoyan a personas desplazadas.
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En este escenario, los menores enfrentan mayores vulnerabilidades, enfatiza Herrán, al precisar que "la migración ha seguido", aunque ha "disminuido su visibilidad", mientras las personas transitan "por otras vías" que incluso son difíciles de acompañar y detectar para las ONG, lo que "también aumenta estos riesgos de trata y abuso".
El número de menores en movilidad ha ido en aumento, al pasar de 29.000 en 2021 a 140.000 entre 2023 y el primer semestre de 2024, según el estudio 'Infancia y movilidad humana', publicado en 2025 por Ayuda en Acción y el Instituto Interamericano del Niño, la Niña y Adolescentes (IIN) de la OEA.
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Aunque el estudio ya advertía sobre los riesgos para los menores retornados, Herrán señala que si se repitiera en 2026, incorporaría una nueva categoría, "migrantes inversos", ante los "muchísimos más fenómenos de retorno" que han observado en los últimos meses en la región.
En México, "que ahora ya se ha vuelto un país de destino", la falta de documentos puede retrasar hasta un año o más la inserción escolar y otros trámites, lo que se puede reducir a unos meses con el acompañamiento de ONG, añade Tania Rodríguez Zafra, directora de Ayuda en Acción México.
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Tal fue el caso de Hans, un niño de 10 años que ingresó con su familia a la casa de transición de la organización en julio de 2025, y en febrero pasado se reincorporó a la escuela, tras un periodo de adaptación y de obtención de los documentos necesarios.
"Cuando llegué estaba tímido, no quería hablar con casi nadie, pero ahora me siento más tranquilo, estoy mejor, en mi día normal si estoy en la escuela", cuenta Hans en un video, publicado en las redes de la ONG.
Finalmente, Rodríguez destaca el proceso de acompañamiento integral para Hans y su familia, tras el cual ya puede jugar y hablar como "cualquier niño feliz". EFE
El presidente Javier Milei utilizó su intervención ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas para ratificar su alineamiento estratégico con Occidente y trazar su visión económica respecto a las nuevas tecnologías. En medio de fuertes críticas a las políticas de intervención estatal y a las agendas globales, el mandatario abordó el debate sobre el impacto de la Inteligencia Artificial (IA) y prometió convertir al país en un polo de desarrollo tecnológico libre de regulaciones preventivas.
La postura del jefe de Estado irrumpe en un contexto de altísima tensión internacional por el control de la revolución digital. Mientras Estados Unidos y China profundizan su disputa geopolítica por el acceso a la infraestructura crítica y a los semiconductores avanzados, las principales figuras de Silicon Valley reclaman una desaceleración en el desarrollo de los algoritmos ante el temor a perder el control operativo.
En sentido contrario a las advertencias de la industria, Milei rechazó los pronósticos distópicos, desestimó los miedos sobre la pérdida masiva de puestos de trabajo y defendió la tecnología como un acelerador para el crecimiento de la productividad sin necesidad de intervención gubernamental.
Milei indicó que la postura de las instituciones globales frente a la innovación tecnológica demuestra que no aprendieron la lección de sus fracasos previos. «Y si por algún momento nos ilusionamos con que la lección estuviera aprendida tras tantos fracasos, la llegada de la Inteligencia artificial nos demuestra lo contrario», aseguró Milei ante la asamblea, y recordó que «la imprenta, la máquina a vapor, la electricidad, Internet, cada gran revolución tecnológica estuvo acompañada por temores acerca de aquello que destruía, en especial, el empleo».
Frente a esos temores, el mandatario apuntó contra «los luditas y pesimistas de siempre, como esta casa», y calificó de «ridiculez» las teorías sobre la pérdida masiva de trabajo. A modo de ejemplo, argumentó que si en la Revolución Industrial el empleo se hubiese mantenido constante frente a una población que se multiplicó por diez, «según estas hipótesis disparatadas la tasa de desempleo en el mundo sería de un 90%».
En contraposición, Milei defendió la irrupción de estos avances: «Ahora el hombre ha construido máquinas capaces de realizar tareas que hasta hace muy poco parecían reservadas a su propia inteligencia. Y allí, donde muchos ven una amenaza, nosotros vemos una frontera«. Al citar a Adam Smith, definió a la IA como «la fábrica de alfileres del siglo XXI, y mucho más», advirtiendo que «puede multiplicar nuestra productividad en órdenes de magnitud, que todavía no comprendemos» y transformar la economía, la medicina, la educación y la forma de gobernar.
Aunque reconoció que esta transformación exige prudencia, fue tajante sobre las regulaciones: «Prudencia no significa miedo, y es más, el miedo bajo ningún punto de vista debería convertirse automáticamente en obediencia». En esa línea, sostuvo que «los escenarios distópicos a los que se suele aludir para infundir el miedo y propiciar el control del Estado, carecen de sentido desde el punto de vista económico», ya que el crecimiento productivo se equilibrará de forma natural con una demanda genuina, «sin necesidad de déficits fiscales ni emisión espuria de dinero».
Al rechazar de lleno cualquier tipo de intervención gubernamental, el jefe de Estado argumentó: «Cuando escuchamos que el Estado debe controlar la inteligencia artificial, conviene recordar algo elemental: el Estado no es una criatura abstracta, sino hombres, funcionarios y burócratas, y concederle el control sobre la innovación es conceder a algunos, en el mejor y más ingenuo de los casos, la facultad de limitar lo que los demás pueden crear«. Agregó que históricamente «el miedo al mañana fue argumento para restringir libertades en el presente», pero que su gestión aplicará un principio diferente: «Ante la incertidumbre, proponemos determinación; ante el miedo, coraje».
Como plan de acción nacional, prometió que «ante la Inteligencia artificial, la Argentina se ubicará en la vanguardia de la libertad». Para lograrlo, ofreció los minerales críticos, la energía y el talento del país: «Queremos ser el lugar más competitivo al mundo para desarrollarla, con un marco jurídico de vanguardia, el compromiso de no regular de manera preventiva, responsabilidad limitada para las empresas que operen con agentes de IA y beneficios fiscales«.
Por último, definió a la tecnología como un asunto que «no es geopolíticamente neutral». Como cierre de su postura, ratificó su alineamiento internacional: «Es necesario que sea Occidente quien lidere el desarrollo de la tecnología para asegurarnos que sea acorde a nuestros valores fundamentales libertarios, como son el respeto a la vida, la libertad y la propiedad privada, y la noción de dignidad humana. En eso compartimos plenamente la visión del presidente Trump«.
La tensión geopolítica por el control de los algoritmos escaló a un nivel de fricción diplomática directa a previo a la cumbre bilateral entre Donald Trump y Xi Jinping, prevista para este 24 de septiembre.
El director ejecutivo de Anthropic, Dario Amodei, defendió una desaceleración coordinada del desarrollo de la IA para comprender mejor los riesgos que suponen las capacidades avanzadas de esta tecnología. Su postura recibió apoyo público del director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman; del director de xAI, Elon Musk; del presidente de Google DeepMind, Demis Hassabis; y del director ejecutivo de Microsoft, Satya Nadella.
«Hay una conspiración ENFERMIZA en marcha contra la IA y los centros de datos, y el único feliz con ello es China», aseguró Trump en su plataforma Truth Social.
«La Administración Trump ha impedido que la ‘gente’ de la IA haga cosas malas, o potencialmente malas, como Dario (¡Anthropic!), que ahora finge ser un ‘angelito perfecto’», acusó Trump.
«El único control o valla de contención que necesita la IA es un PRESIDENTE FUERTE E INTELIGENTE (¡de alto coeficiente intelectual!), y Estados Unidos lo tiene, ¡y de sobra!», afirmó. «¡Conspiranoicos, traidores y filtradores, CUIDADO!» amenazó.
Esta postura de avance irrestricto encontró eco en el Capitolio a través del senador republicano Ted Cruz, titular del Comité de Comercio, Ciencia y Transporte. El legislador respaldó la idea de no ceder terreno ante Beijing y lanzó una frase contundente para desestimar las alertas de la industria: «Si va a haber robots asesinos, prefiero que sean robots asesinos estadounidenses antes que robots asesinos chinos».
«¡QUIEN GANE LA IA, GANA!» y sentenció que el único control necesario es «un PRESIDENTE FUERTE E INTELIGENTE».
A la par, Amodei publicó un extenso ensayo en donde reclamó a la Casa Blanca profundizar el bloqueo de semiconductores avanzados hacia Beijing y propuso una desaceleración global de la tecnología. En su texto, el empresario alertó que un liderazgo del país asiático «representaría un grave peligro para Estados Unidos y para el mundo», y advirtió que agentes autónomos de IA podrían tomar el control de infraestructuras de internet en un lapso de seis a doce meses.
La respuesta oficial de China llegó a través del portavoz de la cancillería, Guo Jiakun, quien acusó a Silicon Valley de «sembrar el miedo, apostar a la confrontación y alentar una competencia destructiva». En paralelo, el periódico estatal Global Times definió la iniciativa de Amodei como un «manual de la Guerra Fría adaptado al sector tecnológico».
El enfrentamiento sumó otro foco de conflicto tras las denuncias del FBI y la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) sobre presuntas maniobras de ciberespionaje chino para extraer capacidades de modelos como Claude y ChatGPT. Frente a estas acusaciones, el Ministerio de Comercio oriental defendió sus prácticas de software y denunció que Washington pretende consolidar un «monopolio exclusivo» en el ecosistema digital.
En un abordaje diametralmente opuesto a la visión mercantilista de las potencias y a la postura de Javier Milei, el papa León XIV respaldó una agenda de seis proyectos de cooperación entre el Norte y el Sur global para intervenir sobre los efectos de la tecnología. Al clausurar el IV Encuentro Sinodal Fratelli Tutti en Roma, el pontífice pidió que la innovación técnica se oriente al bien común y llamó a construir acuerdos frente a las desigualdades laborales.
La iniciativa, que reunió a representantes de la Iglesia, sindicatos, empresas y universidades, promueve proyectos concretos sobre inteligencia artificial y trabajo, cuidados, juventudes, transición energética y protección territorial. Durante el encuentro, el dirigente sindical y representante ante la OIT, Gerardo Martínez, fijó la postura gremial con tres principios rectores: «No resistir a la innovación, no aceptar la exclusión y negociar la transición«, tras advertir que un algoritmo jamás debería decidir en soledad sobre el empleo y los salarios.
En su mensaje final, a menos de dos meses de su esperada visita a la Argentina, León XIV enmarcó el debate con una cita de su encíclica Magnifica Humanitas: «Estamos ante la posibilidad de levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos». El Papa advirtió que el desarrollo no debe dejar «nuevas ruinas a su paso» y reclamó un diálogo profundo para definir qué lugar tendrá cada persona en las sociedades del futuro, con especial atención sobre los sectores más vulnerables.
Los propios arquitectos de los modelos de inteligencia artificial más avanzados exigen una pausa técnica. El debate dominó la conferencia anual Dreamforce en San Francisco, el megaevento de la empresa Salesforce que congregó a cuarenta y tres mil personas. Allí fue donde Amodei propuso desacelerar el ritmo de mejora de los algoritmos ante los crecientes riesgos operativos. Frente a doce mil asistentes, el empresario utilizó una analogía con la industria automotriz para exigir responsabilidad a sus competidores: «Obviamente, es muy tentador atacar a tu competidor y decir ‘estos son inseguros, nosotros somos seguros’. Pero creo que la forma más responsable de responder es decir: primero, miremos nuestro propio historial».
La advertencia de Amodei llegó pocos días después de la renuncia de Jacob Coxon, un empleado clave de Anthropic que abandonó la compañía con una dura acusación pública, en la cual afirmó que los laboratorios apuestan «con nuestras vidas».
Para contener estas amenazas, el titular de Anthropic delineó un plan de tres pasos: autoexamen interno sobre transparencia y seguridad, trabajo conjunto para elevar los estándares de la industria y coordinación internacional entre empresas y países. «Creo que esa es la manera de llevar a la industria hacia adelante, dar el ejemplo, decir que todos siempre pueden ser mejores», sostuvo, tras aclarar que la tecnología actual apenas explota entre un 5% y un 10% de su valor económico posible.
El temor sobre la autonomía de los algoritmos cobró fuerza con la confirmación de un grave incidente de seguridad informática protagonizado por Google. La compañía admitió que, durante una prueba técnica de rutina en el mes de mayo, su modelo Gemini vulneró sistemas externos, adivinó contraseñas y logró penetrar en sitios protegidos de tres organizaciones. Heather Adkins, responsable de seguridad de la empresa, confirmó la gravedad del episodio al detallar la dinámica autónoma del programa: «Las tres veces, el modelo se detuvo». La filtración de este caso, investigado de forma interna desde el mes de julio, expuso en la práctica los peligros de pérdida de control advertidos por los especialistas.
Frente a los intentos de autorregulación, un grupo de usuarios presentó una demanda colectiva ante el Tribunal de Distrito del Norte de California contra Anthropic, OpenAI, SpaceXAI y Google. Los denunciantes acusan a las compañías de forjar un acuerdo ilegal para ralentizar el desarrollo tecnológico, en una maniobra que violaría las leyes antimonopolio y perjudicaría a los consumidores de suscripciones pagas.
El abogado patrocinante, Nick Rowley, justificó la acción judicial con una alerta terminal: «La IA escapará rápidamente del control humano y podría acabar con todos nosotros si permitimos que la seguridad y los protocolos de la IA… sean controlados por acuerdos privados y egoístas entre las empresas tecnológicas con fines de lucro más poderosas del mundo».
Para destrabar los pactos de seguridad sin violar normas de competencia comercial, Amodei propuso la intermediación del gobierno estadounidense y la concesión de una exención limitada a las leyes antimonopolio. Altman secundó la idea de un «marco federal que establezca requisitos de seguridad uniformes», aunque aclaró una prioridad del sector: «no creemos que debamos esperar a una exención o legislación antimonopolio para comenzar a generar esta confianza».
Sin embargo, la colaboración empresaria choca con el rechazo del arco político republicano. El senador Josh Hawley descartó cualquier tipo de amnistía legal para coordinar acciones, al advertir que «no existe ningún escenario» para eximir a las grandes firmas de la ley y permitir que sofoquen la competencia del mercado.

Diego Rubio, director del Gabinete de Presidencia del Gobierno, en una comparecencia en el Congreso.
Europa Press.
Política
Publicada 23 septiembre 2026 20:00h
Las claves
Generado con IA
Diego Rubio, jefe de Gabinete de Pedro Sánchez, comparecerá ante la Comisión Mixta de Seguridad Nacional por el cese de la jefa de prensa que informó sobre el asalto a Ceuta.
La funcionaria destituida del DSN publicó la cifra real de 49.000 inmigrantes que cruzaron la frontera, generando malestar en el Ministerio del Interior.
El presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, alertó reiteradamente al Gabinete de Sánchez sobre la crisis, pero recibió respuestas tranquilizadoras y fue instado a no insistir.
Rubio también deberá informar sobre la renovación del sistema de cifrado de comunicaciones de los altos cargos de la Presidencia del Gobierno.
El jefe de Gabinete del presidente del Gobierno, Diego Rubio, tendrá que comparecer en la Comisión Mixta Congreso-Senado de Seguridad Nacional.
El PP ha hecho valer su mayoría en esta comisión para forzar la presencia de la mano derecha de Pedro Sánchez en la Moncloa. Rubio tendrá dos opciones de fecha: el 5 o el 13 de octubre.
El motivo de su comparecencia es el cese de la responsable de comunicación del Departamento de Seguridad Nacional (DSN) por informar de la entrada de miles de inmigrantes en Ceuta.
Se trata de una de las dos destituciones vinculadas a la invasión de la ciudad autónoma: la otra es la del jefe de gabinete del delegado del Gobierno en Ceuta.
El Ministerio del Interior pidió a Rubio la cabeza de la funcionaria del DSN después de que hiciera pública la cifra real de migrantes —49.000 en aquel momento— que habían cruzado la frontera.
Ese dato causó un gran malestar en Interior, porque proyectaba la imagen de una crisis de gran magnitud.
Diego Rubio habría llamado a la directora del DSN, la general Loreto Gutiérrez, para pedir explicaciones. Posteriormente, fue cesada la jefa de prensa que publicó la alerta en la página web del organismo. Esta funcionaria llevaba ocho años en el puesto.
A partir de ahí, la figura de Rubio ha quedado cuestionada.
El presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, ha admitido que advirtió al jefe de Gabinete de Sánchez del asalto masivo que se estaba preparando, pero que éste se limitó a tranquilizarle.
Según Vivas, ante las llamadas que venía reiterando desde el día 27 para alertar al Gobierno, alguien del Gabinete de Sánchez le pidió que dejase de insistir y que no fuera tan “pesado” porque ya estaban en comunicación con los diferentes ministerios.
No fue hasta el día 30, cuando se estaba produciendo el asalto masivo, que Sánchez aceptó hablar con el presidente autonómico.
Además, se reprocha a Rubio haber mantenido sus vacaciones en Japón durante la crisis, mientras Sánchez se encontraba en La Mareta y la situación en Ceuta se iba enquistando.
No es la única petición de comparecencia a Rubio. También ha salido adelante otra solicitud en la que se reclama que informe sobre la renovación del sistema que utilizan los móviles de los altos cargos de Presidencia del Gobierno para el cifrado de voz, mensajería y vídeos.
Diego Rubio ya ha comparecido en esta legislatura tres veces en la Comisión de Seguridad Nacional para presentar el informe que presenta el DSN en cada ejercicio.. Ahora, lo que esperan fuentes parlamentarias es que no ponga objeciones.
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(BUENOS AIRES).- “Esta pelotuda”, se escuchó decir a Wanda Nara al cierre de un móvil de LAM. Wanda Nara protagonizó el 22 de septiembre un cruce con Karina Iavícoli durante la presentación de la nueva temporada de MasterChef Celebrity, el programa que conduce por Telefe.
La presentación a la prensa reunió a varias figuras de la televisión y derivó en una entrevista de la conductora con Ángel de Brito y el equipo de LAM, de América. En el estudio también estaba Nora Colosimo, madre y representante de Wanda Nara, quien forma parte del panel del programa los martes y jueves.
Karina Iavícoli le preguntó a Wanda por su vínculo con Martín Migueles y por las cuestiones legales que lo involucran. El Banco Central lo denunció por operaciones de más de US$250 millones durante el cepo cambiario. La consulta generó la reacción de la conductora, que respondió: “Yo no tengo nada que ver con las cuestiones legales de mis parejas, de mis ex, que culpa tengo yo con lo que hacen mis ex o mis novios”.
Wanda Nara también cuestionó la intervención de Iavícoli cuando la periodista le hizo preguntas a su madre. La conductora le reclamó que al menos la saludara antes de avanzar con el tema y, entre risas, le dijo a Nora Colosimo: “Pero mami, agarrala de los pelos que la tenés ahí. Yo la hubiera agarrado de los pelos. Qué pesada”. Iavícoli le respondió: “Que fea esa faceta tuya violenta”.
La conductora evitó dar una respuesta concreta sobre si continuaba su relación con Migueles. Sí contó que las flores amarillas que había recibido fueron enviadas por él y sostuvo: “Mujeres se tienen que independizar, tienen que trabajar, vivir sus vidas. Y lo que hagan sus parejas, sus ex, un novio, que lo arreglen ellos”. Después agregó: “Si tengo que ir a tomar mate a la cárcel con algún ex… si me cae bien iré, yo que culpa tengo”.
Al finalizar el móvil, Wanda Nara se quitó el micrófono y creyó que ya no estaba al aire. Sin embargo, el insulto salió registrado en vivo: “Esta pelotuda”. Karina Iavícoli respondió en el programa y atribuyó la reacción a la incomodidad por la pregunta: “Se enojó porque le molestó lo que le pregunté”. También aclaró: “Primero, sigue con Migueles. Perdón Nora, no es contra vos”.
Una hora después del episodio, Wanda Nara publicó en Instagram una historia con una imagen del momento televisivo y el zócalo “¿Qué pelot…?”. Junto a la captura escribió: “Uy, quedó abierto el mic”, y tomó con humor que el insulto hubiera salido al aire. Iavícoli, por su parte, sostuvo: “Ser figura como ella lo es, tiene que ver con esto también, una figura también se configura con escándalos, no solo de la parte rosa. Fui respetuosa”.
Para quienes nunca han visto en vivo un partido de fútbol en un campo de Londres, quizá no haya otra experiencia comparable con visitar alguna vez The Den, y a poder ser presenciando un Millwall-West Ham United en el nuevo campo de los ‘lions’ del sureste de la capital inglesa, levantado muy cerca del que fue vetusto fortín industrial, el Old Den.
Aquel escenario aún es recordado hoy por la durísima hostilidad hacia los ‘hammers’ del este, el llamado ‘Docker’s derby’ (‘derby de los estibadores’), un duelo envuelto durante años con la lacra de la violencia de los ‘hooligans’. Es historia viva del país y ese enfrentamiento, recuperado el pasado sábado 14 años después en un clima mucho más calmado y deportivo, llegó a reflejar algunas de las etapas más negras en la histeria colectiva que generó el viejo futbol británico.
La recuperada rivalidad ha sido posible tras el descenso del West Ham a la EFL Championship, donde vive casi siempre el Millwall, lo que ha vuelto a permitir este duelo electrizante y muy pasional, que ambos afrontan con el alma de los colores y bajo los recuerdos del pasado. El nuevo The Den, levantado a escasos 500 metros del viejo estadio, está en South Bermondsey, en el distrito de Lewisham-Southwark, y se inauguró en 1993, sustituyendo al histórico campo de Cold Blow Lane, la calle que, como detalle para los nostálgicos, da nombre a la actual South Stand del nuevo Den. Cualquier buen amante del fútbol debería visitarlo al menos una vez, para rememorar una época, pulsar su ambiente especial, y entender lo que significan las comunidades en el Reino Unido.
En esta ocasión, al margen de los cánticos, burlas e insultos mutuos entre las dos aficiones, que fueron minuciosamente separadas, el partido fue bastante tranquilo y el resultado también, sin ganador (2-2), pese a que el día había amanecido con la alerta lanzada por la Policía Metropolitana, que ordenó un dispositivo especial de 400 agentes, también con perros y a caballo, el cuádruple de lo habitual para un partido en Londres. La atmósfera del nuevo The Den, con un DJ aleccionado para los ‘supporters’ locales, para los que puso a todo volumen ‘A Town Called Malice’, de The Jam, y ‘London Calling’, de The Clash, trata hoy de mantener algo de la intimidación que suponía visitar el viejo estadio del Millwall, cuya cercanía de las gradas al césped y su estructura metálica, incrustado entre las vías del tren, hacían que el ruido retumbara de forma ensordecedora.
La afición del Millwall popularizó allí el cántico y la mentalidad desafiante que le ha distinguido siempre, gritando ‘No one likes us, we don’t care’ (‘Nadie nos quiere, no nos importa’), que reflejaba el aislamiento de sus orígenes obreros y la reputación de fiereza y vehemencia de los llamados ‘lions’ del sureste londinense.

Aunque ya en tiempos modernos sin violencia, este recuperado ‘derby’ local sigue siendo más que un partido de fútbol. No tiene parangón con otros ‘derbies’ de enemistad en Londres, porque la hostilidad en The Den tiene que ver más con la histórica rivalidad portuaria, las disputas vecinales entre el este y el sur de Londres o el esquirolaje durante las huelgas. Las dos aficiones no son tan distintas, porque provienen de los mismos entornos y comunidades alrededor de la Isle of Dogs londinense, en el meandro del Támesis. Como comentaba un seguidor del Millwall, que el West Ham sea el gran rival de siempre solo tiene que ver con los orígenes de un pasado agresivo por marcar dureza y la herencia de las generaciones familiares. ‘You’re brought up on this stuff. It’s your history.” (‘‘Te crías con esto; es tu historia’’).

Muchas personas que creen tener ansiedad padecen en realidad trastorno obsesivo compulsivo (TOC), una condición que combina pensamientos intrusivos y rituales para neutralizarlos, y cuya identificación cambia por completo el tratamiento.
La diferencia resulta decisiva porque algunas estrategias habituales para la ansiedad pueden reforzar el ciclo del TOC, mientras que el abordaje específico busca tolerar la incertidumbre sin realizar compulsiones.
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“Parte del TOC consiste en experimentar sentimientos de ansiedad”, afirmó Simone Leavell-Bruce, doctora en Psicología y psicoterapeuta especializada en TOC, en declaraciones a Women’s Health.
Los síntomas pueden aparecer entre los siete y los 12 años o al comienzo de la adultez, cerca de los 20 años. Una revisión concluyó que las mujeres podrían tener una probabilidad 1,6 veces mayor que los hombres de padecerlo.

“El Trastorno Obsesivo Compulsivo podría graficarse como una mente que se queda atrapada en un bucle de pensamientos que no se puede detener fácilmente. Por ejemplo, una persona podría pensar obsesivamente si cerró la puerta de su casa con llave, y sentir la obligación de volver a revisar una y otra vez para verificar esta cuestión”, explicó a Infobae la licenciada Liliana Traiber (MN 43.326), coordinadora de la Clínica de Ansiedad y Trauma del Departamento de Psicoterapia de INECO.
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El TOC provoca ansiedad, pero no equivale a una preocupación cotidiana ni a una preferencia por el orden y la limpieza. Es un trastorno mental que puede alterar la vida diaria, los vínculos y la percepción de uno mismo.
Según la Fundación Internacional del TOC, afecta a personas de todas las edades y condiciones sociales, y se produce cuando una persona queda atrapada en un ciclo de obsesiones y compulsiones.

“Las obsesiones son pensamientos, imágenes o impulsos intrusivos e indeseados que provocan sentimientos de gran angustia. Las compulsiones son conductas que una persona realiza para intentar eliminar las obsesiones o disminuir la angustia”, explicó la entidad.
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Para que se pueda diagnosticar TOC, este ciclo de obsesiones y compulsiones debe ser tan extremo que consuma mucho tiempo (más de una hora al día), cause una angustia intensa o interfiera con actividades importantes que la persona valora, señaló la fundación.
De acuerdo al Instituto de Neurología Cognitiva INECO, el Trastorno Obsesivo Compulsivo incluye el miedo a la contaminación, la necesidad de orden y simetría, los pensamientos violentos o sexuales no deseados, el lavado excesivo de manos, la verificación y repetición de acciones, entre otros.
Estos suelen ocupar mucho tiempo en la vida de las personas que lo presentan y les causa malestar emocional (ansiedad, temor, angustia).

La ansiedad es una consecuencia emocional frecuente del TOC, lo que puede dificultar distinguir ambos cuadros, afirmó Levi Riven, psicólogo clínico y fundador de Riven Psychology, con sede en Ottawa en declaraciones a Women´s Health. Sin embargo, existen cuatro características clave que diferencian el TOC:
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Mientras la ansiedad generalizada suele enfocarse en preocupaciones cotidianas —el trabajo, la salud, el dinero o una presentación—, en el TOC aparecen pensamientos intrusivos que pueden resultar extraños, tabú o muy angustiantes para la persona.
Por ejemplo, alguien con ansiedad puede temer no haberse preparado lo suficiente para una exposición laboral. Una persona con TOC, en cambio, podría obsesionarse con la posibilidad de insultar a alguien, decir una expresión racista o comportarse de una forma que rechaza profundamente.
Estas obsesiones suelen ser egodistónicas: contradicen los valores, la moral y la identidad de quien las experimenta, explicó Riven.

Las obsesiones suelen ir acompañadas de sentimientos intensos e incómodos como miedo, asco, incertidumbre o duda, o la sensación de que las cosas deben hacerse de una manera “perfecta”. En el contexto del TOC, las obsesiones consumen mucho tiempo e interfieren con actividades importantes para la persona. Este último punto es fundamental, ya que, en parte, determina si alguien padece TOC (un trastorno psicológico) o simplemente un rasgo de personalidad obsesiva", aclaró la fundación.
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El TOC no se limita al lavado de manos, la limpieza o la revisión de objetos. Si bien estas son compulsiones frecuentes, los rituales también pueden ser mentales.
Según la fundación, las personas con TOC realizan compulsiones porque creen que son necesarias para prevenir consecuencias negativas y/o para escapar o reducir la ansiedad o la presencia de obsesiones.
Estas acciones alivian la ansiedad de forma momentánea, pero refuerzan el ciclo del TOC: cuanto más se realiza la compulsión, más relevante y amenazante parece la obsesión.

Según un estudio reciente publicado en Psychological Assessment, realizado a 641 pacientes con TOC, identificó 62 rituales compulsivos distintos entre ellos. Dentro de ellos, la evitación, la búsqueda de tranquilidad, la comprobación y la limpieza/lavado de manos fueron los más frecuentes.
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Las compulsiones en el TOC pueden incluir lavado y limpieza excesivos, comprobaciones reiteradas para confirmar que no ocurrió un daño o un error, y la repetición de movimientos, rutinas o tareas hasta que resulten “correctas”. También pueden manifestarse como rezos, conteos, revisiones mentales, orden de objetos, pedidos de tranquilidad, confesiones o evitación de situaciones temidas, explicó la fundación.
La rumiación —pensar de forma prolongada sobre una preocupación— puede aparecer tanto en la ansiedad generalizada como en el TOC, pero no funciona de la misma manera.

Según Riven, una persona con trastorno de ansiedad generalizada utiliza la rumiación para “anticipar posibles catástrofes y encontrar maneras de prevenirlas”: una persona puede preguntarse cuánto debe prepararse para una presentación o preocuparse por tomar una decisión equivocada.
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En el TOC, la rumiación busca conseguir certeza sobre algo ocurrido o sobre la propia identidad. La persona puede revisar recuerdos, analizar sus reacciones emocionales o intentar neutralizar pensamientos “malos” con otros “buenos” para comprobar que no hizo algo grave o para asegurarse de que ciertos pensamientos intrusivos no sean ciertos.
La terapia cognitivo-conductual (TCC) se considera la mejor terapia para el tratamiento del trastorno de ansiedad generalizada, según el Instituto Nacional de Salud Mental.

La terapia cognitivo-conductual es efectiva para la ansiedad generalizada, ya que ayuda a comprender los temores y a reinterpretar las amenazas, explicó Riven. Pero, en el TOC, intentar encontrar una explicación racional a cada pensamiento intrusivo puede reforzar la obsesión.
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En este sentido, la profesional de INECO agregó: “Una terapia psicológica adecuada puede ayudar al paciente a exponerse a los pensamientos intrusivos y evitar la realización de rituales. Esto ayuda al paciente a perder el temor a los pensamientos, desarmando la percepción de que estos y rituales están conectados, lo cual mantiene el problema. De esta manera, se podrá romper el círculo vicioso de obsesiones y rituales”.
El tratamiento de referencia para el TOC es la terapia de exposición y prevención de respuesta (EPR en inglés), que consiste en enfrentar gradualmente las obsesiones sin responder con compulsiones, explicó Riven. El objetivo no es eliminar toda incertidumbre, sino aprender a tolerarla sin recurrir a rituales.
Existe una gran cantidad de evidencia que respalda la EPR como un tratamiento superior a la TCC convencional para las personas con TOC.
Finalmente, cabe aclarar que algunas personas sí presentan comorbilidad entre ansiedad y TOC. Un metaanálisis publicado en Frontiers in Psychiatry reveló que, de una muestra combinada de 15.808 personas con TOC, el 69 % presentaba una comorbilidad psiquiátrica.
Las más comunes fueron el trastorno depresivo mayor, el trastorno de ansiedad generalizada y los trastornos del neurodesarrollo. En la mayoría de los casos de diagnóstico dual con ansiedad generalizada, los expertos afirman que tratar primero el TOC —como afección primaria— contribuye a mejorar la ansiedad general.
En un nuevo episodio de La Fórmula Podcast, el exfutbolista y exarquero de la Selección Argentina Mariano Andújar reflexionó sobre el retiro del fútbol profesional, la preparación mental para enfrentar el final de una carrera y los sacrificios que implica llegar a la alta competencia. Habló sobre la importancia de la disciplina, el esfuerzo y tener un objetivo claro, y contó cómo fue atravesar el cambio de dejar la cancha y comenzar una nueva etapa.
Además, compartió su experiencia como director deportivo de Banfield, habló sobre el vínculo entre jugadores, técnicos y dirigentes y destacó la importancia de entender a las personas detrás de cada profesional. También reflexionó sobre la paternidad, los aprendizajes que le dejó el deporte y la necesidad de aprender a disfrutar los logros. El episodio completo podés escucharlo en Spotify y YouTube.
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Mariano Andújar es un exfutbolista argentino nacido en Villa Lugano, Buenos Aires, que se destacó como arquero y desarrolló gran parte de su carrera en Estudiantes de La Plata, donde fue capitán y conquistó la Copa Libertadores 2009, el Torneo Apertura 2010 y la Copa Argentina 2023. También tuvo una extensa trayectoria en el fútbol italiano, con pasos por Palermo, Catania y Napoli, y defendió la camiseta de la Selección Argentina: disputó los Mundiales de 2010 y 2014 —en Brasil fue subcampeón del mundo— y las Copas América de 2011, 2015 y 2016. Se retiró del fútbol profesional a fines de 2023, a los 40 años, y desde entonces continúa vinculado al deporte: se desempeñó como director deportivo de Banfield y busca seguir desarrollándose en el ámbito de la gestión futbolística.

—Quiero explorar muchos temas relacionados con tu vida como futbolista, pero también qué pasa después de una carrera profesional en el fútbol. ¿Cómo es tu vida hoy?
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—Bastante tranquila, en el sentido de que no tengo una obligación laboral. Pero sí tengo inquietudes, charlas, reuniones y estudio. Trato de mantenerme informado sobre lo que pasa en lo que me gusta, que es el fútbol. Voy a la cancha a ver partidos, pero la vida está bastante tranquila. Es como ser un jubilado, pero muy joven. Entonces, tengo esos períodos sin actividad hasta que vuelvo a encontrar algún laburo. Es así.
—¿Te encontrás en esta vida de “jubilado”?
—Sí, porque yo lo preparé. Me preparé para el retiro. No es que me sorprendió: lo fui trabajando. Yo sabía que, a partir de los 37, el jugador entra en una fase de retiro que puede durar un año, dos, tres o cuatro, pero no más allá de los 42. Hay pocos jugadores que pueden desarrollar una actividad de manera profesional más allá de esa edad.
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Entonces, usé ese tiempo para prepararme psicológicamente y saber que, al día siguiente, no suena el teléfono. Dejás de ser el jugador que todos quieren llamar para pedirle algo o comentarle algo. Pasás a ser, no un anónimo, pero tu vida cambia 100%.
Yo sabía que iba a dejar de hacer algo que no recordaba no hacer. Desde que tengo memoria, me levantaba a la mañana, iba al colegio y a entrenar. El día después fue un choque al inicio. Pero ahora lo llevo bien porque estoy preparado mentalmente para esto. No me afecta.
—¿Cuáles eran tus preocupaciones en ese momento? ¿Recordás?
—Era si iba a poder disfrutar del tiempo libre y no caminar por las paredes, empezar a tener mala relación con mi familia o sentirme incómodo. No es tan fácil porque, al inicio, por ahí todo es lindo: te vas de vacaciones un mes, algo que antes no podías hacer; te acostás un poquito más tarde, te tomás un vino, vas a ver amigos.
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Hasta que, a los dos o tres meses, decís: “Bueno, ¿ahora qué hago?”. Empieza el torneo y ves que tus excompañeros están compitiendo. Pero no fue algo que me llamara la atención, sino que dije: “Me acomodo”. Empecé a entrenar un poquito más fuerte en mi casa. No tuve nada que me llamara la atención. Fue todo más o menos como esperaba.
—Recién me dijiste: “Hice un trabajo psicológico previo”. ¿Cuál es el trabajo que hay que hacer cuando uno tiene que duelar no solo una profesión, sino también una identidad?
—No lo tomé como que perdía mi identidad. Pero está bueno, no lo había pensado así. Tuve un psicólogo. En los últimos años de mi carrera empecé a trabajar con él para desahogarme, tratar el retiro y tener la valentía de tomar la decisión y dar el paso. Porque parece que fuera algo descontado, pero no. Yo estaba en un muy buen nivel. En mi último partido salimos campeones. Me retiré levantando la Copa Argentina. Y el trabajo que hice, básicamente, era entender que no iba a perder mi identidad. Iba a seguir siendo quien soy, pero esta era una parte de mi vida que tenía que tener un final. Todo tiene un inicio, un desarrollo y un final.
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Ya venía preparándome desde ese lado y, además, tenía muchas inquietudes sobre la dirección deportiva y la gestión. Ahí dije: “Tengo que empezar a darle un poco más de tiempo, desarrollo y fuerza a eso”. Físicamente, mi temor siempre era que el fútbol me dejara a mí y no ser yo quien tomara la decisión de decir: “Hasta acá”. Siempre tuve ganas de que, el día de mañana, cualquiera que se me cruzara por la calle me dijera: “Podrías haber seguido jugando”. Sí, claro, y es verdad. Y no que pensaran, porque no te lo dicen: “La robaste los últimos dos años”. Yo quería tener esa satisfacción de decir: “Lo dejé yo porque quería. Estaba bien, pero le puse el broche de oro. Listo. Me retiré siendo campeón, jugando de titular y siendo capitán. Hasta acá llego”.
Después empieza un desarrollo distinto, otra manera de trabajar la cabeza y de relacionarte. Cuando el deportista de élite se baja de ese lugar, no pasa nada. La vida sigue y vas encontrando nuevas inquietudes. Nada te llena como te llenaba la alta competencia. La alta competencia también tiene sus riesgos: es muy incómoda, no es un lugar grato para estar. Requiere mucho esfuerzo y sacrificio. El otro día escuchaba a Luis Scola, que decía: “No extraño jugar, extraño jugar bien”. Me pasa lo mismo. Me hubiera gustado seguir teniendo el mismo nivel, pero sabía que iba a empezar a decaer. Entonces, era el momento de poner un punto final. Además, jugué hasta los 41, casi. ¿Cuánto le iba a errar? ¿Un año más? Ya no tenía mucho sentido.
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—En esto que me decís: “Nada te llena igual”. Si me pudieras explicar a mí que no tuve nunca esa sensación en lo deportivo, ¿cómo me la pudieras describir? ¿Qué es?
—Es imposible describir la adrenalina que te produce salir a la cancha, tener en riesgo un resultado o un éxito deportivo, y contar con 60 mil personas que te insultan o te alientan, según dónde juegues. Es imposible describirlo. Por eso, después es difícil llenarlo. Hay diferentes sensaciones y momentos que podés disfrutar en la vida. Obviamente, no se termina ahí. Pero esa adrenalina, ese momento que te da ganar o perder un partido, porque también está la angustia que te genera, es muy difícil de describir. Yo no podría hacerlo. Y no lo vas a encontrar más. Después me dediqué a la dirección deportiva. El equipo ganó, tuvimos suerte. Ganó y perdió, obviamente, pero tuve la suerte de traer jugadores al club que funcionaron bien. ¿Es una satisfacción? Sí, pero nada que ver con la otra.
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—Y así como recién me hablabas de todo el costo que tiene ser un deportista de élite y los sacrificios, ¿cuáles te parece que son los que tal vez la gente menos se imagina?
—Ponerte siempre en el centro de todo, por encima de tu familia. El ejemplo más claro es el de Leo Messi en el último Mundial: con el padre enfermo e internado, él siguió compitiendo. Nosotros, por ejemplo, en la final del Mundial de 2014, Enzo Pérez fue papá esa misma mañana y estábamos ahí. Otro ejemplo es el de Dibu Martínez, durante la pandemia: vio a su hija, o a su hijo, no me acuerdo, cuando tenía un mes. Y así, todo. A mí me pasó con mi papá. Falleció cuando yo estaba en Italia y no lo vi durante los últimos seis meses. Entiendo que hay muchas profesiones que también requieren mucho sacrificio y quizá no están remuneradas como la nuestra. Pero lo nuestro, además, tiene la exposición pública y, a veces, el castigo público. La crítica puede ser muy cruel. Y hay que hacer esos sacrificios.
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Yo no me fui de viaje de egresados. Me cambiaba de escuela según el horario que tenía para entrenar. Terminé el colegio a la noche porque quería terminar el secundario, cuando todavía existía el colegio nocturno. Son pequeños sacrificios que, por ahí, un chico de 16 años, en plena juventud y con ganas de salir, no hace. Yo lo hice porque tenía un objetivo bien claro y sabía a dónde apuntaba. También tuve que decirle a mi mujer, cuando teníamos 21 años y ella estaba embarazada de siete meses, que nos íbamos a Italia sin hablar una palabra de italiano, para que mi hija naciera allá. Entonces, esas cosas por ahí no se ven. Uno se queda con la punta del iceberg: ve que el jugador es exitoso y que puede ganar mucho dinero. Pero todo lo que construyó abajo, el 99% de la gente no está dispuesta a hacerlo. Y nosotros sí. Esa es la definición.
—Y es cierto que hay muchas cosas que se desean de ese mundo que se ve. Hoy creo que si vas a un colegio secundario, muchos chicos te van a decir: “Mi sueño es ser futbolista”
—Sí, claro. Pero no tenés que salir a la noche ni estar con tus amigos hasta las 11. Todos los días tenés que entrenar. Si te duele el cuerpo, tenés que entrenar igual. Si tenés algún pariente o amigo que cumple años, lo saludás por teléfono. Si mañana te dicen que te tenés que ir... La primera vez que me vendieron a Italia, en 2005, el viernes me dijeron: “Mirá que el domingo viajás”. Yo no tenía ni bermudas. Todavía vivía en Lugano, en mi casa; no teníamos nada y me tuve que ir con mi mujer embarazada de siete meses. Todavía no existía el teléfono como hoy. Y el 99% de esos chicos que tienen el deseo de jugar no lo hace. Te tenés que cambiar de colegio, olvidate del viaje de egresados: no hay chances. Son un montón de cosas que quien quiere llegar a cierto nivel tiene que resignar, con la expectativa de llegar y tener una buena carrera, porque hay muchos chicos que lo hacen y no llegan.

—Después de todo lo que lograste, tal vez es más fácil decir: “Valió la pena”. Pero cuando tenés 16 o 17 años y todavía no ves ese objetivo que querés alcanzar, ¿cuesta más tener ese norte tan claro?
—Sí, cuesta más. Pero, para mí, después te ayuda para la vida. Si sos disciplinado, apasionado por lo que hacés y tenés un norte claro y fijo sobre lo que querés hacer, aunque no se te dé en el fútbol, en las otras áreas en las que te desarrolles el día de mañana —como preparador físico, por ejemplo— vas a tener la misma obsesión y la misma cultura del trabajo que desarrollaste como joven futbolista, como joven proyecto. Hay muchos otros factores que influyen a la hora de que un jugador trascienda o no. Yo divido a los jugadores que trabajamos en el fútbol de los grandes campeones de la vida del fútbol, que son muy pocos: terribles jugadores.
Después, los demás somos trabajadores del fútbol, que tenemos que ser aplicados, serios y dedicados. Bueno, todo eso te lo da. Si practicás un deporte desde chico, sobre todo uno de conjunto, ni hablar si es individual, te da muchas herramientas para el día de mañana. Si no te tocó llegar, triunfar o tener una carrera en el fútbol de Primera, podés aplicar esas herramientas en otra cosa: en una empresa, en un banco, en lo que sea. Sirve para todo: el trabajo en equipo, el trabajo en grupo y ser una persona metódica y dedicada. No solo para el deporte.
—Recién me nombraste un par de características: dedicado, disciplinado. Más allá del talento, ¿cuáles son las que hacen a un gran jugador?
—Primero tenés que tener talento y después tenés que ser disciplinado, en el sentido de tener orden diario y orden de vida. Está el entrenamiento invisible, como le dicen: la alimentación, el descanso, la preparación y la recuperación. Tenés que ser disciplinado. También tenés que tener pasión por lo que hacés. Yo siempre digo que la disciplina derrama en todo, porque, si sos un apasionado, vas a tener disciplina: te va a nacer. Y si sos un apasionado de lo que hacés, la disciplina te va a ayudar a empujarte un poquito más.
Tu metodología de entrenamiento, levantarte temprano, acostarte a horario, no tomarte una copa de más: todo eso es disciplina, es autocontrol. Es saber que estás en pos de algo que te va a llevar a conseguir tu logro, tu objetivo y cosas importantes. Para mí, lo fundamental, además del talento —porque si no tenés talento no llegás a ningún lado—, es la disciplina. Entender que, para lograr muchas cosas, tenés que estar dispuesto a hacer cosas que el resto no quiere hacer. Lo hablo siempre con mi hijo. He conocido a muchos jugadores talentosos que salían a la noche, no descansaban y les daba lo mismo entrenar. Y llegás hasta ahí. La disciplina mata al talento. A igualdad de condiciones de talento, el más disciplinado va a tener mejores oportunidades y llegará más lejos que el que solo es talentoso.

—En tu caso, ¿naciste siendo una persona muy disciplinada o fue algo que en algún momento te diste cuenta que tenías que construir para llegar a donde querías?
—Me empecé a construir, pero de muy joven, porque a mí se me fue dando todo bastante fácil. Nací en un barrio de Lugano I y II, cerca del autódromo. Ya en primaria me tuve que cambiar de turno porque en Huracán, de donde yo salí, empecé a entrenar a la mañana. Me cambié al turno tarde en cuarto grado. No me importó, no tenía ningún problema. Y mi mamá me decía: “Bueno, aguantemos. A ver qué onda, no sabés con el fútbol”. “No, no, yo quiero ir por el fútbol”, le dije. Entonces, ya lo tenía en la cabeza, me cambié. Después, en la secundaria también me volví a cambiar.
Hice los dos primeros años a la mañana en Flores y me cambié a la noche con toda gente grande, pero porque yo tenía el objetivo ya planteado, que se me iba dando fácil, porque en séptima, octava, o sea, para ponerlo en edades para los que no conocen, a los 15 años más o menos, yo ya entrenaba con el plantel profesional, cosa que es bastante raro. El arquero debuta a los 20 o 21 años. Yo a los 15 ya estaba entrenando con el plantel profesional. Entonces, era más simple, en mi caso, ser disciplinado porque yo veía el objetivo cerca.
Se me iba dando. A los 16 debuté en reserva, que también es la previa a la Primera. Es bastante raro que a los 16 un arquero debute en reserva. Entonces, esa disciplina yo la fui construyendo con el tiempo. Nadie nace disciplinado, me parece. Pueden nacer más serio, menos serio. Pero para mí fue normal no salir a la noche o salir justo cuando se podía, no tomar alcohol, no fumar en la esquina. Se me fue dando más simple porque también la zanahoria la tenía cerca y la veía. Eso fue, fue algo que me ayudó a mí.
—En cuanto a ese norte que vos venías teniendo, ¿fue cambiando a medida que pasaron los años? A veces uno va alcanzando cosas que en su momento parecían difíciles o imposibles y necesita ponerse otra zanahoria
—Sí. Yo siempre digo que a veces hay que frenar un poco y disfrutar de lo que lográs. Pero en el fútbol y en la alta competencia, creo que siempre es difícil disfrutar, porque todo el tiempo tenés nuevos objetivos. Mi objetivo primero era llegar a Primera. Cuando llegué a Primera, ya estaba en el plantel, quería jugar. Cuando empecé a jugar, quería que me vendan al exterior. Cuando me vendieron al exterior, quería estar en la Selección. Y cuando estaba en la Selección, quería jugar. Y cuando estaba en la Selección, quería ir al Mundial. Y después quería ir al otro. Quería salir campeón y después quería ser el jugador con más partidos en la historia de Estudiantes, que tenía la posibilidad.
Entonces, siempre la zanahoria se te va alargando un poquito más en distancia o siempre que agarrás una, aparece una nueva. Yo creo que en cierto nivel de deporte siempre hay una nueva obligación, un nuevo desafío. Yo no disfruté nunca jugando al fútbol. Nunca disfruté. Era una discusión que yo tenía con Gaby Milito, que él decía que había que disfrutar y yo le decía: “No puedo disfrutar, Gaby, porque yo estoy en una posición de la cancha que estoy al borde del ridículo todo el tiempo y hago perder al equipo. O sea, si yo cometo un error, el equipo pierde por culpa mía. Entonces, esa mochila no me permite disfrutar”.
Nosotros tuvimos la suerte de salir campeones de la Copa Libertadores en 2009, un 15 de julio. Yo el 17 de julio me estaban presentando en Catania. Festejamos el 16 y al otro día viajé y ya estaba presentándome. Siempre los desafíos en la alta competencia están a la vuelta y duran poco. Las victorias duran poquísimo. Deberían durar poco las derrotas, pero esa te la llevas con vos. A mí me costó disfrutar y disfrutar el momento de decir: “Bueno, llegué a Primera, qué bien”. ¿Cuánto disfrutás? Una semana.

—Me gusta la analogía de que mañana siempre hay un nuevo partido, no importa a qué te dediques. Pero creo que uno no se toma ese tiempo para disfrutar algo que le costó mucho y ese “mañana hay otra cosa” tampoco te deja soltar lo que fue una derrota
—A mí, en el último tiempo, que por ahí tengo más tiempo para leer, para analizar algunas cosas o para pensar, digo: “Me hubiera gustado disfrutar mucho más esto”. Yo fui a dos mundiales y estaba fastidioso a veces porque no había jugado un partido, no me había tocado jugar. Entonces, yo me sentía mal en vez de valorar haber sido uno de los tres arqueros de la Selección Argentina durante 10 años, prácticamente, que me convocaron siempre.
Pero si me hubiera gustado jugar más, en vez de valorar lo otro. Nosotros tenemos un enfoque, porque no tenemos un chip. El chip sería más fácil, te lo sacás y te ponés otro. Estamos enfocados para la alta competencia, seteados de esa manera. Es todo el tiempo querer algo más. Y en el mundo del fútbol a veces conformarse con algo te lleva a que el otro que no se conforma te pase por arriba. Es lógico y es verdad, vos tenés razón, hay que disfrutar un poco más, pero se hace difícil cuando la bola va tan rápido y el mundo del fútbol va tan rápido, que si vos te quedás mucho pensando en algo que lograste, se te pasa lo otro. Es complicado.

—Son las dos caras de una misma moneda. Cuando estás tan apresurado, vas hacia algo y tenés muy claro adónde vas, necesitás cierta velocidad. Pero el costo de esa velocidad es nunca detenerte a mirar a los costados
—Nunca. Y pasa, totalmente. La analogía puede ir para el CEO de una compañía que está enfocado en que esa compañía crezca y deja de lado su familia, sus colegas, su propia vida, su propio bienestar y va enfocado en algo. El gen competitivo del ser humano es así y te lleva a eso. Hay poca gente que pueda tener la capacidad de bajar un cambio, analizar y compartir una buena experiencia y sentirse contento porque salió segundo. Poquísimos. Con el tiempo, sí. Con el tiempo todo eso se valora, porque te alejás un poco del momento, de esa vorágine que te llevó y mirás y decís: “Bueno, esto lo hice muy bien, acá llegué bien”. Pero la perspectiva del tiempo te lo da cuando hacés una revisión general.
En ese momento que estás enroscado ahí, a vos te debe pasar hoy, querés llegar a ser la número uno. Y no está mal. Obviamente que hay gente que puede tener una mayor capacidad de disfrutar el proceso de llegar y de disfrutar cada momento. A mí no me pasaba, era un sufrimiento cuando salía a la cancha, era pensar de cómo hacer para que esto salga bien, de recuperarme para poder estar enseguida al otro día disponible, con un dolor tratártelo todo el tiempo. Tenés cansadas las piernas o tenés una lesión en el hombro y te dicen: “Tenés que descansar”. “No, infiltrame porque tengo que jugar igual porque necesito jugar dentro de dos días. Entonces, infiltrame, sacame el dolor o acelerame la recuperación, porque yo tengo que jugar”. Es la vorágine y la rapidez que va es difícil. Estamos seteados con un gen competitivo y queremos ganar. Es así.
—¿Dónde encontrás hoy una manera de expresar tu gen competitivo?
—Juego los sábados al fútbol, con un grupo ahí donde vivo y es gente que va a divertirse y yo me desespero por ganar (risas). Que está mal, pero me pasa. O cuando entreno en el gimnasio trato de ordenarme bien con las comidas y de empezar a mantener un peso que es difícil porque dejás de tener una actividad diaria de aeróbico y de musculación a tenerla mucho más de musculación y eso hace que crezca un poco más el peso. En eso digo: “Bueno, compito conmigo mismo, quiero bajar de peso, quiero hacer esto, quiero estar más marcado”, cualquier cosa. Quiero levantar más peso en una sentadilla, lo que sea, pero luego conmigo, porque estoy aprendiendo tenis porque quiero competir contra alguien, pero todavía no quiero jugar contra nadie porque sé que voy a perder (risas).
—Pero en algún momento vas a tener que perder un partido para...
—Tener la sensación de perder. Sí, es verdad. Pero ahora voy a perder 6-0, 6-0. Entonces, quiero por lo menos pelearla.
—Sé que tenés un hijo que es arquero, ¿cómo hacés para transmitirle todo esto?
—Es difícil. Trato de no invadirlo. Él tiene su entrenador de arqueros del club, tiene su técnico, tiene las personas que le están guiando su camino y tiene 15 años. Cuando juega le pregunto si quiere hablar del partido y tratamos de charlar. Lo que yo veo trato de decírselo, pero no me gusta invadirlo porque yo para él no soy el Andújar que atajó en la Selección, soy papá. Entonces, como todos con nuestros padres, pensamos que no saben nada o que no entienden. Trato de ayudarlo a cuentagotas. Me gustaría ayudarlo más, me muerdo la lengua, obviamente.
Cuando voy a la cancha también no hablo nada, no opino, no grito, nada. Es difícil para mí mantenerme callado y tratar de decirle las cosas, o tratar de encontrar la palabra justa para que no se sienta súper invadido. Me cuesta el día a día, me cuesta porque quisiera decir un montón de cosas, pero también tengo que entender que tiene 15 años y tiene que hacer su propio camino, pegarse la cabeza contra pared, equivocarse. En el arco vos vas creciendo cuando te equivocás, cuando cometés un error que te cuesta un partido, que te cuesta un gol. Por más que yo se lo diga, él lo tiene que cometer.

—Y en cuanto a lo que es: “Mirá que si seguís este camino, estos son los costos”. ¿Con eso sos muy claro?
—Sí. Lo que yo dije recién es en cuanto al campo de juego. Afuera le marco el límite. Afuera sí soy estricto: “Si mañana jugás o si no jugás, si vas al banco, a las 11 tenés que estar durmiendo o a las 10.30 tenés que estar durmiendo”. Y la contestación una sola vez fue: “Si mañana no juego”. “Vos no lo sabés, porque mañana el arquero que está atajando de titular tiene un inconveniente en el primer minuto del partido y tenés que entrar. Entonces, vos no sabés si no jugás. Después vemos. Vos preparate para jugar siempre”, le dije.
Siempre hay que prepararse para ser el titular, siempre hay que prepararse para estar disponible desde el primer minuto. Después está el técnico que decide quién sí y quién no. Es lógico como en cualquier lado. Pero en cuanto a la alimentación, los cuidados personales, el entrenamiento en casa que tiene que tener, porque a veces hay dos días que no entrena: “Bueno, vamos, vení, vamos a hacer algo”. El descanso y el colegio, obviamente, es clave. En eso soy como soy yo en mi vida: disciplinado.
—Exigente.
—Exigente. “La alimentación es esta”. “Vamos a comer un McDonald’s”. “No, jugás dentro de dos días. McDonald’s lo comemos el sábado a la noche, si querés”. Te falta una semana. Desde ese lado sí trato de enseñarle, con el ejemplo, obviamente, porque yo soy así, y con la palabra también, con las dos.
— Hay algo que te escuché contar que vos lo llevabas a entrenar a un lugar para mostrarle que la vida no era...
—La realidad diferente que él vive hoy. Te dije antes yo soy de Lugano I y II, que es un barrio que trato de ayudar siempre cuando organizan torneos. Entonces, muchas veces lo llevo conmigo para que vea otra realidad de lo que a él le toca vivir hoy. Y en el mundo del fútbol siempre está el dicho de: “Este tiene calle, tiene potrero, tiene hambre”. Y hoy mi hijo no tiene ni calle, ni potrero, ni hambre, por suerte. Pero sí tiene deseo. Entonces, hay que encontrarle esa motivación para que él llegue a Primera o para que él pueda cumplir su objetivo, sin que tenga que pasar necesidades que por ahí yo pasé o que pasaron un montón de chicos y que por ahí no teníamos tanto. Bueno, él no las tiene esas.
A igualdad de condición y de talento, si mi hijo duerme bien en una buena cama, no pasa frío, se alimenta bien, tiene un acompañamiento de su familia, debería tener mejores herramientas para desarrollarse mejor en su carrera que el que no lo tiene, lamentablemente. No puede ser que solamente la motivación de que porque tiene hambre lo lleve a triunfar en algo y este que no lo tiene no. Entiendo en la parte que dicen: “Bueno, este está dispuesto a hacer más cosas para lograr algo, que este no pasa nada si no llega a Primera, si no gana plata y si no triunfa en el fútbol, total va a vivir bien igual”. Lo entiendo.
Entonces, ¿por dónde le entro con la motivación? ¿Cuál es el objetivo de él? Porque sino hay un montón de chicos que viven en country o que son de barrios más acomodados que no pueden jugar al fútbol. ¿No pueden hacer ningún deporte porque no tienen hambre, porque no tienen necesidades? Porque además ya nos vamos a un mayor porcentaje y perdemos talento, porque tiene que haber jugadores con talento de este lado igual que de este lado. No dejemos de lado a ninguno de los dos. No los discriminemos, porque al final es la misma discriminación. No discriminemos porque uno tiene un mejor pasar económico que uno que no, solo por el hecho de que este tiene hambre y este no. Hay que encontrarle otra vuelta, hay que encontrarle algo, algo que lo motive para poder cumplir su objetivo y su sueño, que sea jugar en primera, jugar en Europa, lo que sea, sin tener la necesidad de que la condición sine qua non para jugar en primera sea tener que tener hambre. No existe.

—En tu caso, ¿vos sentías que lo que más te motivaba era el estatus económico de pasar a algo mejor?
—No. Estamos hablando 30 años atrás, yo tengo 43 ahora. La cultura y la sociedad, sobre todo en los chicos, había diferentes deseos, no solamente ser jugador de fútbol. Hoy, el 95, 96 o 97 por ciento de los chicos quiere ser jugador de fútbol. Antes estaba más diseminado, estaba más abierto, no había tanto deseo de ser jugador de fútbol sí o sí. En mi caso, se me fue dando natural. Empecé en Yupanqui, que es un club que está ahí dentro de Lugano. Me fui a Huracán porque un amigo me dijo: “Vamos a Huracán, que está la prueba”, y me empecé a desarrollar. Nunca me imaginé una cuestión económica. Siempre mi deseo era jugar, jugar más, un poquito mejor, llegar a Primera.
Y después sí te encontrás en un momento que decís: “Bueno, tengo un buen pasar, puedo permitirme un montón de cosas, regalarle cosas a mi familia, puedo sacarlo y comprar una casa mejor”. Fue una decantación de eso. Yo veo que hoy, la sociedad, sobre todo la parte del fútbol, de los más chicos, están con los representantes desde que tienen 12 años. O le dan una casa para los padres, un trabajo. Ya se transformó en un business muy grande desde muy chicos. Entonces, llegan esos pibes a los 20 años y si no llegaron al nivel que el representante pensaba, los dejan medio en banda. Hoy es un negocio mucho más grande, que reparte mucha más plata y que involucra a mucha más gente. En mi época, no. Lo mío fue natural, fue más normal, fue algo que se fue decantando solo.
—Cuando murió tu viejo, hacía seis meses que no lo veías. ¿Fue algo que te recriminaste durante mucho tiempo, que te costó procesar, o fuiste benévolo con vos y dijiste: “Era mi situación y no podía hacer otra cosa”?
—No. Me costó. Yo lo vi a mi papá en diciembre y me fui porque empezaba la segunda parte de la temporada en Italia. Nace mi hijo en mayo y teníamos que esperar un mes por el tema de los oídos para volver para acá. Y ahí es cuando mi viejo se muere. No sé qué otra cosa podría haber hecho, eso es verdad. Pero estuve un tiempo muy mal. Yo volví directamente para ir al velatorio de mi papá, porque cuando yo saco pasaje mi viejo ya había fallecido. Me avisan que estaba internado, saco pasaje en ese momento y cuando voy para el aeropuerto ya me avisaron que había fallecido.
En el viaje me tomé dos pastillas para dormir, que son fuertísimas y no me dormí. Me acuerdo que hice todo el viaje despierto, terrible, que obviamente cada uno reacciona como puede. Me bajé del avión, me fui a buscar a un amigo, fui directamente al velatorio. Y dos días después me fui a concentrar con la Selección porque jugamos la Copa América. A mí me fue difícil, el primer mes de mi hijo la pasé mal. No pude tener conexión al principio porque estaba todavía mal con lo de mi papá. Yo no sé qué hubiera podido hacer diferente, pero sí que fue durísimo y que me costó y que me cuesta hoy todavía no haber podido compartir o que no haya conocido a mi hijo. Me costó. Es difícil de explicar porque en esa situación no hubiera podido hacer nada yo diferente a lo que pasó.

—A la mayoría de las personas, cuando les toca atravesar algo así, la vida las obliga a seguir con su rutina. Después de que fallece alguien, también tenés que volver a tu casa, sentarte y comer. Es parte de la vida también
—Totalmente. Eso es verdad. La vida sigue todo el tiempo, no espera nada. Y también es verdad que cada uno reacciona distinto y no está ni bien ni mal. Yo tengo mis hermanos, que ninguno va al cementerio y a mí me hacía bien. Yo me reencontraba. Ahora ya lo dejé de hacer porque si bien me reencontraba en el momento, después estaba un día destruido. La vida no espera a nadie y pasa lo mismo en el fútbol. Yo me retiré y a los 10 días, Estudiantes está jugando. Ahora va a pasar con Leo, se retira la Selección, la Selección va a seguir jugando. O sea, todo sigue. Pero se engancha también a lo que hablábamos antes de la competencia. ¿Me podría haber tomado más días para poder estar con mi familia, con mi mamá, esperar a mi familia, a mi mujer que volvía de Italia para estar con ellos y abrazarlos? Sí.
¿En qué lugar yo me sentía más cómodo en ese momento que necesitaba? Adentro de una cancha. Descargar, no pensar tanto, porque en la alta competencia vos, por lo general no pensás, estás actuando todo el tiempo. Necesitaba estar en actividad, en movimiento y no quedarme como decís vos. ¿Que hace te encerrás en una pieza? No va a cambiar en nada. Uno necesita siempre hacer duelos de diferentes maneras. Mi manera fue esa. Después te lo llevas con vos, es una mochila que vas cargando. Igual el tiempo te pone en una perspectiva mejor. Los que se van terminan siendo más buenos siempre.
Entonces, con el tiempo vos recordás mejor, estás más tranquilo. Por ahí en el momento tenés broncas con vos mismo y después decís: “No, bueno, pará, pero yo fui un buen hijo”. Para mí todo se reduce a que se necesita tiempo para que las cosas maduren, para que uno pueda desarrollarlas en su cabeza y pensarlas mejor. La vida es muy larga, en realidad. Parece corta, pero es muy larga. Hay un montón de tiempo para todo. Y cuando vos tenés un vínculo tan fuerte con otra persona y la perdés, parece poco. Yo tuve la suerte de que mi papá me pudo ver hasta que fui a un Mundial. Eso es bueno. En el mismo lado está mi hermano, que no lo pudo disfrutar tanto porque tenía 19. Y del otro está mi hermana, que le dio tres nietos y lo vio. Igualmente todos pensamos que es poco y es la misma línea de tiempo. Cuando compartís tanto y querés tanto a una persona, todo te va a parecer poco. Después, cada uno tiene que hacer su duelo como pueda.
—Volviendo un poco a tu vida como hoy exdeportista, hoy que podés hacer como ese zoom out y mirar un poco con perspectiva, ¿qué lecciones del deporte hoy te ves aplicando a tu vida?
—Siempre volvemos a la misma palabra: a la disciplina.
—¿Es lo que más te define hasta el día de hoy?
—Sí. Yo soy un tipo que a la mañana entreno, que si tengo que hacer una tarea de inglés, porque trato de mejorar, me pongo a hacerla. Leo libros porque me interesa algún tema en especial, voy y lo leo y hasta que no lo termino estoy ahí. Yo creo que la disciplina, te ayuda en la vida en general. Una persona metódica que tiene los parámetros claros te sirve para todo. Es fundamental. Desde el cuidado personal, porque quiero vivir todo lo que pueda de la mejor manera posible y para eso hay que cuidarse, hasta para estudiar y para mejorarme en mi carrera. Todo el tiempo hay que poner un ladrillito más. Hay un dicho en Italia que dice: Roma no se hizo de un día para el otro. Bueno, es todo el tiempo construirse... Piano piano si arriva lontano es el dicho.

—¿Qué cosas hacés para ser mejor? Recién me dijiste: “Estudio inglés”. ¿Por qué?
—Porque quiero aprender bien hablar inglés. Tuve la experiencia de ser director deportivo en Banfield y tener que tratar con árabes, con rusos. El idioma universal es el inglés. Entonces, si bien son palabras muy específicas y son temas que se te acota un poco el vocabulario, prefiero saberlo bien. A parte tengo a mi hija que vive en Estados Unidos y ya me imagino que si en el futuro tiene un hijo o una hija y se cría allá, yo sé que ella le va a tratar de transmitir su idioma. Pero también me pasó de vivir en Italia y mis hijos, hasta que no volvimos para acá para Argentina, hablaban italiano. Y, a mayor cantidad de tiempo que pasas allá, vas perdiendo un poco la fluidez de tu idioma. Entonces, si necesito el inglés para hablar con mi nieto, ¿qué hacemos? Que está lejísimos, ¿no? Pero bueno, yo quiero aprender bien inglés. Ya sé hablar bien italiano, hablo bien español, quiero hablar bien inglés.
Después entreno. Entreno porque quiero estar bien físicamente, primero porque me gusta y después porque creo que te hace bien a la cabeza y te hace bien a la salud. Leo porque es necesario siempre agrandar el vocabulario sino te vas quedando corto de palabras y no podés expresar lo que vos sentís o lo que vos podés saber. Hay una cosa de Julio Velasco que me gusta, que él decía que uno no es lo que sabe, sino lo que puede transmitir. Entonces, si yo sé 50, pero transmito 10, sé 10. Ahora, si yo sé 20 y transmito 20, ya le gané a este, que es mucho más capaz que yo. Eso te lo da leer diferentes tipos de temáticas, no solamente una. Todo eso yo lo hago y porque me gusta y aparte porque me entretiene para matar el tiempo (risas).
—¿Recordás un libro que te haya impactado, que te haya dejado algo?
—Ética para Amador es un libro chiquito, lindo. Me lo recomendó mi psicólogo cuando estaba en un momento y me encantó. Ahora estoy terminando el libro del Indio Solari, Recuerdos que mienten un poco, que es una biografía más que nada y unas conversaciones con él. El libro de El camino de la libertad, de Mandela, es muy bueno. Y después trato de leer un montón de libros. Ética para Amador es el que más me marcó porque me gustó siempre.
—¿De qué trata?
—De un padre que le va enseñando cosas al hijo sobre cómo manejarse en determinadas situaciones. Es un librito chiquito, más bien para una lectura fácil.
—¿Y qué te gustaría vos dejarle a tu hijo? Si le pudieras transmitir algunas cosas que te hubiese gustado saber de chico
—A mí me encantaría que él escuchara más de lo que yo tengo para decirle, pero con nosotros, con nuestros padres, no los escuchamos hasta una cierta edad. Hoy está en esa etapa de que está bajando al padre del pedestal, que tenemos todos a una determinada edad y que no entiende nada. Quizá dentro de 10 años, como me pasó a mí con mi papá, vuelvo otra vez a estar en ese lugar. Más que nada el ser buena gente, ser honesto, una persona honesta, una persona responsable, seria. A mí me encantaría que él pueda tomar eso. Porque después ser mejor o peor en una cancha de fútbol, poca gente se lo va a acordar.
Lo importante es ser buena gente, buena persona, intentar tener valores claros, ser honesto con los que te rodean y en base a eso ya perduras un poco más en el tiempo, porque la cancha se termina y si jugaste bien o mal, algunos se van a acordar un poquito más, otros un poquito menos. Cuando te preguntan, a mí me ha pasado ser director deportivo, vos llamás a una persona para que te dé una referencia, no llamás para que te diga si trabaja bien o trabaja mal. Te llama para que te diga si es buena gente o no, si podés confiar o no. Así que para mí es eso, ser confiable, ser amigo de sus amigos de verdad, ser directo, eso es importante, no dar vueltas. Para mí es algo clave eso.

—¿Recordás alguien que para vos haya sido un mentor?
—En la vida creo que tuve algunos entrenadores que me ayudaron mucho. Mi papá siempre fue un tipo muy honesto, muy recto, muy querible. Yo tomé mucho de él de esa parte. Y después dentro de lo que es el ambiente del fútbol, tanto Alejandro Sabella, como Mihajlović, que lo tuve en Catania, el Cholo Simeone, es gente que me enseñó. Algunos me enseñaron a entrenar, otros me enseñaron a competir, que es muy diferente. Otros me enseñaron a sobrellevar algunas situaciones más difíciles, dentro de un campo de juego, porque te pasa que vos empezás a dudar de vos mismo. Por lo general, a todos les pude robar algo. Ahora, en la última etapa, Eduardo Domínguez, una persona que me abordó en mi última etapa de jugador desde otro lado. Entonces me permitió tener otra relación con él, de técnico-jugador completamente distinta y que todo se reduce a la parte humana.
—Aun ellos siendo entrenadores de fútbol
—Totalmente. Aun ellos buscando ganar, buscando ser los mejores y teniéndote que decir cosas que no quieren o que hiciste mal, todo se reduce a la parte humana. Al final, vos tratás con personas. Lo mismo pasa en las empresas. Yo entiendo de comprar y vender jugadores, entiendo de scoutear un jugador joven. Ahora, más entiendo de personas. Porque detrás del jugador, detrás del profesional o detrás de un empresario hay una persona. La IA que viene con todo, está perfecto. Atrás de eso hay alguien que está gestionando esos datos, que está corrigiendo, que está recolectando una inteligencia artificial. Hay que entender de esa persona.
Hay que tratar de saber siempre de personas, para mí. Y de emociones que esas personas tienen y de cómo gestionás, porque todos somos diferentes. En el deporte de conjunto, sobre todo, hay una mentira grandísima que es: “Somos todos iguales”. Llega un técnico y dice: “Para mí son todos iguales”. Una gran mentira. Porque no somos todos iguales. Todos tenemos diferentes intereses, edades, problemáticas y diferentes historias dentro de ese deporte. Hoy llegó el Kily González al Inter Miami. ¿Qué les va a decir? “Son todos iguales ustedes”. Está Messi ahí. No son todos iguales. Entonces, en base a eso, uno tiene que aprender a tratar con una persona de 40 años que está en su última etapa de carrera y con uno de 18 que recién está arrancando. A mí me pasó siendo capitán: tratar de acomodarme a todas esas problemáticas diferentes que había y de entender a cada uno, y unir todas esas voluntades en un bien común, que es ganar. O, en una empresa, puede ser tener un gran año económicamente.

—¿Y eso cómo se hace?
—Escuchando, entendiendo que cada uno es diferente. No juzgando porque tengan diferentes objetivos. Vos tenés tus intereses, yo tengo el mío, ella tiene el de ella. El bien común es uno. Hay que unir esas voluntades para que entre nosotros nos llevemos bien, porque al final, cuanto mejor relación interpersonal hay, más fácil es que todo fluya. Pero para eso no tenés que juzgar a nadie. Porque si yo ya llego con una idea, con un preconcepto tuyo, ya arrancamos mal. Hay que escuchar, hay que prestar atención a las señales que hay. Hay que mirar. Es difícil. A veces, cuando son grupos más reducidos, es más fácil. Cuando tenés 25 o 30 jugadores, es un poco más complejo, pero se puede.
—¿Recordás algún momento en el que vos necesitabas eso siendo jugador y que alguien te ayudó?
—Vuelvo porque es lo más reciente, que es lo más fácil de recordar. El último año mío de carrera llega Eduardo Domínguez después de un mal inicio de torneo, en el cual yo tampoco había tenido un gran inicio. Y yo ya tenía medianamente en claro que a fin de año me iba a retirar. Y él, desde que llegó, me empezó a hablar de otras cosas. Hablamos de vinos que nos gustaban a los dos, pero yo le decía: “Sí, Eduardo, pero yo...”. Dice: “Bueno, pero después dentro de dos años te lo vas a poder tomar. Este vino probalo”. O: “Quiero hacer esto”. O me llamaba por teléfono y hablábamos. Me abordó desde otro lado y a mí me ayudó un montón porque me sacó una mochila, un peso que yo tenía de hacerme responsable de un montón de situaciones que no necesitaba, que las podía abordar él.
Como también después tuve en el tiempo charlas con él, cuando ya me retiré, que él me decía: “Y vos a mí me ayudabas porque yo cuando entraba al vestuario y quería decir algo, vos ya lo decías”. Entonces decía: “Listo. Ya lo dijo Mariano, me sacabas un problema”. Entonces, como que nos ayudamos mutuamente, capaz sin saberlo. Pero bueno, hay personas que tienen ese don. Sabella era igual, el Cholo, desde otra perspectiva, muy parecido. Son tipos que te ayudan hasta por ahí sin darse cuenta, porque son así y te sacan una mejor versión. Yo creo que el técnico tiene que sacar una mejor versión de cada uno de los jugadores. Algunos serán un ocho o nueve, jugadores de selección; otros serán esto. Pero ya si le sacaste poco más, y al otro también, y al otro también, ya el equipo crece.

—Hablame de tu rol como director deportivo.
—Básicamente, es la pata más dirigencial de la parte de fútbol y la más futbolista de los dirigentes. Está en el medio. Es el que tiene la información económica y la bajada de línea del club, qué es lo que quiere, y la parte que sabe lo que el técnico quiere para poder potenciar ese equipo. Entonces, estás ahí para bajar una línea, sea futbolística, económica, de comprar y traer jugadores, del técnico... El objetivo de todo es ganar primero partidos y después darle un rédito económico al club. Depende del club que te toque estar, es más fácil o más difícil, y el objetivo es más económico o más deportivo.
Eso va a depender del club que te toque. A mí me tocó en Banfield. Nosotros pudimos traer muchos jugadores a muy bajo costo: Augmendi, Arboleda, Mauro Méndez, Acero, Martín Río, un montón de jugadores que se desarrollaron bien y que nos dieron grandes cosas. El club pudo vender y después, ganando partidos, nos falló esa pata, porque el fútbol a veces... Lo más difícil es poder conseguir el resultado, porque pega en el palo y sale, y perdiste, y parece que nada sirve. Pero bueno, es un rol que gestiona prácticamente toda el área de fútbol junto con el presidente, obviamente.
—Te paraste como del fútbol, pero desde otra cara. ¿Qué viste que no veías como futbolista?
—Todo. El futbolista, en su rol de futbolista, tiene un solo pensamiento, que es mejorarse a sí mismo. Obviamente que quiere ganar, pero el jugador entrena, hace su recuperación, almuerza o hace lo que sea y se va a su casa, y mañana vuelve. Como director deportivo, tengo que pensar en ese jugador, en el técnico, en qué jugadores vamos a traer en el próximo mercado para potenciar este equipo que estamos teniendo ahora. Charlar con los dirigentes para pasarles el parte de lo que se hizo ese día; las juveniles, ver cómo están desarrollándose, si están siguiendo el plan que teníamos que tener; si los técnicos están mejorando a los jugadores que tenemos en juveniles; si el coordinador está bajando la línea que tiene que bajar; el kinesiólogo, si está tratando al jugador como lo tiene que tratar y cuánto tiempo le lleva y por qué no está.
Los proveedores, la gente de marketing, ver cómo hacemos alguna campaña para que nos bajen los costos del almuerzo, por ejemplo, o de alguna máquina que necesitemos para la parte kinesiológica. Es más global. El problema te lo llevás a tu casa: es 24/7, todo el tiempo director deportivo. Cuando el jugador es: entreno, hago lo mío y me voy a mi casa. Son momentos de la vida. Está perfecto que sea así. Yo era así. Cuando pasás para el otro lado, te encontrás con un montón de cosas que sabías que iban a ser así, pero hay un momento en que te avasallan. No te para de sonar el teléfono. Si no ponés un límite, es terrible.
—Marian, voy a hacerte las últimas preguntas. ¿Sos una persona espiritual, creés en algo?
—Yo creo que soy agnóstico. No tengo pruebas, pero también creo que no lo sé. Entonces, no puedo certificar nada. Entiendo que puede haber algo más. No tengo una prueba, tengo un montón de preguntas. Sí leo mucho, sobre todo de budismo y de ese tema. Me cuesta entender que, si hay algo mucho más allá y que quiere el bien de todos, pasen ciertas cosas. Entonces, no me gusta esa de que Dios le da las mejores batallas a...

—A sus mejores soldados
—Claro. Eso es muy injusto. No me las des esas, dejá. Dáselas a otro. Entonces, me cuesta eso, pero sí soy una persona que respeto a todos y me emociono. Cuando me pude encontrar con el papa Francisco estuve dos veces y es emocionante, pero también me fue muy emocionante cuando fui a la mezquita del Rey Hassan, en Marruecos. Es imponente y quiero ir al Muro de los Lamentos. Es imponente esa situación. Tengo una amistad con un rabino muy famoso en Panamá, que creó un método para luchar contra la ansiedad. Él dice que funciona bárbaro. Yo no tengo ansiedad, pero hemos generado una amistad y también me parece alguien fantástico. Me parece fantástica la gente que cree y que tiene esa devoción por algo.
—Más allá de lo que creas que hay ahí arriba, ¿hay algún momento en donde vos te conectás con un ritual que te haga bien a vos?
—No. A ese punto no. Sí, cuando jugaba, después de que falleció mi papá, yo le pedía no lesionarme, solamente. Siempre que yo salía a jugar, siempre pedí no lesionarme en la cancha. Después, como saliera el partido y mis actuaciones eran secundarias ya. Lo único que yo pedía era no lesionarme para poder seguir jugando. Lo mismo que volvemos a lo anterior, ¿no?. Es una enfermedad. Sí soy tranquilo, sí me conecto con la naturaleza. A la mañana salgo y me voy afuera, por más que haga frío, respiro un poco y arranco. Sí me gusta estar en contacto con algo así, tranquilo, música tranquila, todo, pero no soy un tipo espiritual.
—Tu gran motor fueron los objetivos, las zanahorias, el moverte, el ir para adelante. ¿Hoy dónde está eso depositado? Si me tuvieras que decir: “Hoy mi norte se ve así, hoy mi vida idílica la imagino así”.
—Mi norte está en mejorarme como director deportivo, como gestor deportivo, estar gestionando en el fútbol y tratar de hacer carrera en eso. Entiendo que tengo que empezar y arrancar y estar en esa rueda que a veces es difícil, que es la industria del fútbol, y en estar con mi hijo. O sea, en esas dos fases. Mi hija se fue a estudiar a Estados Unidos, ya está en su momento, pero tengo los objetivos claros. Sé lo que no me gusta, que es ser director técnico. No me encanta hoy. Quizá más adelante sí. No me pongo barreras.
Pero sí está en la parte de mejorarme como director deportivo, como una persona, mejorarme como profesional, tener más fluido el inglés, tener contacto con más personas, que a veces es difícil porque llamás, te reunís y charlás. Está ahí puesta. Es otro enfoque, pero lo llevo bien, lo llevo tranquilo. A veces, disfrutar. Este año me tocó viajar mucho. Tratar de aprovechar el momento, porque después, cuando empezás a trabajar, como decíamos antes, 24/7, no se puede. Entonces, tengo el enfoque puesto ahí: en tratar de pasarla bien, de mejorarme humana y profesionalmente.
—Te voy a despedirte con la última pregunta que le hago a todos los invitados y es que nos dejes algo que te parezca valioso como último mensaje. Puede ser una frase, una anécdota que te marcó, algo que venís pensando, lo que quieras dejar para compartir
—Lo que siempre pienso es que si uno está convencido de algo y quiere algo, tiene que hacer cosas que la mayor cantidad de la gente no quiere hacer. Entonces, para ser exitoso en algo, hay un 1% de la población o un 5% que tiene éxito verdadero en algo. Bueno, esos son los que están dispuestos a hacer cosas que toda la otra parte no hace. Y al final es eso: estar dispuesto a ir por más, a sacrificarte un poquito más, a decir: “Voy. Aunque tenga miedo, aunque esté dolorido, aunque esté fastidioso, aunque no funcione en el corto plazo, sigo. Sigo porque mi objetivo y mi norte está allá”. A veces vas a llegar, a veces no, pero todo ese camino te va a dejar un montón de otras cosas. Te va a dejar relaciones, enseñanzas, disciplina, objetivos chiquititos, pequeñas victorias que vas consiguiendo. Hay que estar dispuesto a hacer cosas que la gran mayoría de la gente no está dispuesta a hacer para tener un éxito o para ser alguien que uno quiere ser. Es así.

A 422 kilómetros sobre la superficie terrestre, el astronauta de la NASA Anil Menon obtuvo una imagen de larga exposición desde la Estación Espacial Internacional en la que confluyen luces urbanas de Asia Central, auroras y rastros de estrellas.
La fotografía muestra las luces de ciudades como líneas extendidas en la parte inferior del encuadre. El efecto se debe al desplazamiento de la estación, que viaja a unos 28.000 kilómetros por hora, mientras la cámara permanece expuesta durante un período prolongado.
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La Estación Espacial Internacional (EEI) orbita la Tierra a unos 422 kilómetros de altura. Desde esa posición, la combinación entre su velocidad y la técnica fotográfica transforma los puntos de luz artificial en trazos continuos sobre el terreno.
Las iluminaciones visibles corresponden a zonas pobladas de Asia Central. En la misma toma se distingue parte de la estructura y el equipamiento exterior del laboratorio orbital.

En el sector izquierdo de la imagen, auroras de tonalidades verdes, rojas y anaranjadas se extienden sobre la atmósfera terrestre. Este fenómeno se produce cuando partículas procedentes del Sol interactúan con los gases y el campo magnético del planeta.
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La exposición prolongada también dejó marcas en el fondo oscuro del espacio. Los rastros estelares no reflejan un movimiento de las estrellas, sino el cambio de orientación de la cámara durante el tiempo que permaneció abierto el obturador.
La fotografía de Anil Menon reúne, en un mismo registro, la iluminación de ciudades, la actividad de la EEI, los efectos de la interacción solar con la atmósfera y el cielo estrellado. La estación funciona como plataforma de investigación científica permanente y permite a sus tripulantes documentar la Tierra desde la órbita baja.
La NASA mantiene astronautas a bordo de la EEI para realizar experimentos y tareas de mantenimiento, además de observaciones del planeta y del espacio.

La Estación Espacial Internacional (EEI) es una infraestructura orbital desarrollada mediante la cooperación de Europa, Estados Unidos, Rusia, Canadá y Japón. La Agencia Espacial Europea (ESA) la define como un programa multinacional y como la mayor estructura individual enviada al espacio por el ser humano.
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La construcción principal comenzó en 1998 y concluyó en 2011, aunque la plataforma incorpora módulos, equipos, experimentos y misiones adicionales de forma periódica. La EEI permanece habitada sin interrupciones desde el 2 de noviembre de 2000, con tripulaciones que se relevan en órbita.
El mantenimiento y la actividad de la estación demandan recursos de cada uno de sus socios. De acuerdo con la Oficina del Inspector General de la NASA, la agencia estadounidense invierte cerca de USD 3.000 millones anuales en el funcionamiento de la EEI.
Esa cifra equivale aproximadamente a un tercio de los fondos de la NASA asignados a vuelos espaciales tripulados. Además de sostener la presencia humana en órbita baja, el programa respalda investigaciones científicas y pruebas tecnológicas realizadas en condiciones de microgravedad.
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