
Las enfermedades cardiovasculares representan cerca del 32% de las muertes globales y alrededor del 85% de esos fallecimientos se debe a infartos de miocardio y accidentes cerebrovasculares (ACV). Con ese escenario como eje, el Precongreso ICBA 2026, realizado esta semana en Buenos Aires, reunió a especialistas locales e internacionales para revisar los avances en diagnóstico, tratamiento y prevención.
El Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA) llevó a cabo la 30° edición del Precongreso, en un simposio conjunto con Cleveland Clinic además de sesiones especiales con Cedars Sinai y el Hospital Garrahan y una charla abierta con Mario Pergolini. El evento reunió en La Rural alrededor de 2400 asistentes y 11 disertantes internacionales en 6 plenarias, 16 workshops y 6 talleres prácticos.
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“Este simposio abarcó la cardiología de la A hasta la Z”, afirmó a Infobae el director médico del ICBA, doctor Alberto Alves de Lima.
“El Precongreso se ha consolidado como un encuentro de referencia en la agenda de la medicina cardiovascular. Es una expresión de nuestra cultura, de nuestro compromiso con la educación y la innovación, y de nuestra vocación de compartir conocimiento”, añadió el especialista.

El doctor Alves de Lima distinguió dos ejes principales del evento: por un lado, el impacto y la necesidad de incorporar la inteligencia artificial y plataformas basadas en evidencia dentro de la práctica médica actual. Y el otro, la relevancia de estructurar redes de atención para el infarto. Se ha demostrado cómo una adecuada organización y el uso oportuno de ambulancias logran reducir notablemente las tasas de mortalidad frente a la demora de los pacientes en solicitar auxilio.
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“La mortalidad por infarto puede ser tres o cuatro veces mayor de lo que debería cuando no existe una red de atención organizada. Según registros, la mortalidad ronda el 9%, pero en sistemas coordinados puede reducirse al 2% o 3%. No se trata solo de incorporar tecnología, sino de organizar la respuesta sanitaria”, resaltó el médico.
Explicó que hay dos momentos clave. El primero, y muchas veces el más prolongado, es el que transcurre hasta que la persona reconoce los síntomas y llama al servicio de emergencias. Luego intervienen los tiempos de respuesta y atención dentro del hospital.
“El 50% de los pacientes llega por sus propios medios, lo que es peligrosísimo. El traslado en ambulancia permite reducir la mortalidad cerca de un 30%, siempre que el llamado active un sistema de emergencias capaz de responder de manera rápida y coordinada”, indicó el experto.
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El lema del encuentro fue “Desarrollando la mejor red de medicina cardiovascular”. La propuesta consiste en articular al ICBA con sanatorios, consultorios y otros centros de atención mediante protocolos compartidos para la derivación, el diagnóstico, el tratamiento y el seguimiento.
El director del encuentro, doctor Germán Solioz, sostuvo que este modelo permite “acortar los tiempos entre la sospecha diagnóstica y el tratamiento efectivo”, un punto relevante ante un síndrome coronario agudo o un infarto. El objetivo es evitar que el acceso a una atención especializada dependa del lugar donde el paciente realiza su primera consulta.
Otro de los asuntos tratados fue la lipoproteína(a). El tema fue abordado por Steven Nissen, cardiólogo de Cleveland Clinic, especializado en prevención, ateroesclerosis y enfermedad vascular.
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“El doctor Nissen puso el foco en la lipoproteína(a), un factor de riesgo hereditario que suele pasar inadvertido, y en la relación entre obesidad y enfermedad cardiovascular, presentando los últimos avances terapéuticos en estas áreas”, señaló a Infobae el doctor Solioz.
También destacó al doctor Maan Fares, quien analizó el rol creciente de la inteligencia artificial en el diagnóstico y la toma de decisiones médicas.
“En cuanto a arritmias, se discutió en una sesión plenaria los nuevos abordajes terapéuticos para los pacientes con síncope en el campo de la neurocardioablación, además de la ablación con campo pulsado para la fibrilación auricular y los marcapasos biológicos, presentados por el doctor Eugenio Cingolani, de Cedars-Sinai”.
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En relación a la cardiopatía estructural y enfermedad vascular “se debatió el peso de la edad al seleccionar una prótesis aórtica, incluido el TAVI, y cómo cambian las decisiones en la estenosis carotídea tras el estudio CREST-2″.

Una de las conclusiones centrales fue que la reducción del riesgo cardiovascular no puede comenzar después de un infarto, un ACV o el diagnóstico de una obstrucción arterial. Debe apoyarse en hábitos saludables desde edades tempranas y en el control sostenido de factores de riesgo como el tabaquismo, la hipertensión arterial, la diabetes, el colesterol elevado y la obesidad.
La doctora Ana Casanegra, especialista en medicina vascular e internista, profesora asociada de Medicina del Departamento de Enfermedades Cardiovasculares, División Vascular, de Mayo Clinic Rochester, remarcó a Infobae que “la vida saludable debe empezar desde que somos pequeños”. La especialista señaló que postergar estos cambios hasta la aparición de un problema de salud implica perder años de prevención.
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La doctora analizó los resultados del estudio CREST-2 sobre la estenosis carotídea asintomática, el estrechamiento de las arterias carótidas ubicadas en el cuello, que puede elevar el riesgo de accidente cerebrovascular aun cuando el paciente no presente señales de alerta.

La experta desaconsejó hacer estudios de carótidas de forma rutinaria a toda la población. En cambio, planteó que el primer paso en la prevención debe ser el control clínico: medición de presión arterial, evaluación de glucosa y colesterol, antecedentes familiares y hábitos de vida.
Los resultados presentados del estudio CREST-2 reforzaron el valor del tratamiento médico para las personas con estenosis carotídea asintomática. La estrategia incluyó presión sistólica inferior a 130 mmHg, colesterol LDL por debajo de 70 mg/dL, abandono del cigarrillo, control de la diabetes, aspirina cuando está indicada, actividad física y reducción de peso.
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De acuerdo con la doctora Casanegra, más del 94% de los pacientes permaneció sin ACV ni muerte durante cuatro años con las estrategias evaluadas. El estudio comparó el tratamiento médico intensivo aislado con su combinación con stent o cirugía carotídea.

Según la doctora, no existe una única respuesta para todos los casos de estenosis carotídea. La indicación de tratamiento médico, colocación de stent o endarterectomía —la cirugía para retirar la placa que obstruye la arteria— debe considerar la anatomía vascular, los antecedentes clínicos, la presencia o ausencia de síntomas y la experiencia del equipo tratante.
Las conclusiones también abarcaron la necesidad de integrar la evaluación cardiovascular con otras especialidades. El programa incluyó cardio-oncología, salud cardiovascular de la mujer, obesidad, cardiometabolismo, insuficiencia cardíaca, arritmias, amiloidosis cardíaca e inteligencia artificial aplicada a las imágenes médicas.
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Los especialistas destacaron que los riesgos cardiovasculares pueden pasar inadvertidos en pacientes con cáncer, enfermedad renal, problemas obstétricos o trastornos de salud mental si no existe coordinación entre los equipos médicos.
La directora del Precongreso, la cardióloga Adriana Aranda, planteó que los médicos deben observar más allá de la edad cronológica. “Deberíamos plantearnos cada tratamiento pensando en el paciente en particular: no solo la edad cronológica, sino la edad biológica, comorbilidades, fragilidad, expectativa de vida y los deseos personales”, afirmó.
La especialista indicó que los resultados esperados deben contemplar “no solo la sobrevida sino también una buena calidad de vida, funcionalidad e independencia”.
En ese sentido, añadió que la medicina preventiva es fundamental para una longevidad saludable. La cardióloga explicó que el objetivo consiste en “modificar hábitos de vida, identificar factores de riesgo familiares y genéticos y tratar antes de que aparezca la enfermedad”.

También la doctora Aranda destacó la sesión conjunta con el Hospital Garrahan de pediatría sobre el tema de las enfermedades hereditables de la aorta, la cual puso en valor la importancia del abordaje del paciente desde la infancia y adolescencia y el seguimiento y tratamiento de estas enfermedades crónicas, remarcando la necesidad del cuidado interdisciplinario.
Por su parte, como conclusión, el doctor Solioz mencionó que el gran desafío ya no es solo incorporar tecnología, sino integrar una atención que hoy está fragmentada, como planteó el doctor Jorge Belardi en la sesión especial con Swiss Medical Group.
Y concluyó: “En una población que vive cada vez más años, la nueva longevidad, la prevención, la detección temprana y el trabajo en red son las mejores herramientas para priorizar no solo la expectativa de vida sino fundamentalmente la calidad de vida”.

El freeride será olímpico. El Comité Olímpico Internacional (COI) aprobó el 7 de junio la incorporación del esquí y el snowboard freeride a los Juegos de Invierno de los Alpes Franceses, que se celebrarán del 1 al 17 de febrero de 2030. Será el estreno de una disciplina que se practica en laderas sin pisar y que nació en la cultura de montaña.
Para los que no estén familiarizados, se trata de una modalidad que consiste en deslizarse montaña abajo por fuera de las pistas sin balizar y de los recorridos tradicionales. El objetivo no es hacer trucos o llegar rápido, sino dibujar tu propia línea de descenso adaptándote al relieve.
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En España, la noticia tiene dos protagonistas evidentes. Aymar Navarro, aranés, pionero del freeride nacional y hoy seleccionador. Y Núria Castán, bronce en snowboard en el primer Mundial FIS de Freeride, disputado este año en Ordino Arcalís (Andorra). Los dos empezaron cuando nada de esto existía.

Navarro no esconde que le habría gustado ser él quien compitiera en unos Juegos. “Mentiría si dejara que no”, reconoce en entrevista con Infobae, y recuerda que “desde bien pequeño” soñaba con participar. Pero cerró esa etapa hace tiempo y no se arrepiente. “Era el momento de dejar paso a los más jóvenes y que aprovecharan la oportunidad que se me dio a mí en su día”.
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Ahora le toca construir desde cero un proyecto “muy bonito, pero a la vez muy grande”. Su idea es cambiar la planificación, el calendario, los entrenamientos y los tests físicos. Su gran incógnita es el dinero, porque “dependemos de eso al 100%”, y confía en que las ayudas lleguen.

Castán conoce bien ese camino sin mapa. Cuando empezó a competir “no había ninguna estructura”, ni equipo olímpico ni selección: “No había nada, cada uno iba por su cuenta”, recuerda en conversación con Infobae. Sus padres le ayudaron a tirar de una carrera cuya meta máxima era el Freeride World Tour, que ya de niña era para ella un sueño.
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Nacida en Reus en 1997, se puso unos esquís a los 3 años y pasó a la tabla a los 8, entre Tavascan y Cerler. Fue subcampeona del mundo júnior con 16 años y, más tarde, la rider española más joven en ganar una prueba de máxima categoría en el circuito previo al Tour, en Les Arcs.

Los dos hablan de aquellos años como de una inversión. Navarro rechaza la palabra sacrificio: lo que hizo fue “invertir un tiempo muy grande de mi vida para poder vivir de mi pasión”. Castán, cuando llegó al Tour, hizo algo parecido: se mudó a Austria, donde sigue seis años después, porque “toca ponerle el tiempo necesario” frente a quienes viven más cerca de la nieve.
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Ahora, con los Juegos, ella ve “un momento culminante” de su carrera. Todavía no sabe cómo se elegirá a los deportistas y espera noticias en diciembre: “Estaremos pendientes”. Sueña con el oro “para redondear”, pero “el éxito en sí es estar allí” y mira al grupo. Cree que España tendría “muchas opciones a medalla” si los Juegos fueran mañana, aunque no da nombres porque llegan jóvenes con fuerza.
El año que viene serán cinco los riders españoles en el FWQ Challenger, la antesala del Tour, y Abel Moga, sexto en ese Mundial, ya tiene claro su objetivo: “Estar en Alpes 2030”.
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Nada de esto se hace sin riesgo, y los dos lo saben. Navarro marca la frontera entre valentía e inconsciencia: se cruza “una línea negra muy peligrosa” cuando se va por encima de las posibilidades y se le pierde el respeto a la montaña. Su descenso más exigente fue el Tuc des Hemnes, en la Val d’Aran, un proyecto que llevaba años en la cabeza. “Una montaña que necesita las condiciones perfectas y que no te permite ni medio fallo”.

Castán lo explica desde la experiencia de haber estado enterrada por un alud. Aquello le hizo replantearse lo importante y pensar en su familia, y dudó si seguir, pero “nunca he sentido que quisiera dejar la montaña”. De ahí saca una lección que repite a quien le pregunta: “El miedo también es información y es importante escucharlo”. Para ella, ser valiente es a veces “saber decir que no, cambiar una línea o bajarte de una montaña”, porque “la montaña siempre tiene la última palabra”.
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Navarro vivió esa última palabra en Alaska, donde una caída le dejó una de las lesiones más graves de su carrera, con consecuencias muy malas para la rodilla. No cambió su relación con el riesgo. Lo único que desea es “volverme a poner los esquís”. Qué le espera ahí arriba lo resume en una frase: “Todo o prácticamente todo”. Castán lo cuenta con otras palabras: en la montaña “no puedes estar pensando en lo que pasó ayer ni en lo que va a pasar mañana”.

Con los Juegos a la vista, los dos comparten un temor. Navarro pide “que no cambien nada de lo que hay y que no empiecen con reglamentación nueva”, porque eso “sería un grave error”. Castán recuerda que el freeride “no nació dentro de una estructura olímpica, sino de una cultura de montaña y de naturaleza”. Quiere que los Juegos den visibilidad, pero “no para definir qué es freeride”, y que los riders tengan voz en cómo evoluciona.
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Hay compositores que escriben notas y otros que plasman atmósferas, climas y fantasmas que flotan entre los acordes sin que nadie pueda nombrarlos. Tomás Videla pertenece a esa segunda estirpe, la de quienes convierten el aire de una escena de cine en sonido puro. Desde un estudio en Los Ángeles, con el mate siempre a mano incluso en las grabaciones de madrugada, el compositor argentino contó que fue nominado al Latin GRAMMY 2026 por la banda sonora original de La Casa de los Espíritus, la serie de Prime Video inspirada en la novela de Isabel Allende. Es que, en medio de la emoción por este nuevo logro, Videla habló en exclusiva con Teleshow.
Su historia empezó mucho antes de Hollywood, en un living donde sonaban Facundo Saravia y Los Chalchaleros de la mano de su papá, y continuó en una tarde cualquiera frente a una góndola de un reconocido local de electrodomésticos, donde un adolescente curioso encontró, sin saberlo aún, la banda sonora de su propio destino. Desde entonces, cada paso lo acercó un poco más a ese lugar que soñaba ocupar: no frente a las luces, sino detrás de ellas, tejiendo con sonidos las emociones que el ojo no alcanza a ver. La UCA, Columbia College Chicago y los estudios de Fox fueron las estaciones de un recorrido que lo trajo, finalmente, hasta el corazón de la industria audiovisual más grande del mundo.
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Hoy, con una nominación al Latin GRAMMY y un Imagen Award ya guardados en su historia reciente, Videla encontró en La Casa de los Espíritus mucho más que un desafío profesional: fue el reencuentro con el niño que escuchaba folclore sin saber que ahí germinaba su vocación. El realismo mágico de Allende, ese que nunca se explica pero siempre se siente, encontró en sus composiciones un aliado perfecto, capaz de honrar las raíces sudamericanas sin perder la escala cinematográfica que la historia merecía. Una nominación que, para él, significa mucho más que un premio.

—¿Cuál es el primer recuerdo que tenés relacionado con la música y que terminó siendo el disparador de tu carrera?
—El primer recuerdo que tengo es de mi viejo. Es fanático de Facundo Saravia y de Los Chalchaleros, y eso es lo primero que escuché durante años: folclore, Saravia, Mercedes Sosa. Después, por esas cosas de la vida, descubrí a los Beatles y me volví fanático de ellos hasta el día de hoy. Esos son un poco mis primeros recuerdos con la música. Más adelante me empecé a meter en la música clásica: estudié en la UCA, hice la carrera de composición y piano con Elsa Muñiz. Mi tío, que es músico, Nico Posse, también fue quien me fue guiando y me dijo que no solo estudiara piano clásico, sino también jazz y tango. Así fue como empecé con la música.
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—¿Y qué te llevó a definirte puntualmente por la composición?
—La verdad es que no sé bien qué fue lo que me llevó ahí. Siempre quise ser músico, pero nunca sabés bien en qué forma. Lo único que pensás es en armar una banda, pero a mí no me terminaba de copar esa idea, porque me cuesta un poco el protagonismo, el estar en el centro de la escena. Un día, por algún motivo, estaba con mi mamá y mi abuela en un conocido local de electrodomésticos, que ya no existe en Argentina, y en la sección de CDs me encontré con la música de Piratas del Caribe y de Las Crónicas de Narnia, películas que yo ya había visto. No tenía ni idea en qué me estaba metiendo, pero le pedí a mi mamá que me lo comprara. Cuando llegué a casa y lo escuché, pensé: “¿Qué es esto? Es una locura”. Después volví a ver las películas y me di cuenta de que esa música estaba ahí, de fondo, construyendo toda la emoción. Ahí se me abrió la puerta hacia la música para cine y empecé a escuchar todo lo que encontraba: John Williams, Lalo Schifrin, que es argentino, Jerry Goldsmith, Thomas Newman, todos los grandes. Y dije: “Yo quiero hacer esto, quiero estar detrás de la pantalla, que nadie me vea, que solo me escuchen”. Ahí arrancó mi locura por la música para cine y televisión.
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—¿Y cómo fue la decisión de mudarte de la Argentina a Estados Unidos?
—Sí. Lo que yo buscaba en el fondo era llegar a Hollywood. Cuando empecé la carrera, mi tío Nico Posse me había dicho que necesitaba una base sólida de música, más allá del cine, y me recomendó estudiar composición en la UCA. Ahí construí una base muy fuerte en composición, orquestación, contrapunto y armonía, mientras en paralelo estudiaba jazz y otras cosas. Cuando llegué a Columbia, en Chicago, me di cuenta de que esa formación me había dejado más preparado que a otros compañeros para sentarme a componer, adaptarme a distintos estilos y entender rápido qué estaba pasando en una pieza. También influyó mucho haber tocado en vivo durante años en Argentina: llegué a Estados Unidos con algo de carrera hecha y con contenido propio.
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Hice el máster en Columbia College Chicago, que me becó, y después vinimos a Los Ángeles a hacer pasantías. Grabé mi tesis en los estudios de Fox, con una orquesta de entre 60 y 70 setenta músicos, y tuve la posibilidad de dirigirla. Compuse un tango que llamé “Midwest Tango”, porque Chicago está en el medio oeste de Estados Unidos y fue ahí donde lo escribí. A partir de esas pasantías ya quedás un poco metido en Hollywood. Llegué en 2019, justo antes de la pandemia, y desde entonces no paré de trabajar.

—¿Qué fue lo que más te sorprendió al meterte en la industria allá?
—Creo que lo que más me sorprendió fue descubrir que todos estamos en la misma. Hice una pasantía con Theodore Shapiro, un compositor genial al que yo tenía en un pedestal, y lo vi sufrir en el estudio cuando no estaba inspirado o cuando tenía que revisar algo con lo que no estaba conforme. Ahí entendí que todos pasamos por lo mismo, sin importar quién seas. Eso fue como bajar a tierra: estás en Hollywood, pero te das cuenta de que los días sin inspiración le pasan a cualquiera.
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—¿Sentís que la argentinidad atraviesa tu trabajo diario?
—Un poco, sí. Me di cuenta en proyectos que no tenían nada que ver con lo latinoamericano, proyectos típicamente de Estados Unidos, de que se me escapaban ritmos de tango o de folclore, una chacarera. Son cosas que hacés de manera inconsciente, casi por diversión, y que se van metiendo en vos. Me doy cuenta de que eso empieza a estar presente en mi forma de componer y también me define. Con tanta competencia, uno también se pregunta: “¿quién soy como compositor?, ¿qué es lo que hago?” Y esas raíces son parte de lo que me identifica.
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Y, además, el mate nunca falta, todos los días, en todas las sesiones de grabación. Nosotros grabamos mucho con Budapest, que nos lleva nueve horas de diferencia: cuando allá son las nueve de la mañana, acá en Los Ángeles son las dos de la madrugada. En La Casa de los Espíritus tuvimos sesiones de ocho horas, desde las dos hasta las nueve o diez de la mañana, y el mate siempre estaba ahí, porque es lo único que te mantiene despierto. Es un motorcito al que le decís: “No me abandones, sos lo único que tengo en este momento”.
—Trabajaste en muchos formatos y con compañías de streaming como Disney y HBO. ¿Cómo hacés para encontrarle la identidad musical a cada proyecto?
—Hay mucha charla previa con productores y directores, con la gente que hizo el show, sobre qué se quiere contar y qué se busca que represente la música. Después hay mucho de prueba y error: te sentás convencido de que una idea es excelente y después te das cuenta de que no funciona, mientras que algo que te parecía mínimo termina convirtiéndose en el color principal del show.
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—Y con La Casa de los Espíritus, ¿cómo se presentó la propuesta?
—La propuesta llegó a través de un compositor amigo que me avisó que estaban buscando a alguien latinoamericano para una serie y me preguntó si podía pasar mi contacto. Pensé que no había chances de que Amazon me llamara, pero terminaron haciéndolo. Los compositores solemos llegar casi al final del proceso, cuando ya está todo filmado y casi editado, así que ya hay una base sólida de lo que se busca. Me reuní con Javier Balmaceda, Adrián Sosa y Maru Buendía, ejecutivos de Amazon, y con Courtney Saladino, de Pure Nation, para ver el primer episodio y empezar a hablar de música. Ahí coincidimos todos en algo: tenía que haber una identidad sudamericana, sin que quedara claro exactamente de qué país se trataba. Algo similar a lo que hace Isabel Allende en la novela, donde todos sabemos que es Chile aunque nunca se lo menciona. A partir de esa charla empezamos a pensar en instrumentos autóctonos: guitarra, charango, ronroco, bombo legüero, instrumentos de viento como la quena y el pinquillo. Incluso conseguimos una quijada de burro para usar como instrumento de percusión. Mi amigo Alan D’Auria, mi percusionista de siempre, consiguió tanto el bombo legüero como la quijada, no sé cómo hizo, pero la encontró en Los Ángeles.
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Después trabajamos mucho con los ritmos: metimos ese ADN sudamericano dentro de una orquesta de cuerdas clásica, con un compás de tres contra dos muy presente. La música para cine, además, tiene que tener la libertad para abarcar muchas emociones, porque son ocho episodios que recorren distintas épocas y décadas, así que la partitura también tenía que reflejar eso. Y, por supuesto, está el realismo mágico: planteamos que tenía que formar parte de la música de la misma manera en que forma parte de la novela, sin que nadie se pregunte “¿qué es esto?”. Ahí entró la celesta, ese instrumento parecido a un piano pero con martillos que golpean placas de metal, el mismo sonido mágico que se asocia a Harry Potter. En nuestro caso le dimos un tratamiento más ambiental, integrado al ADN sudamericano, como uno más de los quince elementos que arman ese mundo sonoro. A partir de ese concepto, fuimos viendo cómo llevarlo a las distintas épocas y cómo dialogaba con las canciones, como las de Víctor Jara o la de Mon Laferte, para que todo se sintiera como un mismo universo.
—Ese trabajo te llevó a ser nominado a los Latin Grammy. ¿Cómo sentís este reconocimiento?
—Estoy muy contento. Esta categoría, la de medios visuales en los Grammy, es nueva, empezó el año pasado. Que nos reconozcan por este trabajo es un honor, no solo para mí sino para todos: también está nominado Sergei Grosny por la serie Menem, otro compositor argentino. Está bueno que se sepa quiénes somos, que hay gente trabajando detrás de escena en estas historias. El año pasado, por ejemplo, estuvo nominado Federico Jusid, que también es argentino. Me pone muy contento formar parte de ese grupo y que cada año haya nuevos nombres.
—¿Sentís que esto marca un antes y un después en tu carrera?
—Uno quiere creer que sí. Lo veo como algo muy importante, porque es un Latin Grammy, uno de los premios más altos que existen. Más allá de eso, La Casa de los Espíritus fue un proyecto muy lindo que me reconectó con el folclore, que fue lo primero que escuché de chico y fue volver a mis raíces. Y que sea un proyecto basado en la novela de Isabel Allende, con tanto talento detrás, lo hizo todavía más especial.

Francisca “Fran” Alegría y Fernanda “Fer” Urrejola, que adaptaron la novela, hicieron un trabajo enorme liderando un equipo gigante, y haber formado parte de eso fue un placer y un sueño hecho realidad. La colaboración fue increíble: incluso tuve la oportunidad de hablar con el equipo de efectos visuales, porque había una escena en la que Clara tocaba el piano con sus poderes y las teclas se movían solas, así que me llamaron para asegurarnos de que coincidiera con la música. Se notaba un equipo que remaba para el mismo lado, con muchas ganas de que a la serie le fuera bien.
—¿Te gustaría volver a trabajar en algún proyecto vinculado a Latinoamérica o, puntualmente, a la Argentina?
—Sí, me encantaría. Eso siempre está presente, más allá de que yo esté acá trabajando en proyectos de Hollywood y de Estados Unidos. Argentina siempre tiene un lugar muy especial, no importa dónde estés ni qué estés haciendo. Cuando empecé a trabajar en La Casa de los Espíritus y veía a Dolores Fonzi, pensaba: “No puedo creer que estoy trabajando en un proyecto con Dolores”. Era una locura. Uno se da cuenta de que Argentina siempre va a estar ahí.
Siempre hay algo. El dulce de leche, además escucho programas como Perro de la Calle todo el tiempo. Siempre estoy tratando de estar conectado y al tanto de lo que pasa allá. El lazo no se rompe.
—Si pudieras volver al pasado y hablar con tu versión chiquita, ¿qué le dirías ahora que acabás de recibir esta nominación?
—Le diría que disfrute, que a veces no se preocupe tanto y que disfrute más. Que va a estar todo bien y que trate de vivir el proceso con más calma.

Erguido y vital a sus 71 años, el Papa León XIV dejó este sábado el Policlínico Gemelli de Roma, cuatro días después de haberse sometido a una cirugía de un cáncer de pulmón que resultó maligno: le extirparon el lóbulo inferior del pulmón derecho por un adenocarcinoma pulmonar, tras la detección de un nódulo de 3 mm durante un control médico de rutina. Su alta médica fue la mejor noticia que dejó el Pontífice sobre el spotlight mundial en torno a qué significa tener un cáncer de pulmón temprano y en buenas manos en el siglo XXI.
El médico personal del Papa, el experto italiano Luigi Carbone, sugirió sin titubear hacer la intervención, realizada el 13 de octubre. Desde 2022, Carbone es director de la Unidad de Urgencias, Medicina de Emergencia y Medicina Interna del Hospital Isola Tiberina-Gemelli Isola de Roma.
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El caso médico del paciente papal puso en relevancia esta noticia de impacto mundial y volvió a situar en primer plano la importancia del diagnóstico temprano, el acceso a estudios moleculares y los riesgos ambientales vinculados al cáncer de pulmón.
Hay que saber que el prestigioso nosocomio, que cuida la salud de los Pontífices hace décadas y es el segundo centro médico más grande de Italia, cuenta con los mejores expertos y tecnologías para la atención precisa y conservada. “Estuvo en las mejores manos”, remarcan desde su entorno.
El cáncer de pulmón es uno de los tumores más frecuentes y la principal causa de muerte por cáncer tanto en la Argentina como a nivel mundial. Su diagnóstico suele demorarse porque, en muchos casos, no presenta síntomas hasta estadios avanzados, cuando las alternativas terapéuticas son más limitadas.
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No obstante, los avances médicos y el mayor conocimiento sobre las características de estos tumores están modificando su abordaje. Hoy existen tratamientos más precisos y personalizados, adaptados a las necesidades de cada paciente.
En el caso del Pontífice de 71 años, los cirujanos extirparon su lóbulo inferior del pulmón derecho. El examen del tejido durante la operación confirmó la sospecha que habían planteado los estudios preoperatorios. La cirugía se realizó mediante una técnica asistida por video, duró cerca de 90 minutos y no presentó complicaciones.
Previo a recibir el alta, León XIV retomó su alimentación habitual, comenzó ejercicios de fisioterapia respiratoria y caminó dentro de su habitación. Los análisis de sangre y una radiografía de tórax mostraron una evolución postoperatoria normal. Sin embargo, todavía se esperaban estudios complementarios para determinar si requiere tratamientos adicionales.
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“Tras los análisis de sangre, la radiografía de tórax realizada esta mañana y la evaluación de su estado clínico, el Santo Padre ha sido dado de alta”, indicó el equipo médico en un comunicado difundido este sábado por la oficina de prensa del Vaticano.
En medio de las dudas sobre la gira del Papa por Uruguay, Argentina y Perú prevista entre el 6 y el 17 de noviembre de 2026, el cirujano que lo operó —el italiano Stefano Margaritora— adelantó que “no hay motivos clínicos” para suspender el viaje por América Latina.
La declaración del cirujano que lo operó volvió a poner el foco en el diagnóstico del Pontífice: un adenocarcinoma de pulmón, incluido en el grupo de tumores de células no pequeñas. Esta categoría representa entre el 80% y el 85% de los casos de cáncer pulmonar y reúne enfermedades con características biológicas y tratamientos distintos.
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Los médicos necesitan establecer primero el estadio del tumor, su extensión y sus alteraciones moleculares antes de definir el abordaje posterior a una cirugía. La evaluación puede incluir el análisis de ganglios, estudios por imágenes y pruebas de biomarcadores para detectar mutaciones específicas en las células tumorales.
La intervención de León XIV ocurrió luego de la detección de una lesión localizada. Ese escenario permitió considerar la cirugía como la mejor alternativa terapéutica. La posibilidad de extirpar el tumor depende, entre otros factores, de la ubicación, el tamaño y la condición general de cada paciente.
El cáncer de pulmón suele identificarse en fases avanzadas porque en sus primeras etapas puede no causar síntomas o provocar manifestaciones poco específicas. Tos persistente, sangre al toser, dolor en el pecho, dificultad para respirar, ronquera, pérdida de peso involuntaria o fatiga sostenida son señales que requieren evaluación médica.
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Para las personas con antecedentes importantes de tabaquismo —no es el caso del Papa—, la tomografía de tórax de baja dosis puede contribuir a encontrar lesiones de forma temprana. La indicación debe ser individual y evaluada por profesionales de la salud, según la edad, el historial de consumo y otros factores de riesgo.
En diálogo con Infobae, el reconocido oncólogo Stephen Liu, director de Oncología Torácica del Lombardi Comprehensive Cancer Center de la Universidad de Georgetown, Estados Unidos, explicó que “el tabaquismo continúa siendo el principal factor asociado al cáncer de pulmón”. También advirtió sobre la exposición al humo ajeno, el gas radón, la radiación y distintos contaminantes ambientales.
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La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer clasificó hace más de una década a la contaminación exterior como cancerígena para los seres humanos. Entre sus componentes más dañinos se encuentran las partículas PM2,5 —de menos de 2,5 micrómetros de diámetro—, capaces de alcanzar las zonas profundas de los pulmones.
¿Qué se sabe entonces del cáncer pulmonar diagnosticado al Papa León XIV?
Los médicos extirparon parte del órgano afectado y aguardan análisis posteriores, mientras el caso reactiva la discusión sobre controles, contaminación y medicina personalizada.
Para el doctor Claudio Martin (MN 82.958), jefe de Oncología Torácica del Instituto Alexander Fleming (IAF), “los avances registrados en los últimos años ampliaron las posibilidades de tratamiento para el cáncer de pulmón y, como resultado, una mayor cantidad de pacientes puede curarse o convivir con la enfermedad bajo control durante varios años”.
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Una investigación publicada en Nature, citada por Liu, analizó datos de cerca de 400.000 personas y planteó que la exposición a altos niveles de partículas contaminantes, que permanecen en el aire y en alimentos o materiales que ingerimos, puede activar células con mutaciones acumuladas a lo largo de la vida. Ese mecanismo podría favorecer el desarrollo de tumores pulmonares.

Al respecto, el oncólogo del IAF Claudio Martin precisó: “Una de las grandes promesas son los anticuerpos conjugados con drogas. Hoy se encuentran en etapa de investigación, con numerosos estudios clínicos a nivel internacional, en los que el IAF tiene una participación activa. Consiste en un anticuerpo que se une a un receptor en la célula tumoral y allí deja la quimioterapia, a diferencia del tratamiento tradicional que no está específicamente dirigido al objetivo”.
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Los estudios también investigan el alcance sanitario de los microplásticos inhalables. Un trabajo de la Universidad de Hull detectó partículas de diversos polímeros en muestras de tejido pulmonar humano. Estos hallazgos no establecen por sí solos una relación causal con el cáncer, aunque respaldan la necesidad de continuar la investigación sobre contaminantes presentes en ambientes interiores y exteriores.
Luego de una cirugía, los equipos médicos pueden indicar quimioterapia, radioterapia, inmunoterapia o terapias dirigidas, según el tipo de tumor, el estadio y los resultados de los análisis moleculares. Las decisiones no son uniformes y dependen del perfil clínico de cada paciente.

Las terapias dirigidas actúan sobre alteraciones concretas del tumor, como mutaciones en los genes EGFR o KRAS. La inmunoterapia, en cambio, busca mejorar la capacidad del sistema inmunitario para reconocer y atacar las células cancerosas.
Liu señaló en diálogo con Infobae que el acceso desigual a las pruebas de biomarcadores limita la posibilidad de ofrecer tratamientos ajustados a cada caso. La secuenciación genética del tumor puede aportar información para elegir medicamentos y evitar intervenciones que no tendrían el mismo beneficio en todos los pacientes.
“La inmunoterapia y las terapias de precisión fueron centrales en este cambio. Estas últimas buscan detectar las alteraciones genéticas que favorecen el desarrollo del tumor en cada persona”, explicó el doctor Claudio Martin, quien añadió que esos mecanismos se identifican en aproximadamente el 40% de los casos y, cuando existe una terapia dirigida adecuada, permiten sostener el control de la enfermedad a largo plazo.
El caso de León XIV también vuelve visible una tendencia que atraviesa a la oncología contemporánea. Lo más nítido que deja el cáncer de pulmón del Papa son los dos mandatos actuales frente a la enfermedad: su cronificación y la personalización de terapias innovadoras para tratarla.
Tras la cirugía y su alta médica, la evolución de León XIV dependerá de los controles clínicos y del análisis definitivo de la pieza quirúrgica, que permitirá establecer si necesita tratamiento complementario. Mientras continúa la expectativa por su viaje a América Latina, este domingo rezará el Ángelus desde la ventana de los aposentos papales.
El azar suele presentarse en la conversación cotidiana como un evento fortuito, ajeno a la voluntad humana. Sin embargo, la psiquiatra Marian Rojas Estapé propuso una mirada distinta, fundamentada en su experiencia clínica y en la observación del comportamiento humano. Según su análisis, el factor suerte no es una entidad abstracta, sino un fenómeno estrechamente vinculado a la proactividad y el desarrollo personal.
“Yo he investigado mucho como psiquiatra la suerte, porque tengo pacientes que escucho y digo: ‘¡Pero qué suerte tienen! ¡Qué bien les va todo!’ Y hay gente que escucho su vida y digo: ‘¡Qué drama! ¡No es posible!’”, sostuvo la especialista.
A partir de esta inquietud empírica, la profesional comenzó a profundizar en el estudio de la suerte y en este marco destacó: “Hay una frase de Séneca que me encanta: ´La suerte es donde confluyen la preparación y la oportunidad´“.
Esta sentencia resume, bajo su visión, la clave del crecimiento individual. Para la psiquiatra, el concepto no es pasivo; requiere que el sujeto se involucre activamente en su propio proceso de mejora. En este sentido, subrayó: “Si tú quieres que algo bueno te suceda, estudiá, preparate”.
“Hay que prepararse, hay que saber, hay que estudiar, porque el que se prepara, el que estudia, el que visualiza lo que quiere, es capaz de percibir mucho mejor las oportunidades”, cerró la especialista.
La forma en que una persona se habla a sí misma puede modificar la manera en la que atraviesa situaciones personales, laborales y emocionales. Así lo explicó la psiquiatra española, durante otra conferencia, cuyo contenido compartió posteriormente en sus redes sociales.
La especialista puso el foco en ese diálogo interno que acompaña las decisiones cotidianas y que, en muchos casos, anticipa resultados negativos antes de que ocurran. Según señaló, estos pensamientos no solo afectan el estado de ánimo, sino que también pueden repercutir en la salud física y psicológica.
“Está científicamente demostrado que la actitud previa a muchas circunstancias de la vida influye poderosamente en el resultado”, sostuvo Rojas Estapé. En ese sentido, vinculó el optimismo con la capacidad de observar y modificar las palabras que cada persona utiliza para referirse a sí misma, sus posibilidades y el futuro.
Durante su exposición, Rojas Estapé recordó que la mente y el cuerpo no siempre distinguen entre una amenaza real y una imaginaria. Esto significa que anticipar constantemente situaciones negativas puede activar respuestas físicas y emocionales similares a las que aparecerían frente a un peligro concreto.
“Somos pesimistas por la imaginación, porque nuestra cabeza nos trae constantemente cosas negativas que nos pueden suceder y que, en el 90% de los casos, nunca van a pasar”, explicó la psiquiatra.
Aunque esos escenarios finalmente no se concreten, la sola posibilidad de que ocurran puede generar preocupación, miedo o inseguridad. De acuerdo con la especialista, esta tendencia influye tanto en el bienestar psicológico como en el funcionamiento del cuerpo.
LA NACION
Un billete puede pasar de una mano a otra en cuestión de segundos. En ese tiempo, quien lo recibe suele mirarlo, palparlo o inclinarlo para comprobar alguno de sus elementos de seguridad. Son gestos cotidianos, casi automáticos, que ahora forman parte de una línea de investigación del Banco de España para estudiar cómo perciben las personas el dinero en efectivo.
La institución desarrolló junto con el Laboratorio de Neurociencia y Economía Experimental de la Universidad Politécnica de Valencia, LabLENI, una metodología denominada Neurocash. Su objetivo es observar qué sucede cuando un usuario se enfrenta a un billete: dónde fija la vista, qué características toca, cuánto esfuerzo necesita para localizar una señal de autenticidad y qué reacciones emocionales pueden aparecer durante esa comprobación.
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La idea es obtener información que una encuesta convencional no siempre permite recoger. Una persona puede decir que un billete es fácil de reconocer o que confía en sus medidas de seguridad. Pero esa respuesta no refleja necesariamente si tuvo dudas, si necesitó concentrarse mucho o si encontró intuitiva la forma de comprobarlo.
Neurocash intenta completar esa imagen. Según el Banco de España, la metodología estudia la atención visual, la percepción del tacto y la interacción de las personas con el efectivo. También busca identificar respuestas conscientes e inconscientes ante sus características.
El objetivo no es decidir por sí solo cómo será un futuro billete en euros. El Banco de España puede aportar estudios, herramientas y evidencia al trabajo común del Eurosistema, pero el diseño final corresponde al Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo.
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La atención visual es una de las dimensiones que contempla Neurocash. Saber qué parte de un billete llama primero la atención o qué detalles pasan inadvertidos puede ayudar a estudiar cómo se relacionan los usuarios con el efectivo.
Un billete debe transmitir información de forma rápida. Debe permitir que una persona reconozca su valor y que pueda comprobar algunos de sus rasgos de seguridad sin conocimientos especializados. La percepción visual interviene en ambos procesos.
El documento del Banco de España sitúa el análisis de la voz dentro de este marco más amplio. Los autores explican que las señales procedentes de la mirada, el tacto y otras respuestas fisiológicas pueden complementarse para conocer mejor la reacción de las personas ante el diseño del efectivo.
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No se trata de que una única señal determine si un billete funciona o no. La intención es reunir distintos indicadores y compararlos con las respuestas directas de los participantes. De esa forma, una institución puede conocer no solo lo que una persona declara sobre un billete, sino también cómo reacciona durante una prueba.
El Documento Ocasional 2618 del Banco de España se centra en una posible ampliación de Neurocash: el reconocimiento de emociones en el habla. La propuesta consiste en analizar respuestas orales dadas por participantes durante una prueba. En vez de limitarse a elegir una opción en una pantalla, podrían responder a preguntas sobre lo que han visto o tocado. Después, un modelo informático examinaría aspectos de la voz como el tono, el ritmo, la intensidad, las pausas o la calidad vocal.
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El interés no estaría solo en las palabras. También importaría la forma de expresarlas. Los autores plantean que algunos cambios en la voz pueden aportar información sobre reacciones afectivas y cognitivas sutiles. Según los autores, el análisis podría aportar señales adicionales sobre el esfuerzo mental que exige una tarea o la sensación de seguridad que transmite un billete.
El informe evita presentar esta tecnología como un detector infalible de emociones. Sus autores advierten que no existe un modelo universal para interpretar la voz. Los resultados dependen del idioma, de la calidad de las grabaciones, de las condiciones en que se realizan las pruebas y de los datos con los que se entrenan los sistemas.
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El documento tampoco comunica la puesta en circulación de un nuevo billete ni ofrece resultados de un experimento concluido con ciudadanos. Es una revisión sobre el reconocimiento de emociones en el habla y una propuesta para incorporar esa herramienta a Neurocash.
Los autores también plantean que un uso futuro de estas tecnologías requeriría precauciones. Mencionan la necesidad de proteger la privacidad, pedir consentimiento a los participantes, informar con claridad sobre el tratamiento de las grabaciones y vigilar posibles sesgos.
La investigación parte de una pregunta sencilla: qué necesita una persona para entender y confiar en un billete. La respuesta, según este enfoque, puede estar en lo que dice sobre él, pero también en dónde mira, cómo lo toca y en las señales que deja su voz al intentar evaluarlo.
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Luz blanca, paredes desnudas, colores fríos. Pensar en un hospital suele traernos conceptos poco acogedores a nuestra mente, sensaciones remotamente lejanas a como nos sentimos en casa. Asumimos que es así como deben hacernos sentir los centros médicos, pero en los últimos años está surgiendo un movimiento dentro de la arquitectura que afirma que otro modelo es posible, con espacios que contribuyan al bienestar.
Este fenómeno, aún poco extendido en España, pretende que la arquitectura se piense y se ejecute buscando un bienestar en las personas. Esta llamada “arquitectura terapéutica” es la que cada vez más hospitales pretenden llevar a cabo, especialmente en sus plantas infantiles: llenar pasillos de colores, de luces cálidas, acondicionar espacios en el exterior.
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La ONG Juegaterapia ha sido una de las pioneras en España en aplicar la filosofía de la arquitectura saludable. Desde 2010, varios de sus proyectos se han centrado en reconstruir azoteas en desuso en hospitales para transformarlas en jardines donde los niños ingresados puedan salir a jugar o a disfrutar de la luz del sol.
Como recuerda el psicólogo Alberto Miranda, la experiencia de acudir a un hospital puede generar miedo e incertidumbre en los más pequeños, porque “no sabe ni qué va a pasar, ni si va a doler, ni cuánto tiempo va a estar allí”. En 2018, un estudio realizado con niños de entre 3 y 17 años hospitalizados encontró una relación entre los niveles de ansiedad y la decoración del centro. “Un entorno acogedor, con colores agradables, ilustraciones, dibujos e incluso espacios de juego ayuda a reducir esa sensación de amenaza”, matiza Miranda.
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“Ver a un niño que lleva semanas ingresado salir al aire libre, jugar o simplemente desconectar un rato del hospital nos recuerda por qué hacemos lo que hacemos”, añade la directora de Humanización en hospitales de Juegaterapia, Esther Pereira, para Infobae.
La transformación del escenario no cambia el tratamiento que los pacientes pediátricos tienen que recibir, “pero sí cómo viven su estancia en el hospital”. “De repente dejan de sentirse en un lugar que les recuerda constantemente que están enfermos y pasan a estar en un espacio que les invita a jugar, imaginar y sentirse un poco más niños”, explica Pereira.
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La conexión con el exterior es uno de los pilares de esta arquitectura terapéutica, como demuestra el efecto positivo que tienen los jardines en la salud mental de los más pequeños. Estos espacios devuelven, al menos en cierta parte, “normalidad, alegría y calidad de vida a toda la familia”.

Entre los rasgos que más definen el entorno hospitalario, sobresalen las luces blancas, aunque esto está cambiando lentamente. “En hospitales infantiles y en los no infantiles se está empezando a trabajar con la iluminación”, asegura Ana Pradillo, arquitecta de Wälmo Estudio especializada en arquitectura saludable.
“Entiendo que para un acto médico necesitas una iluminación muy potente y de luz muy fría para que no te distorsione colores, pero siempre se debería tener una alternativa más acogedora para la estancia”, expresa. Una luz cálida y suave que no genere estrés, “que ofrezca una sensación de hogar”, puede suponer una diferencia para el bienestar mental de pequeños y mayores hospitalizados.
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No son cosa banal dichas cuestiones, sostiene Miranda, quien expone que un entorno acogedor puede incluso mejorar la predisposición de los niños durante las pruebas médicas: “Lo que muchas veces interpretamos como falta de colaboración es una respuesta ante el miedo”.
Un paciente pediátrico con ansiedad ante una prueba puede llorar o estar más agitado, “por eso cualquier medida que contribuya a reducir ese miedo va a facilitar el procedimiento médico”. De hecho, una investigación de Springer Nature demostró que exponer a los niños a películas Disney redujo el estrés durante las resonancias magnéticas.

Junto con la iluminación, el color y los materiales que recuerden a la madera y las texturas del exterior son otros dos elementos que pueden transformar la estancia hospitalaria, según Pradillo. “Trabajar una parte más decorativa, crear una zona donde cuando visitan los familiares se pueda permanecer como si fuera un saloncito, también genera sensación de hogar”, sostiene la arquitecta de Wälmo Estudio.
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A partir de la observación de esa correlación entre un mejor estado de ánimo y un entorno más agradable, la arquitectura saludable propone una serie de medidas al alcance de los hospitales para hacer más agradables las estancias. Se trata de cambios “tan sencillos como poner un corcho y que el niño pueda poner sus fotos o tener un rinconcito de lectura o juego”.

Para Pradillo, la arquitectura es una herramienta para el proyecto de otras personas, y es mediante esta “visión terapéutica” a partir de la cual pueden lograrse cambios que tienen un efecto en la vida real. “Simplemente pintando la pared y dándole una forma orgánica se puede cambiar una habitación”, cuenta, y recuerda la importancia de aplicar luces cálidas en aquellos lugares en los que sea posible.
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Desde Juegaterapia coinciden con esta arquitectura saludable que promulga Pradillo, quienes a través de sus proyectos defienden que un espacio también puede cuidar. “Cuando transformamos una habitación, una terraza o una sala de tratamientos, no estamos decorando, estamos ayudando a que los niños y sus familias vivan ese proceso de una forma más amable. Ver cómo recuperan momentos de juego, de alegría y de normalidad es la mejor demostración de que la humanización realmente marca la diferencia”, concluyen.
Como explica el psicólogo, la arquitectura terapéutica va más allá de la pura estética: “No se trata solo de decorar los hospitales para que sean más bonitos, sino de crear entornos que tengan en cuenta esas necesidades psicológicas en los niños”, concluye.
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El Día de la Madre suele reunir a las familias alrededor de una celebración, pero también puede abrir un momento para revisar las decisiones cotidianas de la crianza. Entre ellas, aparece una pregunta que atraviesa desde los primeros años hasta la adolescencia: si resolverles cada problema, evitarles los enojos o impedir que se equivoquen realmente los prepara para el futuro o, por el contrario, les quita oportunidades de desarrollar recursos emocionales y autonomía.
Atarles los cordones durante años, prepararles la mochila o intervenir cada vez que algo no sale como esperan puede aliviar un conflicto inmediato, pero también limitar un aprendizaje necesario. La tolerancia a la frustración y la autonomía se construyen cuando los chicos tienen oportunidades de probar, equivocarse y volver a intentar, con adultos cerca que acompañen sin resolver por ellos.
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La psicóloga Maritchu Seitun, autora de libros de crianza, atribuye la dificultad para tolerar frustraciones a una combinación de factores: “Padres permisivos que vienen resolviéndoles los temas desde chiquitos, modelos adultos que no la toleran, acceso rápido a lo que desean o piden, búsqueda de todo ya y sin esfuerzo ni dolor”.
La médica pediatra y coordinadora de la Secretaría de Medios y Relaciones Comunitarias de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), Ángela Nakab, propone evitar las generalizaciones sobre las nuevas generaciones. “No creo que los chicos hoy sean menos capaces que los chicos de otras generaciones. Creo que en muchos casos tienen menos oportunidades de practicar cómo atravesar, por ejemplo, una dificultad”, señaló. Para ella, la inmediatez y la comparación que promueven las redes son parte del contexto, aunque intervienen también el temperamento, la vida familiar, la escuela, el estrés y las experiencias de cada niño.
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La licenciada en Psicología especialista en crianza y orientación a padres y coautora de Adolescencia divino tesoro, Lorena Ruda, advierte sobre una modalidad frecuente de crianza: hacer por los hijos tareas que podrían aprender de manera gradual. “Una cosa es estar para acompañar, enseñar y guiar y otra es hacer por ellos”, explicó. Entre los ejemplos, mencionó ocuparse de recordarles las fechas de exámenes, llevar a la escuela lo que olvidaron o realizar resúmenes.
Según Ruda, esas intervenciones buscan evitar un malestar, pero pueden comunicar otro mensaje: “No podés solo”. “Cuando los chicos después se enfrentan al mundo que los frustra permanentemente, no saben resolver. Incluso, si todo les fuimos resolviendo sienten que no pueden solos”, sostuvo.
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Nakab coincide en que los adultos suelen anticiparse “por amor o también porque vivimos apurados”. Sin embargo, remarcó que la autorregulación, la capacidad de planificar, controlar impulsos, sostener la atención y resolver problemas se desarrollan de forma progresiva. “No nacemos sabiendo manejar la frustración, sino que vamos aprendiendo con otros y de otros a partir de experiencias cotidianas”, afirmó.

Un juguete roto, un amigo que no quiere jugar, una evaluación con una nota menor a la esperada o una negativa de los padres son situaciones habituales. Para Nakab, tolerar la frustración no es resignarse ni callar lo que se siente: supone “reconocer una emoción, atravesarla sin quedar completamente dominado por esa emoción y encontrar una manera de poder seguir adelante”.
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La intervención adulta puede empezar por nombrar lo que pasa. “Me doy cuenta de que te está costando, entiendo que estás enojado y que te da bronca. Vamos a pensar de qué manera podemos hacerlo”, ejemplificó la pediatra. Si el niño está desbordado, primero necesitará recuperar la calma; luego podrá pensar alternativas.
Ante la frase “no puedo”, Seitun recomienda no responder con retos ni con lecciones. “El que empieza diciendo ‘no puedo’ no necesita retos ni lecciones de vida, sino recuperar la confianza en sí mismo y nada mejor que nuestra mano para lograrlo”, dijo. Su propuesta es que los hijos “se rescaten a sí mismos” con preguntas y acompañamiento de los adultos.
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Nakab sugirió indagar qué expresa ese rechazo inicial: miedo a equivocarse, dificultad para empezar, anticipación del fracaso o costumbre de que otro haga la tarea. “¿Qué es lo que te resulta más difícil?”, “¿Qué te parece que podés probar primero?” o “¿Querés que te muestre cómo empezar?” son algunas preguntas que pueden abrir una salida. La ayuda, indicó, consiste en dividir una tarea en pasos y retirarse en forma gradual a medida que el chico gana recursos.

La mirada de las tres especialistas puso el acento en el proceso. Seitun plantea: “Se aprende de los errores más que de los aciertos”. Por eso, propone valorar los intentos y el esfuerzo antes que exigir un resultado impecable.
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Ruda trasladó esa idea a los quehaceres cotidianos. “Si les pido que doblen la ropa y no queda de lavandería, pues no es lo importante”, expresó. La finalidad de asignar esa tarea es que incorporen una responsabilidad; la técnica mejorará con la práctica.
También frente a una mala nota conviene distinguir entre el resultado y lo que el chico hizo para prepararse. Ruda recomendó valorar “el esfuerzo, la responsabilidad y la intención” y, desde allí, ofrecer herramientas de estudio u organización para la próxima oportunidad. “En el aprendizaje el error es clave”, afirmó.

La autonomía no aparece de un día para otro ni depende solo de la edad. Nakab aclaró que los rangos son orientativos y que deben contemplar desarrollo motor, emocional y cognitivo, temperamento, experiencias previas y necesidades particulares. “La autonomía se va construyendo cuando vamos dando oportunidades para hacer cosas, cuando vamos enseñando cómo hacerlas y cuando aceptamos que al principio no salgan perfectas”, explicó.
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Y enumeró algunas tareas o responsabilidades que pueden asumir los niños según su edad:
Preparar una mochila ilustra ese aprendizaje gradual. “Al principio nosotros podemos hacer las tareas con ellos, pero después los vamos a acompañar mientras las hacen y finalmente vamos a dejar que se ocupen y revisen solo cuando sea necesario -señaló Nakab-. Si siempre nosotros les preparamos la mochila, difícilmente aprende a anticiparse”.

Pedir colaboración en la casa no debe utilizarse como un castigo o una represalia. “Si le pedimos a un niño o una niña que guarde sus juguetes porque forma parte del cuidado de la casa, estamos enseñándole a participar. Ahora, si usamos esa tarea para castigarlo o amenazarlo, el sentido es otro”, diferenció Nakab.
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Ruda sugirió construir acuerdos familiares y prever las consecuencias de incumplirlos. Si un adolescente invita amigos a comer, por ejemplo, una regla puede ser dejar la cocina ordenada. Si no se cumple, se revisa la posibilidad de repetir esa salida. Para la psicóloga, quitar el celular durante varios días por una falta que no guarda relación con esa sanción “no es poner límites”, sino “castigar con poder y arbitrariedad”. La previsibilidad evita que las reglas dependan de reacciones impulsivas. “Si acordamos horarios y se cumplen, vamos ganando confianza y habilitando más permisos”, indicó. De ese modo, las libertades se vinculan con responsabilidades asumidas.
Un límite puede despertar enojo, tristeza o desacuerdo, y eso no implica que dañe el vínculo. “Los hijos se van a enojar; solo con el tiempo van a darse cuenta de que era por su bien”, sostuvo Seitun. Para la especialista, los adultos deben sostener sus decisiones sin ofenderse ni castigar por la reacción. Nakab resumió esa posición en una frase: “No necesitás estar de acuerdo conmigo para seguir contando con mi amor”. Las normas funcionan mejor, añadió, cuando hay afecto, claridad, anticipación y respeto, sin que eso implique negociar todo o abandonar la autoridad adulta.

La perseverancia se ejercita en situaciones cotidianas: aprender a andar en bicicleta, practicar un deporte o un instrumento, cocinar, leer, armar un rompecabezas o retomar un problema que no tuvo solución en el primer intento. Seitun recomendó sostener esos desafíos con presencia y ejemplo, proponer actividades que despierten interés y decir “vamos” en lugar de “andá”. También sugirió compartir historias breves y divertidas sobre los propios esfuerzos, sin transformarlas en discursos sobre las expectativas adultas.
Nakab señaló que esta capacidad requiere “tiempo, constancia, deseo, pasión por lo que se estaba haciendo” y la aprobación de las personas significativas. Por eso, planteó dar margen para aprender, atravesar obstáculos y evitar que cada actividad se convierta en una competencia por el resultado. El juego libre, el deporte, la música, la lectura y cocinar en familia ofrecen ese espacio. “Perseverar no es insistir a cualquier precio”, aclaró: también implica distinguir si alguien abandona solo porque una tarea se volvió difícil o si cambia de rumbo porque descubrió que ese camino no es para él. El objetivo, agregó, es que puedan pedir ayuda, cambiar de estrategia y retomar aquello que les importa.
Uno de los nombres más gloriosos de la comedia española tiene apellido de santo. Quizá por eso no es casualidad que buena parte de los proyectos que llevan su nombre sean una bendición para la taquilla: trabajo que firma, trabajo que se vuelve multimillonario. El guionista Diego San José (Irún, 1978) firmó junto a Borja Cobeaga el guion de la que es la película más taquillera de la historia de España, Ocho apellidos vascos (2014); también su secuela, Ocho apellidos catalanes (2015). En los últimos años ha destacado en series: es el creador de los éxitos Celeste, Yakarta o Su majestad. En conclusión: San José tiene buenas ideas.
Esta, sin embargo, llevaba años guardada en un cajón. Laura, una veinteañera amante del rock, histriónica y atrevida, en un vuelo Londres-Madrid se enamora de su compañero de asiento: Nacho, un médico mexicano todo lo contrario a ella, al que le encanta tenerlo todo bajo control. Las chispas saltan tanto que ella le propone que, si en el control de equipaje sale primero su maleta, continúan la noche en su casa. Para salirse con la suya, coge la primera maleta que ve... que, para desgracia (o gracia) de ambos, en realidad pertenece a unos terroristas.
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Esta es la premisa de La maleta, la obra que más de siete años después ha llevado a la gran pantalla Carlos Therón (Salamanca, 1978), que primero se ideó como una serie y ahora es una película. No fue hasta la incorporación de los guionistas Carlos de Pando y Sara Antuña (Aída o Los Hombres de Paco) cuando el proyecto terminó de tomar forma. “La naturaleza de la película desde el primer momento venía de decir: cogemos personajes de comedia y los metemos en una Jungla de cristal o una película de acción”, señala su director, que ha dirigido éxitos como Fuga de cerebros 2, cuyo estreno en 2011 aglutinó a casi un millón de espectadores en los cines; Es por tu bien, 1,5 millones en 2017, y Lo dejo cuando quiera, que en 2019 cosechó 1,8 millones.
Protagonizada por Lucía Caraballo (Animal) junto al mexicano Alejandro Speitzer (Disco, Ibiza, Locomía), La maleta es una comedia de enredos que recuerda al slapstick más clásico a la par que aglutina romance y mucha, mucha acción. “En cada comedia siempre intento mantener dos o tres secuencias de slapstick en homenaje a [Buster] Keaton. Hay una forma de narrar que creo que se está perdiendo”, dice, sobre el humor visual y físico del que el cineasta de El maquinista de la General (1927) es uno de sus máximos exponentes.
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“Las plataformas y la forma de consumo han cambiado. Muchas veces ni siquiera se está mirando la pantalla”, apunta. Pero la cinta también responde a otra de sus inquietudes: la sensación de que el cine contemporáneo ha perdido parte de su ligereza. “Puede ser que haya ciertas tendencias a hacerlo todo más solemne últimamente. Todo tiene como un poso y un peso y es menos ligero. Pero todo es cíclico y las comedias vuelven”, reflexiona. “La propuesta a lo mejor llega tarde, pronto, mal o bien y acertamos. No lo sé, pero lo que hay que ser es fiel y al tono y a la idea que estás trabajando”.
Para defender la propuesta, era importante el casting. Por eso Caraballo (Madrid, 1999), es “la piedra angular” del reparto qucompletanta Speitzer y la pareja policial formada por los veteranos Leonor Watling y David Lorente. “Para mí era importante que esta peli estuviera capitaneada por gente más joven, incluso gente que no sea tan conocida”, añade el director. Así es como consiguió la actriz su primer papel protagonista, pese a que ha participado en ficciones como El secreto de Puenteviejo, Estoy vivo o No me gusta conducir y debutó en 2009 en Águila Roja. “Carlos me dijo: “Es que te vi y lo tuve claro’”, recuerda la actriz.
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Así, Lucía se pone en la piel de una veinteañera que no le teme a coger el toro por los cuernos. “Creo que puede sumar mucho a la comedia un personaje femenino, protagonista, errática e histriónica, que se siente con el derecho a ocupar espacio, coger lo que quiere y disfrutar”, reivindica. Una apreciación que comparte Watling: “Estamos superacostumbrados a ver a hombres haciendo cosas sin pedir perdón y siguiéndoles porque tienen carisma”, afirma.

La complicidad entre los intérpretes fue otro de los ingredientes fundamentales del rodaje. “Siento que nos hemos juntado gente que nos lo pasamos muy bien remangándonos y trabajando. Y la diversión estaba puesta ahí, en el set y en la historia”, explica Caraballo, que define a Speitzer como un compañero “superrespetuoso” y “sin un ego negativo”. “Te manda la pelota para que tú remates, hablando en cuestión de chistes y de gags. Te deja brillar cuando la secuencia lo pide, te deja llevar la acción. Es un muy buen compañero, además de un muy buen actor”, asegura.
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En la ficción, los caminos de los binomios formados por Caraballo-Speitzer y Watling-Lorente terminan cruzándose cuando los terroristas secuestran a los padres de Laura para que les devuelva dicho equipaje con el mencionado artefacto, pero no sin antes atravesar una enrevesada gymkana llena de desdichas que pasan porque el personaje de Speitzer reciba una bala en el culo o que ambos se queden atrapados en el maletero de un autocar.
“Es una peli muy técnica, de mucha coreografía y de mucha coordinación”, reconoce Caraballo, mientras Lorente recuerda una secuencia en la que ambos protagonistas están esposados dentro de un coche patrulla y que termina con su personaje recibiendo una descarga eléctrica. “Hacer todo esto creíble, verosímil y cómico, con gracia y articulado es muy complicado”, explica el actor, que este año también ha estrenado Tres de más y Nuda propiedad. “La película es un escándalo surrealista, pero, ¿por qué no va a pasar?”, añade. “Lo bueno de las pelis así es que tú te entregas. Es como una montaña rusa. Estás subido en el carrito”, señala Watling, que añade que “no te paras a pensar: ‘¿El CNI haría eso?’. Si estás pensando eso, es que tienes un mal día”.
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Pero para que la comedia funcione, no solo hubo que acumular situaciones disparatadas, sino saber medirlas. La tarea de encontrar el equilibrio entre acción, romance y humor se prolongó hasta la sala de montaje. “Es algo que puede ser obsesivo absolutamente, pero que por otro lado también nos gusta mucho”, explica. Y aunque las persecuciones y las escenas de acción apenas dejan margen para salirse del guion, el director sí procura dar cierta libertad a sus intérpretes: “Si a la comedia le metes demasiada partitura, probablemente te la cargas”.
Para Lorente, La maleta también es una oportunidad de reivindicar las posibilidades de la comedia española. “Sabemos hacer buenas comedias de aventuras, de acción. Sin miedo y con buenos actores y actrices podemos hacer películas españolas muy buenas”, defiende. Therón, por su parte, cuestiona que el cine se juzgue por cuestiones ajenas a sus cualidades cinematográficas. “Vivimos un momento en el que muchas veces las películas funcionan por motivos extracinematográficos. Hay cosas que se juzgan por las intenciones y no por la película en sí misma”, dice. “Casi me interesa más cómo se cuentan las cosas que el hecho en sí. Las películas y las historias son siempre las mismas. Lo que cambia es el cómo”, finaliza.
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El cambio climático, y especialmente el aumento de las temperaturas está modificando los movimientos migratorios del sisón común (Tetrax tetrax), un ave que vuela por los cielos españoles y cuyas poblaciones se encuentran en declive. Ahora, una investigación en la que ha participado la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) ha descubierto que las condiciones climáticas más cálidas pueden retrasar su salida de las zonas de invernada y adelantar su marcha de los territorios de cría, una combinación que podría reducir el tiempo disponible para reproducirse.
El estudio, publicado en la revista científica Ibis, ha contado también con investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales, el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos, la Universidad de Barcelona y el Centro de Ciencia y Tecnología Forestal de Cataluña. Sus resultados muestran cómo el calentamiento global puede alterar diferentes etapas del ciclo anual de estas aves.
Para llegar a estas conclusiones, los científicos analizaron 117 trayectorias anuales de 63 sisones equipados con dispositivos GPS, cuyos movimientos fueron registrados entre 2005 y 2024. El seguimiento permitió determinar cuándo abandonaban sus áreas de invernada, reproducción y veraneo, así como identificar las condiciones ambientales que acompañaban sus desplazamientos.
Posteriormente, el equipo relacionó las fechas de salida con las temperaturas y las precipitaciones de los 30 días anteriores a cada movimiento. De esta manera, pudo comprobar que el calor y la disponibilidad de agua influyen de forma diferente según la época del año.
Antes del periodo reproductivo, los investigadores observaron que las temperaturas más altas se asociaban con una salida más tardía de las zonas de invernada. Una posible explicación es que las aves aprovechen durante más tiempo los recursos disponibles en esos territorios, donde incluso podrían intentar reproducirse.
Sin embargo, después de la reproducción pasa exactamente lo contrario. Cuando aumentan las temperaturas y disminuyen las precipitaciones, los sisones abandonan antes sus áreas de cría y se desplazan hacia regiones más frescas. Este comportamiento podría deberse a la necesidad de evitar condiciones ambientales desfavorables.
Los científicos señalan que las altas temperaturas obligan a estas aves a modificar su actividad para reducir el esfuerzo energético necesario para mantener estable su temperatura corporal. La combinación de ambos comportamientos plantea una preocupación importante: permanecer más tiempo en las zonas de invernada y abandonar antes las de cría podría estrechar la ventana reproductiva. Aún así, pese a que la investigación ha detectado este riesgo potencial, de momento no hay una reducción del número de crías que esté directamente relacionada.
Los efectos del calentamiento no se limitan a las temperaturas que pueden aguantar estos animales. El calor y la falta de lluvia también pueden provocar un secado más temprano de la vegetación y un adelanto de las cosechas de cereal, dos fenómenos que reducen la disponibilidad de alimento y refugio en los campos.
Esta situación resulta especialmente preocupante para el sisón común, una especie que está estrechamente vinculada a los espacios agrícolas abiertos. Sus poblaciones experimentan un importante declive en España y Europa, donde la transformación de los paisajes rurales ha deteriorado numerosos hábitats.
A los efectos del cambio climático se suman la intensificación agrícola y los cambios en el uso del suelo, factores que añaden aún más presión sobre estas aves. La pérdida de vegetación puede dificultar tanto su alimentación como la búsqueda de lugares protegidos durante las distintas fases de su ciclo vital.
Ante este escenario, los investigadores proponen ampliar el seguimiento mediante GPS a otras poblaciones y estudiar con mayor detalle cómo las variaciones climáticas afectan a la calidad del hábitat. También consideran necesario analizar la disponibilidad de recursos a lo largo del año para orientar las medidas de conservación de una especie especialmente vulnerable a los cambios ambientales.